Las cosas que no se confiesan se pudren hondo y luego es peor. Da muchísimo coraje que le den el Cavia a una niñata que escribe como los ángeles, deletrea a los clásicos como una jaculatoria y tiene un ansia que el jueves le reventaba las costuras de un traje furiosamente rojo.

No hay derecho a que una nueva generación de sables verbales corte las amarras con la tuya con esa preeminencia inexorable de la biología y el talento. Ahí estaba Ussía hijo, haciendo de maestro de ceremonias, elegantísimo como su padre –así, echado hacia atrás, con el vientre desafiante, que parece que lo estoy viendo– pero a la vez con un aire golfo y una literatura propia.

O Soto, o Apaolaza, o Peláez, o Argudo. Me extenúan.

Prada no, Prada es un clásico desde que lo destetó doña Transi. En tres patadas explicó Karina Sainz Borgo 'La Eneida' y por qué todos somos exiliados: del país, el barrio y hasta la salud cuando adviene la enfermedad.

La territorialidad es barbarie, los mitos griegos se saltan las nacionalidades y demuestran la universalidad. Me lo expresó luego Julián Quirós: ¿Cómo se puede escribir un discurso de Cavia mejor que el artículo del Cavia?De la velada de ABC podría hablarles de la belleza de las mujeres (y algunos hombres), la inteligencia de la conversación de Ángel Antonio Herrera –noches cubanas, comunes raíces en Albacete, Camba– pero no rozaría lo crucial.

La excelencia y la verdad que hicieron de ABC la sede de lo único que importa. En palabras de Víctor Amela: «Los otros no son un infierno.

Son un tesoro». Cuánto bien de repente.

Karina ganó combatiendo la mentira que quiere enfrentarnos. El 'trimonio' de Amela, Lluís Amiguet e Ima Sanchís –una historia de diez mil entrevistas en La Contra de 'La Vanguardia'– celebró que «el compañerismo prevalezca por encima del ego» y los vencedores Gallego y Rey cedieron toda la viñeta a sus maestros Forges, Chumy Chúmez y el gran Mingote.

Gente buena, señoras y señores. Una inmensa cantidad, con sus Reyes al frente, batallando por mejorar las cosas.

Don Felipe y Doña Letizia se lo pasaron de cine, se les veía. Los ojos de la Reina eran más grandes que sus pendientes.

Se demoraban en irse, no querían.La rabia está en el origen de la creatividad, la furia de la miseria y la soledad. Karina la trajo del exilio familiar venezolano y yo la tengo por mi abuelo albaceteño, pobre de mendicidad.

Pero la rabia es sólo la mecha, luego viene la historia de amor de Carlos Sainz Eneas con su hija y la mía con Felipe López Quijote y las noches en que me leía: «Margarita, te voy a contar un cuento. Éste era un rey que tenía...» y narraba algo fastuoso.

Permítanme que les revele que, a veces, los cuentos se hacen realidad.