Aniversario de la primera prisión permanente: «Si tuviera que darle nombre al monstruo, sería él»

El 1 de julio de 2015 entró en vigor en España la prisión permanente revisable. La condena más punitiva del Código Penal, solo de aplicación en casos de extrema gravedad, como asesinatos especialmente vulnerables o terrorismo.
Tan solo un mes después de esta modificación legal, el 31 de julio de ese mismo año, David Oubel mató a sus hijas de 4 y 9 años rebanándoles el cuello con una sierra radial . El crimen estremeció a todo un país y el fiscal encargado del caso no tardó ni 24 horas en anunciar que sería el primero en pedir la pena máxima para este filicida.
Dos años después, el 6 de julio de 2017, hace justo nueve años, el veredicto del jurado popular sentenció a Oubel, de 42 años, casi de por vida. Él fue el primer español en ser condenado a la permanente, un lastimoso título que implica el cumplimiento efectivo de los primeros 25 años de la condena y que, pasado este tiempo, contempla una estricta revisión que podría seguir prolongando el encarcelamiento de no darse las condiciones deseadas.Cuando luego de una semana de juicio el fiscal Alejandro Pazos verbalizó su petición de pena ante el tribunal, este representante público se quebró y rompió a llorar.
Su emoción se contagió a los integrantes del jurado ciudadano que habían escuchado a los forenses explicar cómo Oubel atacó a sus hijas como colofón de un plan perfectamente premeditado , y cómo el propio Oubel justificó, con total frialdad, que «en situaciones límites se toman decisiones límites de las que a día de hoy me arrepiento». Lo cierto es que este criminal tuvo muchas oportunidades para evitar lo sucedido y dar marcha atrás a un doble asesinato que solo buscaba dañar, sin sentido, a la que había sido su familia.
Su sucinto arrepentimiento no conmovió a nadie en la misma sala de la Audiencia provincial de Pontevedra donde, días antes, habían resonado los testimonios de los agentes de la Guardia Civil que se encargaron de la investigación de un caso que los cambió para siempre. Buena prueba de ello es que el jurado popular solo tardó hora y media en emitir su veredicto , un tiempo completamente inusual que define lo excepcional de la situación.
La casa de Moraña Un agente de Criminalística: «Es el único escenario que me hizo perder el control emocional, y que me rompió»Entre los uniformados a los que el crimen de Moraña les dejó una huella perenne está un agente de criminalística que fue de los primeros en entrar en esa casa de los horrores. Contadas horas antes de que este equipo irrumpiese en la vivienda en busca de pruebas, Oubel había adormecido a sus dos hijas aprovechando que era el último día de vacaciones antes de entregárselas a su madre, y les había cercenado el cuello con una sierra radial.
Para impedir que alguien frustrase su plan, había puesto pegamento en la cerradura de la puerta principal y había aparcado su coche delante, haciendo barrera. En el caso de la pequeña, no hubo forcejeo gracias al efecto de los fármacos.
En el caso de la mayor, existió una lucha entre padre e hija que obligó a Oubel a realizar «hasta diez acometidas hasta que la acabó degollando cara a cara », tal y como corroboró la autopsia.De ese día y de la escena que le tocó analizar, este efectivo guarda un recuerdo nítido, imborrable, que estuvo a punto de condicionar toda su vida profesional. «Si alguien me pidiese el nombre del monstruo que se esconde en el armario, sin duda daría el de Oubel» declara a ABC. «Cada vez que pienso en ese caso mi mente lucha para no recordar, porque esas imágenes vuelven del fondo de mi inconsciente para recordarme lo atroz de lo que allí sucedió» insiste uno de los encargados de realizar la inspección del escenario del doble infanticidio.La vivienda donde Oubel mató a sus hijas era un chalet recién reformado, de piedra gallega y amplias cristaleras, por el que su propietario pedía medio millón de euros. Un hermoso caparazón que escondía el peor de los secretos.
Cuando los primeros agentes accedieron al interior del domicilio, alertados por la carta certificada que recibió una prima de Oubel, se encontraron al victimario dentro de la bañera, ensangrentado. Se había hecho unos cortes superficiales, se había tomado una copa, y estaba esperando la llegada de la Guardia Civil. «Es el único escenario que me hizo perder el control emocional, y que me rompió» confiesa este guardia .
Esa noche él no pegó ojo, pero Oubel sí. Durmió del tirón y al despertar se tomó un suculento desayuno, ante la mirada incrédula de los uniformados que lo custodiaban, con los que llegó a bromear preguntando a quién había que matar para conseguir tabaco.
MÁS INFORMACIÓN noticia Si Los primeros condenados a prisión permanente revisable ya pueden solicitar permisosSobre su método de trabajo, el efectivo lo resume en que en cada escena de un crimen intenta «observar para después ver». «Observamos los elementos más destacados, los que no se pueden perder, para después intentar ver con los ojos del autor» incide. Es su forma de operar, la que les permite desenmascarar a los malos, aún cuando estos tratan de borrar todas sus huellas.
Pero en el caso de Moraña no fue así. «No conseguí ver a la clase de animal que podía haber hecho algo así» . «A día de hoy aún podría describir el lugar, sin temor a equivocarme» confiesa este profesional, que incluso se planteó dejar su especialidad, el laboratorio, «porque no quería volver a pasar por otro momento como ese». El exhaustivo trabajo de este especialista de Criminalística y de todos los compañeros que participaron en la investigación dejó sin opciones a Oubel y allanó el camino hacia la permanente revisable, una pena con la que Recamán está de acuerdo, con matices. «Todavía recuerdo la carta que le envió a su exmujer diciéndole que de la cárcel se sale ... espero que en este caso no se cumpla, porque la humanidad de este asesino es muy dudosa» reflexiona, acostumbrado a ver de primera mano el sufrimiento que los malos más malos son capaces de generar.
Acerca de sus deseos hacia el hombre que le robó el sueño y que le hizo plantearse su vocación, el agente solo pide para él una larga vida llena de «momentos que lo devuelvan a la realidad de lo que hizo».Desde aquel primer veredicto que sentenció a David Oubel a la prisión permanente han transcurrido nueve años. Un tiempo en el que 65 personas más han sido condenadas a la misma pena por acabar con la vida de niños, matar y violar a mujeres, o asesinar a más de dos personas.
No obstante, la singularidad del crimen de Moraña sigue estremeciendo. El modo en el que Oubel ejecutó a sus hijas, su pasmosa frialdad y la falta de remordimientos removieron hasta a su propio abogado, que en su alegato final se adhirió a la petición de la prisión permanente para su defendido.
Encarcelado y en la más absoluta soledad, a Oubel la historia solo lo recordará como a un monstruo más.
Información de ABC (España). Edición y redacción: Noticias Today.
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