Durante buena parte del año pasado, la discusión económica giró alrededor de una pregunta: si la economía había logrado dejar atrás la recesión. Hoy, con varios indicadores nuevamente en terreno positivo frente a 2025, la conversación cambió.

El foco pasa de largo las comparaciones interanuales y pasa a concentrarse en una variable mucho más exigente: la capacidad de sostener el crecimiento de un mes al otro.Ese cambio de mirada quedó reflejado en el último Índice Líder de Actividad (ILA) elaborado por Analytica. El indicador, construido a partir de datos de alta frecuencia para anticipar la evolución del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), estimó que la actividad avanzó 0,3% en mayo respecto de abril, un rebote moderado que sucedió a la fuerte contracción mensual reflejada por el EMAE oficial para el cuarto mes del año.

No obstante, la consultora evitó interpretar esa mejora como el inicio de una aceleración sostenida. Por el contrario, remarcó que la economía continúa exhibiendo un comportamiento irregular. “El serrucho es la forma del nivel de actividad este año”, resumió el informe al señalar que la expansión todavía no consigue consolidarse durante dos meses consecutivos.

El diagnóstico dialoga con una discusión que inició a instalarse entre economistas y consultoras después de que el INDEC informara que el EMAE cayó 1,5% mensual desestacionalizado en abril, pese a mantener una variación interanual positiva. La atención dejó de concentrarse exclusivamente en cuánto crece la economía respecto del año pasado y empezó a seguir con mayor detenimiento el pulso mensual de la actividad.Una recuperación que cambia de protagonistasEl informe de Analytica muestra que el repunte de mayo no fue generalizado.

La mejora volvió a depender de un conjunto reducido de actividades capaces de compensar el deterioro persistente de otros sectores.El principal impulso provino de un segmento de la industria pesada que, luego de varios meses de debilidad, registró el mayor crecimiento de todos los indicadores relevados. La producción de acero laminado en caliente aumentó 26,6% mensual, mientras que los aceros no planos crecieron 4,5% y los laminados en frío 2,6%, conformando el principal aporte al índice durante mayo.

A ello se sumó un incremento de 9,5% en la producción de aceites, una expansión de 5,7% en la fabricación de automóviles y un crecimiento de 2,9% en la producción de gas. La foto contrasta con la observada apenas un mes antes.

En abril, la industria pesada había sido uno de los principales factores detrás de la caída del ILA y apenas algunos segmentos vinculados al frente externo habían logrado evitar una contracción todavía mayor. El cambio de mayo confirma que los motores de la actividad se alternan sin lograr construir una tendencia estable.Esa dinámica explica buena parte del comportamiento que Analytica describe como un “serrucho”.

No se trata solamente de que la economía alterna meses positivos y negativos. También cambia permanentemente el grupo de sectores que sostiene el nivel de actividad.

Cuando algunos rubros recuperan terreno, otros vuelven a perder impulso, dificultando que la expansión se generalice.El agro volvió a ubicarse entre los principales motores de la economía. El Índice de Actividad de la Cadena Agropecuaria avanzó 1,4% mensual y quedó apenas 0,2% por debajo de su máximo histórico, favorecido por el fuerte avance de la cosecha de soja después de las demoras ocasionadas por las lluvias de abril.

La molienda de soja, por su parte, también mostró una mejora de 2%, mientras que la producción de cebada continuó creciendo. En la comparación interanual, el índice agropecuario registró una expansión de 8,8%, impulsada especialmente por el segmento exportador.

También aparecieron señales de estabilización en la construcción. El Índice Construya avanzó 1,9% y el consumo de cemento aumentó 7,1%, aunque Analytica relativizó ese desempeño al recordar que buena parte de la mejora respondió al rebote posterior a la caída de abril y que, excluyendo los años 2020 y 2024, el consumo de cemento registrado en mayo fue el más bajo para ese mes desde 2019.

La recuperación, no obstante, vuelve a mostrar límites claros.Mientras algunos indicadores productivos mejoraron, el mercado interno continuó ofreciendo señales de debilidad. El consumo durable permaneció sin reacción, las ventas de vehículos a concesionarios retrocedieron 9,2%, el patentamiento de automóviles cayó 2,4% y la demanda eléctrica de los grandes usuarios industriales disminuyó 0,5%, un dato habitualmente asociado al nivel de producción manufacturera.

La persistencia de esa debilidad también quedó reflejada en otras variables que suelen anticipar el comportamiento del gasto de los hogares y de las empresas. Los préstamos al sector privado retrocedieron 0,2% en mayo, sin señales de recomposición del financiamiento a familias y compañías.

Al mismo tiempo, la recaudación del IVA-DGI cayó 4,2% mensual y el valor de las importaciones de bienes disminuyó 2,5%, un movimiento que Analytica vinculó a una menor cantidad de bienes ingresados al país y, en consecuencia, a una demanda doméstica que todavía no termina de despegar. En otras palabras, el avance de algunos sectores volvió a compensar la debilidad de otros, sin que aparezca todavía un motor capaz de arrastrar al conjunto de la economía.

Esa heterogeneidad no sólo se observa entre actividades, sino también en la evolución temporal del nivel de actividad. Los sectores que lideran el crecimiento cambian de un mes a otro y, al mismo tiempo, la economía alterna rebotes y retrocesos que dificultan consolidar una trayectoria ascendente.Esa lectura también ayuda a interpretar el último dato oficial del EMAE.

Según recordó Analytica, el indicador del INDEC registró en abril una caída mensual desestacionalizada de 1,5%, que revirtió buena parte del avance de 3,1% observado en marzo. Aunque el índice mantuvo un crecimiento interanual de 1,6% y la tendencia-ciclo continuó mostrando una variación positiva de 0,3%, la baja alcanzó a la mayoría de los sectores y volvió a poner el foco sobre la evolución mensual de la actividad.

Entre las mayores caídas aparecieron la pesca (-5%), la construcción (-3,8%) y la industria manufacturera (-3,1%), asimismo del comercio y el transporte, dos actividades de elevado peso dentro del índice general. Del otro lado, sólo minería, electricidad, gas y agua y los servicios sociales registraron mejoras, insuficientes para compensar el deterioro del resto de la economía, según el INDEC.

La comparación interanual sigue mostrando un panorama más favorable. En abril, la agricultura creció 10,9% y la explotación de minas y canteras avanzó 17,1%, aportando entre ambas 1,8 puntos porcentuales al crecimiento del EMAE.

No obstante, la industria manufacturera y el comercio continuaron en terreno negativo, una configuración que vuelve a reflejar una recuperación impulsada por un número reducido de actividades, principalmente vinculadas al complejo agroexportador y a los recursos naturales. Coincidencias entre los indicadores privadosEl diagnóstico de Analytica encuentra puntos de contacto con otras mediciones privadas difundidas en los últimos días.El Centro de Investigación en Finanzas de la Universidad Torcuato Di Tella comunicó que su Índice Líder avanzó apenas 0,08% desestacionalizado en mayo.

Si bien el indicador mostró una leve mejora mensual, el Índice de Difusión se ubicó en 50%, lo que implica que sólo la mitad de las series que lo integran exhibieron variaciones positivas significativas. Al mismo tiempo, el trabajo estimó en 82% la probabilidad de que la economía abandone la fase expansiva en los próximos meses.Aunque utilizan metodologías diferentes, ambos indicadores convergen en un mismo punto: la economía mantiene cierto crecimiento, pero perdió la continuidad que había mostrado luego de la salida de la recesión y hoy exhibe avances cada vez más moderados y menos generalizados.Una conclusión similar planteó el IERAL, de la Fundación Mediterránea.

En un informe publicado luego de conocerse el EMAE de abril, remarcó que la economía volvió a perder impulso y describió también un comportamiento de “efecto serrucho”, con fuertes oscilaciones mensuales desde comienzos del año.Según el IERAL, después de la recuperación observada luego de la recesión de 2024, la actividad ingresó en una etapa de crecimiento considerablemente más lento, caracterizada por avances y retrocesos que alcanzan a la mayor parte de los sectores productivos. El trabajo remarca, asimismo, que la industria continúa siendo uno de los segmentos más rezagados, con un nivel de actividad todavía inferior al registrado al comienzo de la actual gestión.El instituto agregó otro elemento al debate.

A su juicio, la recuperación del consumo todavía no se traduce en un impulso equivalente para la producción nacional. En un contexto de mayor apertura comercial y de competitividad limitada, remarcó que una porción creciente de la demanda se canaliza hacia bienes importados, mientras la producción local enfrenta dificultades para recuperar dinamismo.