José Ignacio Conde-Ruiz: «Si se oyera el envejecimiento, no podríamos dormir por las noches»

José Ignacio Conde-Ruiz (Madrid, 1969) lleva años mirando donde casi nadie quiere mirar: al coste político y económico del envejecimiento. Catedrático de Economía, investigador de Fedea y exdirector general de Análisis Macroeconómico en la Oficina Económica del Presidente del Gobierno, ha hecho de la demografía una advertencia al país.
No habla de un fenómeno lejano, sino de una fuerza silenciosa que atraviesa las pensiones, la vivienda, la productividad, el mercado laboral, la inmigración y el malestar de los jóvenes.Autor de 'La juventud atracada' (Ed. Península, 2023), Conde-Ruiz sostiene que España ha construido un estado del bienestar cada vez más sesgado hacia la edad, mientras las nuevas generaciones quedan atrapadas entre salarios bajos, vivienda inaccesible y una promesa de pensión incierta.
Su diagnóstico es inquietante porque no culpa a una sola generación ni a un partido concreto. Culpa a una aritmética que la política prefiere no explicar.Usted dice que España tiene un problema de prioridades.
Si tuviera que resumirlo en una frase, ¿cuál sería: envejecimiento, baja productividad, vivienda o cortoplacismo?El envejecimiento explica todas esas cosas. Explica la productividad, porque la población activa está cada vez más envejecida.
Explica la vivienda, porque el peso político de una sociedad envejecida hace que determinados problemas de los jóvenes no sean prioritarios. Es algo silencioso, pero va a marcar todo lo que ocurra en la economía española en las próximas décadas.Noticia relacionada general No No Secretaria general de la Fundación Hay Derecho Elisa de la Nuez: «La corrupción en España es política, estructural y transversal» John Müller¿Qué indicador mira usted primero para saber si España va bien?La renta per cápita.
Es el mejor indicador para saber si un país progresa. No es suficiente, porque puede esconder desigualdad, pero es necesario.
Si la renta per cápita no aumenta, es imposible que una generación viva mejor que la anterior. España creció mucho cuando tenía la demografía a favor.
Cuando ese dividendo demográfico se agotó, solo quedaba crecer por productividad. Y ahí está nuestra gran asignatura pendiente.Ha defendido que habrá que volver a reformar las pensiones.
¿Qué parte del sistema actual considera más insostenible?Hay que tocarlo todo. El gasto, la fórmula de cálculo, la edad efectiva de jubilación y la financiación.
En el siglo XX todos los países hacían reformas que aumentaban el gasto en pensiones porque la demografía era favorable: mucha gente trabajando y poca gente jubilada. Pero en el siglo XXI todo el mundo empezó a reformar para contener la generosidad del sistema.
España también lo hizo con Zapatero y luego con Rajoy. La anomalía es la última reforma.
España ha sido el único país que en el siglo XXI ha hecho una reforma que da como resultado más gasto. Es una reforma del siglo XXI con lógica del siglo XX.Conde-Ruiz, autor de 'La juventud atracada'.
Matías NietoUsted defiende ligar el sistema a la esperanza de vida. ¿Cómo se hace eso sin que el ciudadano lo perciba como un castigo por vivir más?Siempre lo va a percibir así, porque a todos nos gustaría vivir más años y cobrar la misma pensión.
Pero hay que explicar una cosa: una parte del aumento del gasto está justificada, porque se jubilan cohortes más grandes. Lo que no está justificado es no adaptar el sistema al hecho de que vamos a vivir más.
Si no lo haces, ese gasto compite con pobreza infantil, educación, vivienda o dependencia. Hay un coste de oportunidad que se olvida constantemente.¿Tiene sentido mantener una edad legal de jubilación rígida?No.
No todas las profesiones son igual de penosas ni todas las personas llegan con la misma salud. No es lo mismo un profesor universitario que alguien que trabaja en una obra o un bombero.
Hay que tener en cuenta la penosidad y la salud. Y, asimismo, no tiene sentido pasar de trabajar 37 o 40 horas semanales a cero de un día para otro.
La salida del mercado laboral debería ser gradual: trabajas menos horas y cobras la parte correspondiente de pensión. Eso sería más razonable y ayudaría a la sostenibilidad.¿Qué pensión pública puede prometer honestamente España a alguien que hoy tiene 30 años?Puede prometer una pensión pública, pero no una pensión igual de generosa que la actual si no se hacen reformas.
El sistema debe adaptarse a la longevidad. Y debemos generar ahorro complementario.
La última reforma, asimismo, penalizó el ahorro privado al eliminar deducciones de planes individuales sin tener listo el sistema alternativo de planes de empresa. Eso fue un error.Pensiones «España ha hecho una reforma de pensiones del siglo XXI con lógica del siglo XX»En 'La juventud atracada' plantea que los jóvenes han quedado políticamente invisibilizados.
¿Quién les ha atracado?No es una conspiración de los mayores contra los jóvenes. Es una combinación de economía, demografía y política.
La economía ya no sopla a favor como soplaba cuando mi generación era joven. La renta per cápita no ha crecido lo suficiente.
Asimismo, hay escasez para financiar políticas públicas. Y cuando hay escasez hay que priorizar.
Ahí entra la demografía política: los mayores son más, votan más y tienen una agenda más homogénea. Los jóvenes son menos, votan menos y piden cosas más dispersas.
Para un político que quiere ganar elecciones, la tentación es evidente.¿El contrato social español está roto para los menores de 35 años?Se han quedado fuera. Es verdad que el mundo ha mejorado: viajamos más barato, tenemos mejor sanidad, más tecnología.
Pero la parte que afecta directamente a los jóvenes -emancipación, vivienda, empleo estable, expectativas- se ha estancado. Y cuando no encuentran salida, votan con los pies: se van.
Formamos médicos, ingenieros, enfermeras o trabajadores cualificados y luego trabajan en Holanda, Alemania o Reino Unido.Vida cañón «Los jóvenes no tienen de aliado ni a la economía ni a la política»¿Existe una gerontocracia presupuestaria?Existe un sesgo de edad. Antes, cuando yo era joven, los jóvenes representaban aproximadamente el 35% del sufragio.
Ahora apenas llegan al 18%. Asimismo, participan menos y es más difícil llegar a ellos.¿La vivienda es ya el principal mecanismo de desigualdad en España?La vivienda puede llevarse por delante la buena marcha económica.
Hoy no crecen tanto los países como las ciudades. Las empresas quieren estar juntas, los empleos se concentran en Madrid, Málaga, Valencia, Barcelona o el País Vasco, y los jóvenes tienen que ir allí.
Pero no se construye vivienda suficiente. Es el juego de las sillas: hay más culos que sillas.
Cuando para la música, alguien se queda fuera. Y se están quedando fuera los jóvenes.¿Qué pesa más: falta de oferta, regulación, turismo, suelo, inversión?Hay muchas causas, pero el problema básico es de oferta y demanda.
Aumenta la población, llega inmigración, jóvenes de otras provincias se desplazan a las ciudades, hay más divorcios y se necesitan dos viviendas donde antes había una. Se crean más hogares que viviendas.
Puedes regular, y la vivienda debe regularse porque es un bien de primera necesidad, pero no puedes actuar como si las leyes de oferta y demanda no existieran. Son como la gravedad.Vivienda «La vivienda puede llevarse por delante la buena marcha económica»España presume de récords de empleo, pero sigue teniendo problemas de productividad y salarios.
¿Estamos creando empleo suficiente pero no suficientemente bueno?Sí. La reforma laboral ha sido buena, probablemente la mejor que se ha hecho, pero no es tan buena como indica la caída de la tasa de temporalidad.
Antes la dualidad se medía fácilmente: temporales frente a indefinidos. Ahora hay contratos con etiqueta de indefinidos que siguen siendo precarios, como los fijos discontinuos.¿La inmigración es la solución al envejecimiento?No es la solución, pero permite hacer el problema tratable.
Sin inmigración sería 'game over'. España será probablemente uno de los países más envejecidos del mundo incluso asumiendo entradas de millones de inmigrantes.
Sin ellos, la tasa de dependencia se dispararía aún más. La inmigración compra tiempo, pero no para no hacer nada, sino para hacer muchas cosas.¿España la está gestionando bien?Tenemos que mejorar mucho.
El sistema genera bolsas de personas que entran y no pueden trabajar hasta regularizarse. Eso es ineficiente y crea costes para todos.
España tiene una ventaja enorme con la inmigración latinoamericana, que se asimila muy rápido, pero si no refuerzas educación, sanidad y vivienda, generarás rechazo hacia algo que en términos económicos es positivo. El problema no es que entre gente; el problema es que el Estado no adapte los servicios públicos.¿La inteligencia artificial agravará la brecha entre trabajadores cualificados y no cualificados?Puede hacerlo.
Si solo hace más productivos a los que ya son productivos, tendremos un problema de desigualdad. Pero bien regulada y bien implementada puede aumentar la productividad general.
Hay dos caminos: usar la tecnología para sustituir mano de obra o para complementarla. Si solo se busca sustituir, tendremos un mundo.
Si se busca complementar, tendremos otro.¿Habrá que cambiar la fiscalidad?Sí. Si el capital gana peso frente al trabajo, la fiscalidad tendrá que desplazarse más hacia el capital.
Pero eso debe hacerse de forma coordinada, porque el capital es móvil. No puedes gravar robots en un país y pensar que no se irán a otro.
Y, asimismo, hay una pregunta básica: si las máquinas producen todo, ¿quién compra lo que producen? No hay equilibrio posible en un mundo donde las máquinas producen y la gente no recibe ingresos.Inmigración «La inmigración no es la solución, pero sin inmigración es 'game over'»¿El estado del bienestar está preparado?No.
Está diseñado para otro mundo. Habrá que rediseñarlo.
Los subsidios tienen que activar, no desactivar. No tiene sentido que una persona pierda una ayuda por aceptar un trabajo parcial que apenas mejora su renta.
Hay que formar, incentivar el empleo y permitir compatibilidades. El cambio tecnológico hará que la gente tenga que reentrenarse constantemente.¿Qué parte de su diagnóstico ha cambiado en los últimos diez años?Mi preocupación por los jóvenes.
Me habría gustado equivocarme con las pensiones, pero releo lo que escribí en 2014 y veo que muchas cosas siguen igual. Lo que ha cambiado es que ahora veo con más claridad que los jóvenes están siendo los peor tratados de forma descarada.¿Hay riesgo de que el discurso de los jóvenes que pagan la factura enfrente generaciones?Sí, y por eso hay que hacer pedagogía.
No se trata de enfrentar a jóvenes y mayores. Lo que está detrás es el envejecimiento y la escasez.
Antes hablábamos de tres generaciones; ahora conviven cinco. Hay menos gente cotizando y más gente recibiendo prestaciones.
Esa es la realidad silenciosa. Como decía alguien, si se oyera el envejecimiento, no podríamos dormir por las noches del ruido.¿Qué veremos en Europa en los próximos años?
Una competencia por atraer jóvenes. Ya está pasando.
Portugal lo ha hecho. El envejecimiento va a obligar a los países a competir por población joven.
España necesita inmigración, pero también necesita que sus propios jóvenes no se marchen.
Información de ABC (España). Edición y redacción: Noticias Today.
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