Keiko Fujimori alista sus equipos para la transferencia: ¿Quién coordinará este proceso?Los retos que aguardan a Keiko Fujimori: ¿Cuáles deberían ser las prioridades y qué se espera del primer gabinete?‘Prefiero que gane Sánchez, porque si se excede es más fácil de sacar’, fue la verbalización de un miedo común entre los indecisos. Era el descarte de la anti política popular: vota por quien te parezca más vacable.

No era vacable, en ese supuesto fatalista, Keiko, la cabeza del parlamentarismo de facto que escogió un Tribunal Constitucional y un Defensor del Pueblo a su medida. Este, a su vez, armó el concurso para escoger una Junta Nacional de Justicia ídem.

Y las fuerzas del orden la aman. ¡Keiko ahora es presidenta!

¡Ni hablar! La alarma antiautoritaria no deja de chillar.LEE TAMBIÉN: La jornada de Keiko Fujimori: ¿De qué habló con Milei?

¿Y cuáles son las opciones que baraja para el MEF?Tal es la narrativa que enerva a tres generaciones de antifujimorismo. Los de la más vieja, la mía, vivimos el golpe de Alberto Fujimori el 5 de abril de 1992 cuando disolvió el Congreso y no paró hasta que se confirmaron todas nuestras sospechas con los vladivideos en el 2000.

Los de la generación intermedia conocieron de raíz el surgimiento de Keiko como heredera forzada de lo bueno, lo malo y lo feo y nuevo del fujimorismo: la pica contra quienes lo derrotaron en segundas vueltas y lo persiguieron hasta llevar a prisión a padre e hija. Los de la tercera, los de la generación Z, de los que buena parte han votado por primera vez, vieron crecer el predominio congresal sobre el débil presidencialismo.

A falta de ogros reputados, asumen que Keiko es la jefa absoluta del ‘pacto mafioso’. Ponerla en Palacio es poner a la gata de despensera.Esa última narrativa es la que permanece más fresca porque la comprendemos las 3 generaciones.

¿Pero qué tanto asidero tiene en datos y hechos? Empecemos en el Congreso porque ahí arranca todo.

En el 2021, Fuerza Popular (FP) decidió no pujar por la presidencia de la mesa directiva, ni en esa temporada ni en adelante. La razón que daban a quienes se lo preguntábamos es que no querían ‘polarizar’ más al país; pero si lográbamos que se sinceren nos contaban que no querían contaminar sus aspiraciones de gobierno con la mala imagen congresal, como les había pasado en el quinquenio anterior cuando tuvieron mayoría absoluta.

El resto de la derecha tampoco los quería, eh; pero que ellos se adelantaran a dar el paso al costado, ayudó a surgir a lo que se dio en llamar ‘el Bloque Democrático’, junto a Avanza País, Alianza Para el Progreso (APP), Somos Perú y parte de Acción Popular. Renovación Popular (RP), con egos enfrentados en su bancada y un elusivo liderazgo de Rafael López Aliaga, tuvo una presencia intermitente en el ‘Bloque’.

Tomen nota de la aspereza celeste, pues va a ayudar a proyectar la dinámica bicameral desde el 26 de julio cuando se elijan a las cabezas de las cámaras.El cálculo fujimorista no estaba fechado necesariamente en el 2026; sino en una vacancia de Pedro Castillo que se estimaba próxima pero no inmediata. La primera oportunidad no fue empujada por FP, fue pura angurria de Patricia Chirinos, entonces en Avanza País, que hizo que todos corrieran detrás de ella en noviembre del 2021.

Hasta que llegó el golpe o harakiri/vacancia de Castillo el 7 de diciembre del 2022, trayendo una complicación fatal que no canceló la opción de Keiko, pero perfiló serísimos problemas de gobernabilidad.Les menciono solo uno de esos problemas: es cierto que la cúpula naranja estuvo de acuerdo con un adelanto de elecciones, pero también es cierto que su bancada no actuó en consecuencia. Fue torpe e intransigente al acordar con los otros grupos la fecha del adelanto, como si quisieran arruinar el consenso.

De hecho, este se arruinó y se dio inicio a la era del poder fáctico congresal. Ese poder existe; pero tiene límites, corresponsabilidades y algunos contrapesos.

Ese poder está presente en cada congresista, reelecto o nuevo, ajeno y propio a FP y será un serio escollo para Keiko que ahora, a punto de entrar a Palacio, piensa, ¡cómo no!, que hay que acabar con la farra legislativa que horada al fisco.El fujimorismo dejó de ser oposición en el 2022 y se alió a Dina Boluarte. Mantuvo su compromiso de no encabezar al Congreso; pero se acomodó y entornilló en la primera vicepresidencia y en la Comisión de Constitución.

Allí lideró una reforma política que no se pensó para gobernar desde Palacio, sino desde y para el Congreso y sus clientelas. Esa brecha les pasará y nos pasará a todos la factura.FP no reclamó a Dina una cuota ministerial reconocible.

Eso se lo dejó a APP, que se excedió con la coartada de ‘bah, la gente igual le va a echar la culpa a FP’ (al final, la gente sí diferenció y castigó a APP hasta hacerle perder la inscripción). Pero FP no se contuvo, ah.

Algunos de sus congresistas se las amañaron para participar en el sistema de prebendas de Dina continuado por José Jerí y José María Balcázar; mientras la cúpula se reservó ciertos vetos y consejos en materia económica. Por lo menos un ministro, José Arista, hoy senador naranja por Amazonas, llegó al MEF con venia de FP.

Pero el cuoteo, el copamiento y hasta la rapiña, compromete directa y especialmente a APP.Con Fernando Rospigliosi se rompió la regla de no presidir el Congreso justo cuando más debían evitarlo. Fernando no se lo buscó, sino que quedó por descarte luego de la censura a Boluarte; pero tampoco le provocó soltarlo.

Probablemente, será quien le ponga la banda a Keiko si es que se aplica a Balcázar la misma exclusión que se le aplicó a Francisco Sagasti en el 2021.FP no quería censurar a Dina, pero tuvo que hacerlo cuando fue retada por RP en un asunto que sí gozaba de reconocimiento ciudadano: ‘echar a la que respondió con frivolidad a la inseguridad ciudadana’. Todo se resolvió en un día y no hubo tiempo de planificar la salida de Rospigliosi ni de convencerlo de que era prudente que diera un paso al costado.

Rospigliosi es una gran ironía naranja, subrayada con su clásica carcajada. Keiko lo jaló a fines del 2015 como parte del viraje ‘caviar’ que quedó inconcluso en su campaña del 2016.

La broma involuntaria es que el ‘jale liberal’ estaba en un proceso de conversión propia y acabó siendo más extremista, más anticomunista, más pro militar que ellos y, para remate, casi incontrolable.La censura a José Jerí y la elección inopinada de Balcázar, a pesar de que FP votó en contra y la deploró, se convirtieron en una gran oportunidad. Los censores celestes quedaron burlados y expuestos ante el electorado por su irresponsable maniobra.

Allí empezó el declive de López Aliaga en las encuestas y el posicionamiento de Keiko en el primer lugar. Aunque Rospigliosi esté al mando del Congreso, ya es más complicado sustentar que FP manda sobre el gobierno del atrabiliario Balcázar.

Igual se dice que Rospigliosi ‘ordenó el pago de los aviones F 16’. En realidad, el presidente del Congreso ‘no lo ordenó’, sino que lo comunicó en un momento de vacío y caos de poder.

Contó lo que sabía por contactos privilegiados que nunca perdió el fujimorismo en el MEF.Pasemos al primer ente mentado después del Congreso en el checklist del autoritarismo naranja. ¿Es cierto que el TC fue elegido a la medida del fujimorismo?

A ver. El ‘Bloque’ tuvo la clara mayoría en la comisión que organizó la convocatoria y la selección que, finalmente, se votó en el pleno.

A pesar del predominio de la derecha, la comisión la presidió un izquierdista, nada menos que Balcázar (por eso, al ‘Bloque’ le parece un presidente inofensivo y hasta le tiene cierto afecto). La izquierda no tuvo un candidato por quien pelear para ser incluido en ‘la repartija’, que suena mal a muchos, pero tiene mejores resultados finales pues matiza y democratiza al Tribunal.

Los magistrados elegidos han mostrado un sesgo a favor de causas de la mayoría parlamentaria, como la polémica sentencia 00027-021, publicada el 2022, que interpreta el Art. 79 de la Constitución sobre la prohibición de la iniciativa de gasto congresal, abriendo la ventana a la farra legislativa que ha desbalanceado la economía. Sumen la liberación de Alberto Fujimori en diciembre del 2023 y tenemos dos puntos a favor de la narrativa antifujimorista respecto del TC.¿Es realmente pro fujimorista el TC?

Por lo menos, no es anti fujimorista. Tampoco es lo contrario.

La magistrada Luz Pacheco, que votó a favor, expresó que una de las razones de la liberación del ‘Chino’, más allá de tecnicismos, era un afán de ‘cerrar heridas’. No obstante, unos meses después, en julio del 2024, cuando Alberto anunció su voluntad de ser el candidato de FP, le echó sal a la herida.

El TC se sintió sorprendido y burlado pues, un supuesto de la liberación, era que el señor se vaya a jugar con sus nietos. Más de un magistrado expresó su fastidio en duros términos.

Su muerte en septiembre del 2024 cerró la controversia.Con sus sesgos, matices y votos en contra; este TC acabará su mandato en el 2027 y allí la oposición congresal tendrá la ocasión de hacer lo que no hizo en el quinquenio que acaba: colocar a sus candidatos en el elenco de 7. Si no lo hizo en el 2021 fue, en parte, porque tenía una irreparable fractura interna.

Perú Libre (PL) ejerció su antipatía ‘anti caviar’ aliándose con el ‘Bloque’ en esa elección. No presentó candidatos propios al TC pero pidió carta libre para que, Josué Gutiérrez, que era asesor de su bancada, fuese candidato a la Defensoría del Pueblo.

Josué fue un hábil articulador del acercamiento de PL al ‘Bloque’. A cambio de eso, ganó con amplia mayoría la votación para ser defensor.El cargo de defensor vino con una yapa.

Según la ley orgánica de la JNJ, el concurso para seleccionar a sus miembros lo organiza la defensoría. Luego de la batalla campal entre el Congreso y la primera promoción de la JNJ durante el 2023, mediando cautelares del PJ que reponían a sus miembros destituidos por el Congreso; se impuso un elenco ajeno y distante del sesgo, llamémosle ‘institucionalista y progresista’, de la primera promoción.

Algo similar pasó en el Ministerio Público, como acción y reacción entre sus facciones y ciclos internos; más que como presión o ‘control’ de partidos y bancadas. La ex fiscal de la Nación, Patricia Benavides, cayó por negociaciones incompatibles con el Congreso, mientras su sucesora Delia Espinoza cayó por enfrentamientos insalvables con este.

Al final, se impuso Tomás Gálvez, quien se jacta de haber sido perseguido por la facción ‘progre’.Ni la mayoría del TC, ni Gálvez que fundó su propio partido (lo dejó al recuperar su cargo de fiscal supremo), ni el defensor Gutiérrez que fue congresista humalista y asesor de PL, ni María Teresa Cabrera, ex jueza y ex congresista de Podemos que hoy preside la JNJ; son ultra derechistas incondicionales del fujimorismo, ni mucho menos. Coinciden con el fujimorismo en el nuevo ciclo institucional que cada ente arrancó luego de sus crisis de politización.

Esa coincidencia, ciertamente, los lleva a una simpatía y vasos comunicantes que pueden incluir gestos de gran simbolismo político, como la sanción de la JNJ de 6 meses de suspensión al juez Richard Concepción Carhuancho, quien sentenció la primera prisión preventiva de Keiko. A José Domingo Pérez y Rafael Vela Barba no fue necesario decapitarlos en la JNJ porque ya se adelantó a hacerlo la Autoridad Nacional de Control del MP, que es autónoma y coincide con esta ola de reacción anti progre.El Poder Judicial es una excepción en este panorama, pues tiene un pleno de más de 20 jueces supremos que representan varias tendencias y neutralizan sesgos políticos.

Su pelea con el Congreso, debido a que algunos jueces aplicaron convenciones de derechos humanos para no aplicar la ley de amnistía para policías y militares promovida por Rospigliosi; ha sido más acicateada por este último que por la cúpula. Pero sí es cierto que la prédica fujimorista del ‘orden’, entraña la protección a los uniformados.

De ahí la presencia, en el senado naranja, del Gra. César Astudillo, ex jefe del comando conjunto de las FFAA.

Estas y la PNP se inclinarán por respaldar la estabilidad de un gobierno de derecha que los halaga constantemente; pero sobre un principio de no deliberación o no incumbencia en asuntos políticos, que casi no ha conocido excepciones desde el 2000, cuando cayó el tinglado de corrupción cívico militar armado por Montesinos con la venia de Alberto.El fujimorismo de Keiko no controla, pero sí influye en instituciones autónomas que, en quinquenios pasados, con sesgos opuestos, lo jaquearon. Esa búsqueda de influencia en la justicia no es nueva, la cometió el APRA desde que era un partido perseguido y la continuó Vladimiro Montesinos de la peor manera posible, comprando voluntades y forzando una reforma a su medida.

Hoy, esos mismos fines se persiguen enfrentando unas instituciones con otras, ‘interjudicializándolas’ con amparos, cautelares, denuncias constitucionales, demandas competenciales y demás. El Congreso, con fuerte direccionalidad naranja, ha sido muy instrumental para ello.El gobierno aún no empieza y Fuerza Popular no ha gobernado nunca.

Toda su buena o mala fama se ha labrado desde el ejercicio congresal y desde la evocación del legado de Alberto Fujimori, en el que es difícil disociar lo democrático de lo autoritario. Por eso, en su reciente entrevista con el periodista cubano estadounidense Ismael Cala, Keiko sí intentó disociar esa doble cara de Alberto y dejó este mensaje: “Mi padre, en su pragmatismo, no fue tan institucional y se ve en varias de sus decisiones, en su pésima relación con la prensa, en su mala relación con los partidos políticos.

Yo soy muy institucional. Absolutamente respetuosa del estado de derecho y la democracia”.

Ya veremos si ello es cierto más allá de las narrativas encontradas.