Con el paso seguro de un jefe estricto, Parmenio Medina ingresó el sábado 7 de julio a Radio Monumental con una repetida camisa de botones y unos anteojos que lo encuadraban. Traía en mano un guion de 22 páginas, escrito a máquina la noche anterior, que leyó por una hora junto a su equipo.

Terminada la práctica encendió la cabina, con la certeza de que al día siguiente sería escuchado por miles de costarricenses, pero sin prever esa tarde sería asesinado.25 años han pasado desde la muerte de Parmenio Medina -recordado por su bigote tupido y pícara dicción-, el primer periodista asesinado en Costa Rica a manos del sicariato por ejercer su vocación.La muerte de Parmenio también dio sepultura a La Patada, aquel célebre programa de denuncia social que colocaba el dedo en la llaga de los asuntos políticos. Su caso más sonado, y por el cual dividió a la opinión pública, expuso las anomalías en la conducción de la emisora Radio María, cuya cara principal era el sacerdote Minor Calvo.

Un cuarto de siglo más tarde, Costa Rica ha cambiado. Cinco selecciones de futbolistas han disputado mundiales, siete presidentes han sido juramentados y homicidios como el de Parmenio se tornaron en escándalos.

Y pese a ser una “excepción” en América Latina, el país también ha visto retrocesos sostenidos en la libertad de su prensa.‘Parmenio, mártir del pueblo’Al aproximarse a su casa en San Miguel de Santo Domingo de Heredia, varios sujetos esperaban a Parmenio Medina dentro de un vehículo estacionado. El periodista no había abierto la puerta cuando los vecinos escucharon cuatro disparos: dos le impactaron el rostro y otro el torso.La muerte de un comunicador como Parmenio, que se había ganado el cariño de la gente desde que empezó a narrar las vueltas ciclísticas en los años 70, conmocionó al país entero.

Los medios de comunicación dedicaron sus portadas al acontecimiento y por seis años le dieron seguimiento a los hechos, en medio de un juicio que condenó al padre Minor por estafas, y al empresario Omar Chaves y al gatillero Luis Alberto Aguirre por el homicidio.“A nosotros mi papá siempre nos mantuvo los pies en el piso. Eso fue una marca de mi papá.

¿Para nosotros qué significaba? Felicidad de verlo reconocido por un trabajo que él hacía con mucho amor”, cuenta Alicia, una de las cinco hijas de Parmenio, quien recuerda ver a su padre dando autógrafos en las carreras de ciclismo.Pero su hito vendría con La Patada, que transmitía Radio Monumental, después de laborar en emisoras como Columbia, Sonora e incluso su propia estación, Radio Cordillera.

Su fórmula del éxito fue captar a nuevos oyentes que, cada domingo después de misa y antes del fútbol, sintonizaban a los diversos personajes que revelaban casos de corrupción.Lo que empezó en 1973 como un espacio de chota deportiva se convirtiría en un programa que denunciaba malversación de fondos y faltas a la ética de figuras populares. La sátira de Parmenio, agudizada con su acento colombiano, acumuló varias amenazas que intentaban apagarla.Con el caso de Radio María, que llevó al cierre y posterior venta de la emisora, las intimidaciones escalaron.

Parmenio denunció problemas en el manejo financiero de la empresa y puso en juego la credibilidad de las autoridades eclesiásticas, al revelar que el sacerdote Minor Calvo, otrora director de la radio, fue encontrado en un vehículo estacionado con un joven a medianoche en La Sabana. En un principio, las amenazas eran vistas por Parmenio y sus familiares como algo menor, pues no eran ajenos a ellas.

No obstante, dos semanas antes del asesinato, balearon la casa del director y productor de La Patada. “Yo creo que él sí tenía claro desde muy al principio de que iban en serio; yo lo he analizado así. No te voy a decir que él me lo expresó, porque no, pero yo sí estoy segura de que mi papá sabía que iban en serio (...).

Pero él hizo lo que creyó que le tocaba hacer: denunciar eso, ser parte de eso”, cuenta Alicia.“Por el nivel moral y profesional de mi papá, él nunca se hubiera permitido retractarse o quedarse callado. Su conciencia moral prácticamente lo obligaba a hacer lo que tenía que hacer”, añade.La tarde del sábado 7 de julio, después de haber grabado el último programa de La Patada, Parmenio Medina fue declarado sin vida luego de un traslado de emergencia al hospital Calderón Guardia.Su funeral, celebrado el día siguiente, convocó a una multitud de costarricenses que exigían justicia por el periodista.

Y previo a la llevada del féretro al cementerio, centenares se manifestaron con carteles que leían “Parmenio, mártir del pueblo”.Ese domingo, La Nación condenó el asesinato y exigió que debía “prevalecer un sentido de responsabilidad, pero también de vigilia y enérgica condena” en casos como este. “(Este editorial) también pretende ser una voz de alerta para todos los ciudadanos, con quienes compartimos el deseo de seguir viviendo en un país libre, tranquilo, civilizado y respetuoso de la opinión y libertades ajenas”, rezaba la publicación.El balance es que, gracias a él y a su programa La Patada -original muestra de humor y denuncia, parodia y ataque- los costarricenses pudimos enterarnos de hechos que, de otra manera, quizá nunca habríamos conocido.Editorial de 'La Nación' del 8 de julio del 2001Investigar con sorna“El programa (La Patada) no es político, yo mismo no sabría definir qué es. Es un híbrido raro, es una mezcla rara, es como una vocería de la gente que no tiene voz”, expresó Parmenio en 1987 cuando la revista Aportes le preguntó por el formato de su programa.Allí enlistó a los mejores imitadores del país, como Lucho Ramírez, Edwin Metro González, Marcia Saborío, Nerina Carmona, Fernando López Caifás Fallas, José Menervino Mino Padilla, Marcela Ugalde, Froilán Bolaños y muchos más.“Si la gente piensa que mi papá contaba chistes, nada que ver”, dice Alicia. “Que haga reír es diferente, pero el programa como tal no es específicamente de humor, sino de crítica social y política, de chota, de sorna”, añade Norval Calvo, actual director de Pelando el ojo y exintegrante de La Patada.Calvo, quien se incorporó al programa luego de ganar el concurso de La dulce vida, precisamente en el que imitaba a La Patada, recuerda a Parmenio como un hombre valiente, inteligente y pionero del periodismo investigativo de Costa Rica.

Lo describe como una persona apasionada por su trabajo, sumamente disciplinado, con disposición para ayudar y “carácter fuerte y cabrón”.“Nadie de nosotros, ni internamente ni alguien externo, ningún periodista tenía esa capacidad para seguir con el programa de La Patada porque era la firma de él”, cuenta Calvo sobre el abrupto cierre del programa.Y aunque popular, Parmenio no era querido por defecto. En vida algunos lo criticaron por su irreverencia y después de muerto afloraron rumores de que extorsionaba a sus fuentes para obtener información.Empero, personas cercanas como Norval Calvo hacen caso omiso a esas especulaciones: “Lo he escuchado de personas que no lo conocían personalmente y que tal vez, de alguna forma, quisieran manchar su nombre, su reputación o su prestigio.

Lo digo honestamente y no tengo por qué mentir 25 años después: de los años que yo estuve en La Patada, nunca nos dimos cuenta de absolutamente nada de eso (...). Yo hablo por el testimonio propio”.Parmenio, padre presenteCon una pantaloneta, unas sandalias y un sombrerillo de lona, Parmenio Medina dedicaba sus días libres a barrer y recoger las hojas en su casa en Macacona, Esparza.

También pasaba las horas limpiando vidrios y escuchando boleros. Con Mercedes Sosa, Víctor Jara y Alberto Cortez de fondo, escribía y también se relajaba.

Fuera de la cabina no le gustaba llamar la atención, más que la que despertaba su voz, y tampoco usaba corbatas si lo dejaban escoger. Esa vida sencilla, dice su hija, fue la que le arrebataron; lo mataron a los 62 años sin dejarlo “ser un viejito”.Alicia siente orgullo y vacío, en partes iguales, al evocar estos recuerdos.

Se aferra a rememorar a aquel padre presente, que desde sus 20 años se empeñó por cuidar a sus hijos y nietos; dos de ellos, incluso, siguieron su legado y produjeron el pódcast ¿Qué pasó con Parmenio Medina?, que invita a amigos y familiares a repasar su historia.A Costa Rica viajó como turista por recomendación de un amigo, y le gustó tanto, que decidió probar suerte cuando se presentó a Columbia en búsqueda de un trabajo. Dos años más tarde traería a su familia de Medellín, Colombia, y se instalaría en una pequeña casa cerca del Teatro Nacional.

Luego Parmenio viviría en Montes de Oca, Desamparados, Esparza y Santo Domingo de Heredia, donde fue asesinado.“Siempre habrá muchos momentos vacíos. Muchísimos interminables momentos vacíos porque ese no era el tiempo en que papá debía morir.

Papá no murió por la voluntad de Dios, sino por la voluntad de la maldad de los seres humanos”, dice Alicia.“Me da mucho dolor ver que mi papá era la voz de muchísima gente. Y el pueblo se quedó sin esa voz tan importante (...).

Usted se puede imaginar esa mezcla de sentimientos, dolor, rabia, impotencia, pánico de que le pasara algo a alguno de nuestros hijos, fue muy duro. Sabíamos que había gente peligrosa siguiendo nuestros pasos, así de simple”, agrega.¿Qué diría Parmenio hoy?La Costa Rica en que asesinaron a Parmenio Medina es otra muy distinta a la de hoy día.

Para Giselle Boza, directora del Programa de Libertad de Expresión y Derecho a la Información (Proledi), la principal diferencia radica en el ecosistema de medios: antes los medios tradicionales tenían una enorme presencia en el diálogo nacional y hoy se ha diversificado.Pero a su juicio, los desafíos del periodismo de investigación son parecidos: por denunciar la corrupción y sacar a la luz verdades ocultas, los comunicadores son acosados y enfrentan amenazas a su vida e integridad a través de los mecanismos digitales o verbales que sancionan ciertas líneas editoriales.“Claro, la manifestación más grave, más dramática de la violación a la libertad de prensa es el asesinato de una persona, pero no podríamos invisibilizar y ocultar otros mecanismos que tiene el Estado, pero también otros sectores, por ejemplo, el crimen organizado o sectores de digamos económicos corruptos para minar, para intimidar y para amenazar y atacar a periodistas”, dice.Entre 2022 y 2025, Costa Rica descendió del quinto lugar a la casilla 38 en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa de la organización Reporteros Sin Fronteras (RSF).De acuerdo con el informe Monitoreo de las vulneraciones contra la libertad de prensa en Costa Rica del Instituto de Prensa y Libertad de Expresión (Iplex), en 2025 se presentó un agravamiento sin precedentes para el ejercicio periodístico en el país. “Parmenio arriesgó su vida y la perdió por un derecho que es esencial en una sociedad democrática, que es el derecho de la ciudadanía a saber asuntos de interés colectivo", expresa la comunicadora y abogada.“La forma de hacer periodismo Parmenio Medina, usando el humor, la ironía, la sátira y el choteo, marcaba una diferencia en los formatos que entonces existían en el periodismo para hacer crítica y humor crítico.Giselle BozaEl segundo caso de una periodista asesinada en Costa Rica fue el de Ivannia Mora Rodríguez, que sucedió en diciembre de 2003; empero, los acusados fueron absueltos del delito y los motivos permanecen en la incógnita.Ante los recientes discursos en contra de la prensa independiente, el también comunicador Norval Calvo considera que Parmenio Medina estaría molesto. “Sería de los periodistas más críticos a nivel nacional de tocar lo que es la prensa en general. No solamente en el país, sino también en Latinoamérica.

Era muy valiente y estaría en ese momento luchando por diferentes causas”, dice.Para Alicia, sumado a los ataques a la prensa, muchos periodistas “venden su conciencia al mejor postor”.“Creo que estamos en dos escenarios de los cuales ninguno es bueno (...). Él no hubiera sido capaz de quedarse callado.

Se les hubiera ido encima, hubiera tenido controversias con aparatos estatales por coerción. Si hubiera estado en su plenitud mental e intelectual, a esos mercantilistas de la información se les hubiera ido el cuerpo de una.

Y a los aparatos represores de la libertad de expresión, igual”, asevera.A un cuarto de siglo de su muerte, quienes rodeaban a Parmenio Medina esperan que su partida no haya sido en vano. Después de todo, si se concentran lo suficiente, quienes lo escucharon todavía pueden oir “si lo dice el parce, póngale la firma”.Lo que mi papá denunció, y lo cual lo llevó a la muerte, lo hizo con la certeza de que estaba haciendo lo correcto.

Mi papá nunca se hubiera perdonado no denunciar lo que tenía que denunciar, aún a costa de su propia vida.Alicia Medina, hija de Parmenio