El mandato de Kast a los partidos en medio de la crisis oficialista

“Les pido poner todo de su parte para mejorar el clima. Una buena relación entre los partidos es un activo para el gobierno, que hay que cuidar”.
Justo a las 8 de la mañana del viernes 3 de julio, cuando los termómetros en la Región Metropolitana marcaban 2 grados, empezaron a llegar a La Moneda los timoneles del oficialismo a un desayuno con el Presidente José Antonio Kast. El clima político estaba igual de frío.
Y el único tema en la agenda era la crisis entre los partidos base del gobierno, la que había alcanzado su punto más alto el martes con el rechazo a la acusación constitucional en contra del exministro de Hacienda Nicolás Grau. Las recriminaciones públicas y privadas se habían hecho imparables, lo que llevó a Kast a poner un freno e intervenir personalmente.
En el comedor del segundo piso de La Moneda -en el que se compartió té, café, tostadas y fruta-, ante el biministro del Interior y Segegob, Claudio Alvarado, y de la Segpres, José García, quien abrió los fuegos fue justamente el Mandatario. Sin nombrar a nadie en particular, les pidió a todos poner de su parte. “Los llamo a hacer un esfuerzo para ordenar a los partidos”, les expresó, al insistir -en un tono optimista- que “vienen cosas buenas”.
Esto a pesar de que los últimos indicadores no han sido los mejores, con la caída del Imacec por quinto mes consecutivo con un 0,9% anual, que deja al país ante la amenaza de una recesión técnica, y con tasas de desempleo del 9,4%, el máximo en 5 años. Pero su punto no estuvo en eso, sino que en que los proyectos del Ejecutivo han avanzado en el Congreso; que la megarreforma -según su visión- va a terminar siendo aprobada y que, pese a las dificultades, el gobierno sigue manteniendo un respaldo cercano a los 40 puntos en algunos sondeos.
Acto seguido, les pidió a los cuatro timoneles presentes -Arturo Squella (Rep.), Guillermo Ramírez (UDI), Andrea Balladares (RN) y Luciano Cruz-Coke (Evópoli)- que sinceraran lo que más les molestaba a cada uno. El diálogo que prosiguió -que uno de ellos califica de “open heart”- fue especialmente franco. “Todos tenían buenas razones para estar enojados”, resumió uno de los que tuvieron acceso a lo tratado.
Uno de los primeros en llegar a Palacio había sido el presidente de la UDI, Guillermo Ramírez, quien -antes de la reunión- ingresó a la capilla de La Moneda. Y, luego, conversó por varios minutos con el subsecretario del Interior, Máximo Pavez.
Estaba molesto. Si bien a mediados de mayo había afirmado que su tienda era la más leal con el gobierno, en los últimos días no había ocultado críticas por los roces que ha habido en el oficialismo.
Esto, por las acusaciones de “derechita cobarde” que han recibido desde el ala republicana -una “moralina” que en Chile Vamos no aceptan-; por emplazarlos a que se pueden ir del gobierno si no están conformes; por enrostrarle a Evelyn Matthei el haber salido quinta en la última presidencial y por el sinceramiento del Partido Republicano en orden a que tienen mayor sintonía con el Partido Nacional Libertario que con Chile Vamos. “Decir que uno se siente más cómodo con un partido que se declara de oposición que con los partidos que se declaran de gobierno, no deja de ser una afirmación problemática”, advirtió el jueves el timonel gremialista en La Tercera. Punto que refrendó el viernes, al sostener que esa actitud de los republicanos le infligía un grave daño al gobierno y al oficialismo, al supeditarse a la agenda política de los nacional libertarios, pese a que están fuera del gobierno y que se declararon en febrero como “oposición amistosa”.
Lo mismo expresó frente a Kast. A su turno, la timonel de RN, Andrea Balladares, planteó su oposición a la fórmula para zanjar las diferencias propuesta por el ministro Alvarado, que apuntaba a dejar la coordinación solo en manos de los partidos.
Esa propuesta había sido rechazada la semana pasada -en el comité político- por RN, la UDI y Evópoli, por considerar que en la mesa debía haber un representante de La Moneda. El presidente de los republicanos también intervino para plantear una cosa: si se les pedía respeto, ellos también lo exigirían, enrostrando las veces en que parlamentarios sobre todo de RN han criticado acciones de su tienda.
Luego de la cita -que duró dos horas y media-, la sensación que quedó fue que la misión de Squella es conversar con un par de sus diputados, para advertirles que antes de que salgan a decir lo que se les “antoje”, deben coordinarse en función de los intereses del oficialismo. Por otro lado, la insistencia por un mejor mecanismo de coordinación permitió que el viernes se arribara a una fórmula.
El acuerdo no fue fácil. Incluso se propuso la realización de reuniones por separado con cada uno de los presidentes de los partidos.
Al final La Moneda se allanó a institucionalizar una instancia periódica de diálogo -aparte de la reunión habitual de los lunes del comité político-, para coordinar distintas temáticas y resolver controversias, la que será encabezada por un representante del gobierno. Asimismo, los presidentes de los partidos -en forma transversal- le pidieron especialmente al Presidente que le dedicara más tiempo a la coordinación, haciéndole ver que él es quien tiene los mayores atributos para esa tarea.
El engranaje para atajar la crisis se empezó a mover la mañana del martes. Ese día, en medio de la tensión del oficialismo por la votación en el Senado de la acusación constitucional en contra de Grau, el ministro García Ruminot cruzó por el Patio de Los Cañones en dirección al Ministerio del Interior.
Tanto Alvarado como García Ruminot estaban preocupados. Para esa tarde se avecinaba una aplastante derrota del oficialismo -con votos de la propia derecha- frente al libelo levantado por el Partido Nacional Libertario y apoyado por el Partido Republicano.
En el horizonte inmediato estaban ante la primer choque frontal entre las dos derechas o las dos almas del gobierno. El acuerdo entre ambos ministros fue concretar a la brevedad una reunión almuerzo con los presidentes de los partidos, en las oficinas de la Segpres.
La fecha inicial fue el jueves, pero al final se fijó -con el transcurso de las horas- para el viernes. El encargado de comunicar el encuentro al Presidente Kast -quien se encontraba en Paraguay, participando en la LXVII Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno del Mercosur, gira que culminó el jueves en Uruguay- fue Alvarado. “¿Qué le parece que programemos un desayuno?’”, le retrucó Kast, al hacerle ver que por razones de agenda no podía participar del almuerzo, cita que terminó desactivada.
La pregunta del Mandatario, no obstante, tenía un trasfondo mayor. En clave política, el Presidente había tomado la decisión de intervenir personalmente en la crisis.
Durante la gira, su WhatsApp se llenó de cuestionamientos cruzados. Incluso se confidencia que en un momento del viaje el senador RN Manuel José Ossandón se acercó al Presidente, para advertirle: “Si no le pone freno a los republicanos, eso le va a provocar mucho daño a su gobierno”.
Una práctica habitual que -según le habría hecho ver- realizaban Sebastián Piñera y Ricardo Lagos, para alinear a sus sectores. Hasta ese minuto, Kast se había ceñido al guion recomendado desde el Segundo Piso de dejar la resolución de los conflictos en manos de las directivas de los partidos.
Pero la situación -que corría el riesgo de empeorar con el proyecto de indulto para militares y policías condenados por hechos ocurridos durante el estallido social, levantado nuevamente por los nacional libertarios y apoyado por los republicanos- estaba desbordándose. Balladares habló en varias oportunidades durante la semana pasada con Kast para expresarle su molestia y preocupación.
Y lo mismo -sostienen en Palacio- hizo Ramírez. A ello obedeció que el sábado, -en el consejo de la UDI, en la sede del Congreso Nacional en Santiago, dos días antes de su viaje a Paraguay- el Mandatario encendiera las primeras luces de alerta. “La responsabilidad no es criticar para ganar un puntito más de conocimiento.
Y eso lo digo transversalmente”, expresó. Punto que volvió a repetir el jueves -en Uruguay- en la antesala de la reunión con los jefes de los partidos. “Yo lo que hago es un llamado a poner el foco en las urgencias que tenemos.
Las urgencias hoy día principalmente son en temas de seguridad y en temas de empleo. ¿Es legítimo el debate político dentro de los partidos que ayudan y colaboran con el gobierno?
Es legítimo. Siempre en el marco del respeto", remarcó.
Incluso, frente a la posibilidad de una nueva coalición, su postura fue que “ya vendrá el tiempo de ver si algunos de estos partidos constituyen una alianza”. Una opción que hasta ahora no tiene piso.
Fuentes de Chile Vamos sostienen que, antes de la cita con el Presidente, en los partidos se hizo -por separado- una exhaustiva cronología de los roces, para llegar con hechos concretos. Querían evitar que la conversación derivara en la exposición de sensaciones y de opiniones personales, sino que se concentrara en los problemas de fondo.
A nivel interno la decisión fue no actuar en bloque, para que no se interpretara que estaban haciendo una suerte de frente común en contra de republicanos, aún cuando el diagnóstico era compartido sobre el accionar de esa tienda. Sobre todo, respecto de la dinámica que se da al interior de su bancada de diputados, por la falta de freno a las críticas que realizan.
Uno de ellos es el diputado Agustín Romero, autor de la mayoría de las citas que han irritado a Chile Vamos, en cuyo entorno aseguran que nunca ha sido llamado al orden ni por La Moneda ni por los dirigentes de su partido. Es más, comentan que Squella habló con el parlamentario el mismo 30 de junio, cuando expresó en CNN que “libertarios es nuestro aliado natural.
Tenemos muchas más coincidencias con Libertarios que con Chile Vamos (...) votamos todos de la misma forma y nosotros no nos descolgamos”, pero que solo abordó el tema de la megarreforma. A pesar de las críticas, el jefe de bancada, Benjamín Moreno, concuerda con Romero en que “los nacional libertarios efectivamente son nuestros aliados naturales”, pero recalca que eso no quiere decir que no respeten el aporte que están haciendo al gobierno los miembros de Chile Vamos y los independientes. “Evidentemente ha habido roces, eso está a la vista.
Pero también hemos encontrado los espacios para ir conversando las cosas. Y, en ese encuadre de piezas, naturalmente ha habido rasmillones y sacada de chispas, pero eso se ha ido ajustando”, dice, al asegurar que en ningún momento han recibido un llamado de atención del Presidente Kast ni peticiones de que se cuadren con tal o cual postura. “Él está en el grupo de WhatsApp de los diputados desde 2021 y jamás hemos recibido una orden.
Él cree en las capacidades de las personas”, afirma. La falta de freno ha alimentado las suspicacias en Chile Vamos.
Ven a republicanos actuando como si las elecciones fueran pasado mañana, cuando las municipales y regionales están previstas recién para el 29 de octubre de 2028; que le hablan a su público duro en una estrategia básicamente identitaria, sin medir el negativo impacto que eso le provoca a La Moneda y de seguir al compás de los nacional libertarios para no perder el voto duro. “Las constantes peleas y descalificaciones dentro del conglomerado terminan dañando el liderazgo del Presidente y al oficialismo. A nosotros nos tratan de derechita cobarde, pero resulta que esta derechita cobarde es la que está sosteniendo con lealtad al gobierno.
Y si esa unidad no se da, la proyección es muy negativa, porque si no estamos unidos en las buenas y en las malas, ¿qué podemos esperar en el futuro?“, sostiene el senador UDI Iván Moreira. Desde republicanos se sostiene que ellos también han recibido duros ataques del resto del oficialismo, pues los han tratado de “irresponsables” y de haber tenido un “bochorno” con la acusación constitucional.
Para la diputada Ximena Ossandón (RN) la reunión fue clave. “El tema ya está en la mesa, de una situación que se venía dando desde hace tiempo en las redes sociales y en los pasillos. Es tiempo que nos pongamos de acuerdo, porque no se puede seguir boicoteando la agenda del presidente, justo en medio de la megarreforma”.
Como una señal de unidad, el viernes a último minuto y después de las 2 horas y media de reunión, se definió que fuera el propio Presidente, quien diera a conocer la versión oficial del encuentro. “Tenemos que afiatar las confianzas y eso corresponde en gran parte al gobierno, en generar las instancias para que podamos generar esas confianzas (...). Chile tiene muy buenas perspectivas para salir adelante”, remarcó, escoltado por los ministros Alvarado y García Ruminot y por los presidentes de los partidos.
Todos quedaron notificados que de ahora en adelante se limitan los espacios para actuar fuera de los rangos de coordinación entre los partidos y La Moneda. Y que lo que debe primar -según les expresó Kast en la reunión- es que al gobierno le vaya bien, pues el éxito del oficialismo y de La Moneda se medirá si logran traspasarle la banda a alguien de su sector.
Información de La Tercera (Chile). Edición y redacción: Noticias Today.
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