Un vikingo desatado. Erling Haaland pasó casi 80 minutos peleando contra la frustración.

Brasil logró contenerlo. Pero le bastó de dos oportunidades para sepultar 2-1 a Brasil en los octavos de final del Mundial.

El partido se rompió desde antes. El fallo al minuto 13’ de Bruno Guimarães tuvo un peso histórico.

Brasil no desperdiciaba un penalti en tiempo regular de una Copa del Mundo desde que Zico erró frente a Francia en México 1986. Los escandinavos avisaron desde el arranque.

Apenas al minuto 2’ celebraban el primer gol, pero el fuera de lugar apagó el festejo. La respuesta brasileña llegó poco después con la gran oportunidad de Guimarães, pero se encontró con un enorme Ørjan Nyland, cuyo atajadón cambió el rumbo del partido.

El duelo se convirtió entonces en un recital de los porteros. Nyland remarcó a Noruega y Alisson Becker evitó durante largos lapsos que el marcador se rompiera.

Brasil también dejó escapar la suya cuando Endrick, recién ovacionado al ingresar, falló de manera increíble frente al arco al minuto 58’ una acción que cambió los aplausos por los abucheos. Hasta que apareció Haaland.

Al 80’, el gigante noruego ganó por arriba y conectó un cabezazo imposible para Alisson. Ya en el cierre, volvió a castigar a una defensa brasileña lanzada al ataque para firmar el doblete que desató la locura.

Con su doblete, llegó a siete tantos en el Mundial e igualó a Lionel Messi y Kylian Mbappé en la cima de la tabla de goleó. Noruega dio un golpe de autoridad.

Haaland confirmó, en su primer Mundial, que no necesita dominar un partido para decidirlo. Le basta aparecer cuando su selección más lo necesita y cuando el rival ya no tiene margen para sobrevivir.

Fiel a la celebración del remo vikingo, los jugadores volvieron a conectar con su afición para apuntar a los cuartos de final.