Tumbes y Piura ejecutan solo 2,7% y el 26,7% en prevención pese a alertas sobre un El Niño de gran intensidadAlertas internacionales por un “Súper Niño” se intensifican: ¿qué tan sólida es la información extranjera y qué revelan los monitoreos locales?Los terremotos ocurridos recientemente en Venezuela han reavivado las dudas sobre la capacidad del Perú para enfrentar un sismo de gran magnitud. El más reciente informe del Grupo de Análisis para el Desarrollo (Grade) dio a conocer que, de los 6,6 millones de viviendas existentes en el país, el 71% (4′686.000) han sido autoconstruidas.Dentro de ese grupo, solo el 3% (140.580) de las viviendas autoconstruidas alcanza un nivel adecuado de calidad constructiva, lo que evidencia la alta vulnerabilidad del resto frente a sismos y otros fenómenos naturales.Que una vivienda alcance un nivel adecuado de calidad constructiva significa que su proceso de edificación cumplió con prácticas aceptables, como contar con planos, supervisión profesional y estudios de suelo.

Esto no implica que las viviendas que no reúnen estas condiciones colapsarán definitivamente durante un sismo; no obstante, los especialistas consultados por El Comercio coinciden en que presentan un riesgo considerablemente mayor de sufrir daños.Al segmentar el resultado por nivel socioeconómico, el informe muestra que solo el 11% (15.463) de las viviendas autoconstruidas del sector B alcanza un nivel adecuado de calidad constructiva. En el nivel C1, la proporción también es de 11% (15.463), mientras que en el C2 desciende a 4% (5.623) y en el D alcanza el 8% (11.246).

El resto no cumple con buenas prácticas constructivas, lo que genera una alta incertidumbre sobre su resistencia ante un terremoto.El estudio también revela que las ciudades con mayor número de viviendas autoconstruidas son Lima, con 69% (2’632.820); Piura, con 71% (173.585); Chiclayo, con 70% (144.327); y Trujillo, con 70% (235.442).En relación con el financiamiento de la autoconstrucción, el 70% (3′280.200) de las familias financia la construcción de sus viviendas únicamente con sus ahorros, mientras que el 15% (702.900) combina ahorros y créditos, el 10% (468.600) lo hace solo con créditos y el 6% (281.160) utiliza otros medios. Cabe resaltar que las familias reúnen en promedio S/ 6.692 para ejecutar cada etapa de la construcción, que se divide en un total de 22 etapas.Otro dato alarmante es que el 94% (4′405.000) de las familias contrata únicamente a un maestro de obra, de los cuales la mitad, es decir, el 50% (2′202.500), son familiares o amigos, y un tercio, aproximadamente el 33,3% (1′467.165), llega por recomendación de familiares o amigos.Asimismo, este tipo de viviendas puede permanecer hasta ocho años sin electricidad y hasta once años sin agua ni desagüe mientras continúa en proceso de construcción.

Desde la adquisición u ocupación del terreno hasta la culminación de la vivienda transcurren, en promedio, 16 años.La investigación también revela que el 73% (3′420.780) de las viviendas se construyó sin licencia de edificación. Pese a ello, solo el 4% (136.831) recibió una multa por no contar con esta autorización, lo que evidencia la falta de fiscalización por parte de las municipalidades.Aunque estos resultados corresponden al 2024, El Comercio consultó esta semana al investigador de Grade Álvaro Espinoza, quien aseveró que el panorama continúa siendo el mismo en la actualidad.En relación con la metodología del estudio, Espinoza explicó que “lo primero que hicimos fue utilizar la información de los censos de población y vivienda.

A partir de ella, realizamos un análisis para identificar patrones, elaboramos una tipología de barrios y definimos una muestra con grupos focales en distintas zonas del Perú para conversar con personas que autoconstruyen sus viviendas y conocer sus experiencias”.“Una vez concluido el análisis cualitativo, diseñamos la encuesta, que toma una muestra representativa a nivel nacional de distintos tipos de barrios, con diversas dinámicas socioeconómicas y constructivas previamente identificadas, lo que nos permite obtener resultados aplicables a la población en general”, agregó.Contexto sísmicoEl investigador indicó que estos datos son preocupantes ante “el terremoto que va a haber”. “En Venezuela, algunos de los edificios que colapsaron eran modernos o habían sido construidos de manera formal, algo que no ocurre en la mayoría de viviendas del Perú. La magnitud de la desgracia va a ser bastante más grande que en Venezuela porque las personas han construido sus casas como han podido, sin seguir ninguna práctica de edificación”, advirtió.Espinoza indicó que se requiere asistencia técnica y, por ende, financiamiento para construir viviendas de manera óptima. “Necesitamos generar políticas para tratar de que la autoconstrucción sea mejor.

En la actualidad no existe financiamiento real para la autoconstrucción desde el sistema financiero. Mientras no haya productos financieros que permitan a la gente tener más recursos para construir su casa y pagarle a un experto, no hay mucho más que se pueda hacer”, opinó.No solo existe un riesgo frente a un sismo, sino también ante eventuales huaicos e inundaciones provocados por el fenómeno de El Niño.

Así lo advirtió Juan Manuel Arribas, director ejecutivo del frente empresarial ante desastres Hombro a Hombro. “En los desastres hemos visto cómo ocurren huaicos. En la desembocadura del río Chira, por ejemplo, un pueblo prácticamente desapareció porque se construyeron viviendas en una zona de pantano, muy cerca del río.

Cuando sucedió un fuerte sismo en Sullana, esas casas se desmoronaron”, relató.“El hecho de que las construcciones se realicen sin criterio técnico, sin un profesional que supervise el proceso y sin que las municipalidades ejerzan su función de fiscalización para otorgar la conformidad de obra incrementa exponencialmente el riesgo frente a un desastre. Y no solo influye la forma en que se construye, sino también la calidad del suelo.

Por ejemplo, las laderas de los cerros no son apropiadas para edificar; no obstante, en los últimos años, debido a las migraciones, se han levantado viviendas en esos lugares”, indicó.Ante ello, Arribas remarcó que “las autoridades deben entender que vivimos sobre una cordillera formada por el choque de placas. Por ello, tenemos que fortalecer al Indeci.

La entidad debería convertirse en una gran unidad con capacidad de liderazgo sobre los ministerios y asumir la conducción ante un desastre de gran magnitud, actuando de manera eficiente y con los recursos suficientes”.Los erroresEn cuanto a las deficiencias específicas que implican las viviendas autoconstruidas, el presidente del Capítulo de Ingeniería Civil del CIP Lima, Miguel Estrada, explicó a El Comercio que, en primer lugar, está la poca importancia que se le da a las condiciones de la infraestructura. “Prestar atención a eso nos permite hacer un diseño adecuado de la cimentación. Las edificaciones tienen que ser diseñadas y construidas bajo dirección técnica.

Si no es así, es bastante claro que vamos a tener una edificación altamente vulnerable”, expresó.Otro gran fallo es la baja calidad de los materiales o el mal uso de estos, principalmente en la calidad del concreto. “Este se mide por su resistencia. Entonces, si tenemos un concreto que, por abaratar costos, falta de fiscalización o mala práctica, lleva menos cemento del que debería tener, va a ser muy pobre y la vivienda sufrirá daños si ocurre un sismo”, expresó.El tercer error es no colocar una cantidad adecuada de fierros en la infraestructura. “Cuando viene el sismo, se generan deformaciones.

Para eso se coloca el fierro de refuerzo, sobre todo un fierro horizontal que soporta las fuerzas de tracción”, mencionó.Finalmente, indicó que otro error frecuente es que un maestro de obra haga cálculos “al ojo”. “Ahí vamos a tener un problema, sobre todo en la cantidad de los materiales que se utilizarán, específicamente en el cemento, que es el material que más cuesta”, advirtió.Como solución, Estrada exhortó a una mayor fiscalización por parte de las municipalidades locales durante el proceso de construcción de las edificaciones a fin de evaluar su nivel de vulnerabilidad.