Fernando Sánchez Castillo: arte para hacer temblar los relatos del poder

Hemos venido al Palacio de Velázquez, en el madrileño parque del Retiro, a visitar la última exposición de Fernando Sánchez Castillo (Madrid, 1970): ' La Perla Peregrina' . El artista ha trasladado aquí su taller para desarrollar sus próximos proyectos a la vista de todos hasta el 8 de marzo, cuando se clausure la muestra organizada por el Museo Reina Sofía. «El deseo de muchos artistas clásicos españoles era trabajar junto a su obra expuesta.
Yo, asimismo, creo que hay que ver nuestro trabajo como algo normal, con momentos de inspiración maravillosos, pero donde el noventa por ciento se parece bastante a lo que hacen la mayoría de los seres humanos», asegura.Le he traído la página de ABC en la que se informaba, en febrero de 1979, de cómo había sido desenterrado el busto del fundador del PSOE, Pablo Iglesias , a pocos metros de donde nos encontramos. Se ocultó bajo tierra cuatro décadas antes para evitar que la dictadura franquista lo destruyera. «¡Anda, nunca había visto este artículo!», exclama.
En el reportaje se puede ver la cabeza de granito de 1.500 kilos recién extraída, justo antes de ser trasladada a la sede del partido en la calle Ferraz, donde permaneció hasta que Sánchez Castillo pidió permiso para exponerla en el Palacio de Velázquez junto a otras 200 obras suyas: acuarelas, esculturas, instalaciones, vídeos y más piezas prestadas relacionadas con nuestra historia.«Esta página podría formar parte de la exposición, porque aporta información y contexto sobre la obra que hizo Emiliano Barral en 1936, antes de morir en el frente. De hecho, la voy a colgar ahí, para que esté visible –señala una de las paredes de su improvisado taller, al lado del retrato que hizo de Lorca envejecido, como si no lo hubieran ejecutado en la Guerra Civil–.
Estamos en un espacio público y ahora todo el mundo puede disfrutar de esta magnífica escultura sin tener que ir a la sede del PSOE, sin prejuicios, independientemente de a quién represente, porque tiene un valor estético», justifica.Noticia relacionada general No No ARTE Fernando Sánchez Castillo: el artista oficial del Estado (de excepción) Fernando Castro FlórezEn el palacio, reabierto luego de una larguísima restauración, Sánchez Castillo despliega una lectura crítica de todos esos monumentos, objetos e imágenes que, a lo largo del siglo XX, han dado forma a la memoria colectiva de España y el mundo, generando capas de relato sobre los mismos episodios. Quiere demostrar que la historia no es una narración estable, sino un campo en permanente conflicto que se empeña en dictarnos cómo debemos recordar nuestro pasado y movernos bajo la autoridad. «En definitiva, crear espacios o grietas de libertad», insiste varias veces durante la entrevista, con el objetivo de que los asistentes reflexionen sobre ese poder y lo que quiere transmitirnos, así como sus vacíos y lo que intenta que olvidemos.
Las ausencias de Goya«Un ejemplo es ese cuadro que ves ahí». Señala ' Hechos del 2 de mayo ', la obra que llevó a cabo en 2015 a partir de 'La carga de los mamelucos' de Goya.
Tiene las mismas dimensiones que el original, pues reproduce la radiografía que el Museo del Prado llevó a cabo de la pieza antes de su restauración en 2008. En ella se puede ver la herida que sufrió durante su traslado en la Guerra Civil como consecuencia del ataque de la artillería franquista a la altura de Benicarló.
Le cayeron varios cascotes de un balcón que impactaron en el lienzo. El artista hace así visible lo que desde hace años es invisible.
Emerge como un fantasma. «El cuadro no se reconoce, pero a mí lo que me interesa es la mancha que ves en el lado izquierdo y que los visitantes del Museo del Prado ya no pueden ver. Fue importante para mi formación, porque de adolescente podía identificar los caballos y las personas, pero la mancha de color tierra o sangre seca era un misterio.
Tardé muchos años en averiguar qué era y me interesa porque es una de esas ausencias, que cuenta el esfuerzo del Prado por proteger las obras de arte. Tú eres más joven y no la viste, pero lo curioso es que el franquismo la dejó visible con un mensaje distinto: esto es lo que los rojos le hicieron al patrimonio español.
Yo la habría dejado», reconoce. Pocos metros más allá se encuentra la estatua ecuestre de Franco realizada por Josep Viladomat Massanas en 1963 y vandalizada años después en Barcelona.
Solo sobrevive el caballo luego de la desaparición de la figura del dictador fruto de esas agresiones, por lo que pasa a representar otra cosa, en este caso, al pueblo español y sus complejas relaciones con el poder. «A mí me sirve como metáfora fantástica de la libertad, teniendo en cuenta que el caballo representa al pueblo. Es la primera vez que se muestra una escultura en la que los ciudadanos son sus autores luego de haber revertido su significado original, lo que refleja la manipulación sobre el arte histórico », explica.Arriba, el artista con la estatua de Franco vandalizada.
Sobre estas líneas a la izquierda, varias de las obras que tiene apiladas en su taller. A la derecha, la estatua de Velázquez luego de la destrucción de la Guerra Civil Isabel Permuy VelázquezFrente a él se encuentra una reproducción de la estatua ecuestre de Velázquez realizada por Emmanuel Fremiet a finales del siglo XIX, pero no en su forma original, sino como quedó después de que «fuera destruida no por un bando, sino por los dos durante la Guerra Civil », recuerda el autor.
Había sido trasladada a Madrid en 1935 y colocada en los jardines de la casa del pintor, donde permaneció intacta hasta que fue mutilada. Fue restaurada a finales de la década de 1950, pero luego de un exhaustivo trabajo de investigación, Sánchez Castillo la llevó a cabo tal y como quedó por los bombardeos.
Recuperaba así la vidas ocultas de la obra. «Como diría Goya, la historia también pinta, en este caso esculpe, porque el caballo permaneció destrozado durante dos décadas y se supone que inspiró a Picasso para pintar su caballo del 'Guernica'», apunta. Con la obsesión de un arqueólogo, a veces incluso llevando a cabo «investigaciones casi periodísticas» para detectar esas grietas, Sánchez Castillo usa la referencia de la Perla Peregrina como metáfora de esa transformación.
Se trata de una de las joyas más singulares del mundo, cuya vida corre paralela a los episodios más importantes del pasado reciente. Encontrada por un esclavo en Panamá en el siglo XVI, llegó a la corte de Felipe II y fue lucida durante siglos por los Reyes de España.
Velázquez la retrató como símbolo de la realeza. Después fue robada por José Bonaparte, viajó a París, pasó por mil manos, cruzó el Atlántico y terminó siendo adquirida en subasta por Richard Burton como regalo para su amada Elizabeth Taylor en 1969.
Una nueva transformación de un objeto asociado al poder político a un símbolo popular.La exposición también mira fuera de España. En la sala situada detrás del artista hay una escultura dedicada a August Landmesser, el trabajador alemán de los astilleros de Hamburgo que, en 1936, permaneció con los brazos cruzados mientras la multitud realizaba el saludo nazi.
Su gesto de desobediencia inaugura una sección dedicada a los ciudadanos anónimos que, mediante acciones pacíficas, abrieron espacios de libertad o protagonizaron actos de resistencia política. «Es probable que esa imagen pasara inadvertida en 1936, porque la mayoría levantó la mano. Puede que, incluso, Landmesser hiciera el saludo cinco minutos después, pero después de lo que sabemos del Holocausto, adquiere otro significado, como un momento de luz y esperanza.
Se abre una de esas grietas de libertad», subraya. La masacre de TiananménPegado a él hay otra estatua gigante, esta vez del ciudadano chino que, en 1989, durante la masacre de la plaza de Tiananmén, se situó frente a una columna de tanques para intentar detener la barbarie provocada por el Gobierno comunista.
Aquella imagen sí dio la vuelta al mundo y se convirtió en un símbolo del enfrentamiento pacífico al poder. Más allá, esta vez en miniatura, varias esculturas como la de Alekséi Navalni , el líder opositor ruso que fue encarcelado y envenenado, hasta que murió en circunstancias sospechosas hace dos años.
El artista lo representa realizando el símbolo del corazón con los dedos, tal y como hizo en el juicio a su familia. Un gesto que luego fue prohibido por el régimen de Vladímir Putin.
Seguimos caminando por el Palacio de Velázquez y nos encontramos con los restos del Azor, el barco de recreo regalado a Franco en los años 50 que terminó metamorfoseado en un reclamo publicitario de un hotel de Burgos. También encontramos una reproducción de la urna que protegió el 'Guernica' a su llegada a España en el Casón del Buen Retiro, las baldosas con las huellas de los tacones de las prostitutas en la Rambla de Barcelona y un conjunto de monumentos y objetos artísticos utilizados para construir una gran barricada.
Se pone de relieve así la constante transformación de las obras de arte. O como apunta Sánchez Castillo: « El arte es una fuerza capaz de hacer temblar las narraciones del Estado ».
Información de ABC (España). Edición y redacción: Noticias Today.
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