Cuando ya estaba cayendo la noche del pasado 28 de junio, la Piazza Maggiore de Bolonia vivió un acontecimiento histórico. Cientos de personas se habían reunido para despedir la 40 edición de Il Cinema Ritrovato, pero también para cantarle –en italiano– “¡Cumpleaños feliz!” a Mel Brooks antes de disfrutar de ‘El jovencito Frankenstein’ (1974) en la enorme pantalla que se instala en la plaza con la llegada del verano y del festival.Con Gian Luca Farinelli, máximo responsable de la Cineteca de Bolonia y uno de los cuatro directores del festival, como improvisado orquestador de cientos de voces, Brooks recibía el que sin lugar a duda iba a ser uno de los regalos más originales por su centenario.

Mientras, la proyección de la queridísima parodia sobre Frankenstein firmada por el cineasta americano coronaba nueve días de febril actividad cinéfila, ni siquiera superada en esta ocasión por las altas temperaturas que asolaron en esos días la capital de la Emilia-Romaña. Un récord de calor –¡38 grados!– que se sumaba al récord de asistencia –75.000 espectadores en las salas y 70.000 personas en las proyecciones nocturnas al aire libre en la Piazza Maggiore– y al de proyecciones de películas restauradas, unas 540 según datos de la organización.

Así pues, esta edición XL ha sido la más grande de la historia de un festival que nació hace cuatro décadas como un congreso especializado de pocos días y que hoy es cita ineludible para profesionales de filmotecas de todo el mundo, realizadores, intérpretes, técnicos, académicos, estudiantes y apasionados del cine. Un ‘Amanecer’ radianteAunque no pudimos acudir el 20 de junio a la inauguración del Ritrovato con la nueva restauración en 4K de ‘Amanecer’, el hermosísimo clásico de F.

W. Murnau que levantó el telón de la cita boloñesa, sí sabemos que copó de punta a punta la Piazza Maggiore en su estreno.

A cargo de San Francisco Film Preserve y restaurada en los laboratorios del Archivo Nacional del BFI, la Cinémathèque royale de Belgique, Cineric, Haghefilm y L’Immagine Ritrovata a partir de elementos en 35 mm facilitados por el BFI y el MoMA, esta nueva restauración presume no solo de ser la definitiva, sino también de un nuevo score firmado por Timothy Brock para la ocasión, e interpretado en directo esa noche por la orquesta del Teatro Comunale. Su protagonismo en la noche inaugural no era baladí, ya que la obra maestra de Murnau está a punto de celebrar su centenario y esta restauración actualiza la anterior de hace 20 años en lo que a limpieza de la imagen y fidelidad con las fuentes se refiere.

Se trata de un aspecto a tener en cuenta, ya que el principal reto de ‘Amanecer’ es que no ha sobrevivido material original y las diferentes versiones que se han ido realizando a lo largo del tiempo se han hecho mediante material de generaciones posteriores, como explicaba hace unos días Robert Byrne, residente de San Francisco Film Preserve, a la revista Variety.Una inauguración radiante, desde luego, que dio paso a un año marcado por varios ciclos de protagonismo femenino –Barbara Stanwyck, Josephine Baker–, con especial énfasis en cineastas comprometidos políticamente –Juan Antonio Bardem, Luchino Visconti, Lino Brocka, Ritwik Ghatak, entre otros–, donde no faltaron las estrellas del presente –Isabella Rossellini, Alice Rohrwacher, Wim Wenders, Kleber Mendonça Filho– ni la atención a las distintas declinaciones del Hollywood clásico, desde los relatos amables de Mitchell Leisen a noirs desesperados como la última película de John Berry, ‘Yo amé a un asesino’ (1951). El proyecto PelechianSi el Festival de Cannes se adjudicó el estreno mundial del denominado ‘Proyecto Pelechian’, la restauración íntegra de la obra del maestro armenio Artavazd Pelechian, la proyección en la Piazza Maggiore durante el Ritrovato de ‘Mountain Patrol’ (1964), ‘Land of the People’ (1966), ‘We’ (1969), ‘Inhabitants' (1970), ‘Seasons of the Year’ (1975) y ‘End’ (1992) fue una de esas sesiones inolvidables que reafirman el poder hipnótico de la gran pantalla.

Director de culto recuperado para la historia del cine primero por Serge Daney y después por Jean-Luc Godard y la Cahiers du Cinéma de los 90, la obra de Pelechian ha sido escurridiza, dado que apenas se ha visto en los circuitos de festivales, y, asimismo, requería de una puesta a punto.Hacia 2010, cuando Pietro Marcello filmaba precisamente el documental ‘El silencio de Pelechian’ (2011) –un acercamiento poético hacia su obra y figura–, el armenio volvió a llamar la atención de la cinefilia global y su obra circuló en diversas citas festivaleras. En España, por ejemplo, el festival gallego Play-Doc programó en 2012 la primera retrospectiva en nuestro país de su obra.

No obstante, no fue hasta el año pasado cuando el director finalmente autorizó el acceso a los materiales originales de cara a ser restaurados. El resultado, agrupado bajo el título ‘Proyecto Pelechian’, es de una belleza cinematográfica abrumadora y da cuenta de la trascendencia de su obra, reivindicación del pueblo armenio cuyo fascinante poder evocativo también se rinde a los misteriosos ritmos de la naturaleza.

Los filmes 'psicomédicos' de Éric DuvivierCambiando completamente de tono, el ciclo del francés Éric Duvivier permitió ver en su formato original, también objeto de una recién restauración, la punta del iceberg del cine científico practicado por esta singular figura, que trabajó filmando películas para compañías farmacéuticas como Sandoz durante los años 50, 60 y 70 del siglo pasado. A través de sus productoras Arts et Science y ScienceFilm, llevó a cabo unos 300 títulos de corte médico, entre la propaganda y el cine educativo, todos evidentemente orientados a ese ámbito profesional aunque con una plástica experimental cercana a la visión de nombres clave como Stan Brakhage, Alain Resnais o Maya Deren.En el Ritrovato, en el marco del programa dedicado al 16 mm, se pudieron ver seis de sus películas en dos programas: 'Images of Madness: Ballet, Burlesque, Self-Portrait' y ‘Metaphors of Vision: Childhood, Machines, Phobia’.

Esta segunda sesión incluía ‘Le Monde du nouveau-né’ (1965), peculiar representación subjetiva de la experiencia sensorial de un bebé, desde el útero hasta que da sus primeros pasos; ‘Concerto mécanique pour la folie ou la folle mécamorphose’ (1963), propuesta psicodélica sobre la alienación de la tecnología moderna; y 'Phobie d’impulsion' (1967), una exploración de la enfermedad mental en la que resonaban los relatos surrealistas de la antes citada Maya Deren. Para todos los gustosLa visita a Bolonia fue breve, pero no hubo elección equivocada en el itinerario diseñado.

Por una parte, y dentro del tributo a Visconti, se pudo disfrutar del último filme del aristócrata, 'El inocente' (1976), adaptación de una pieza del poeta protofascista Gabriele D’Annunzio que en manos del milanés se transforma en una fábula profundamente pesimista sobre un noble incapaz de amar que acaba por autodestruirse por completo. Del Hollywood clásico disfrutamos ‘Young Man with Ideas’ (Mitchell Nielsen, 1952), comedia de la Metro en la que Glenn Ford es un abogado que sueña a lo grande, pese a su origen humilde, que se envuelto en mil líos cuando se muda a California con su mujer (Ruth Roman) y sus dos hijos y acaba en un apartamento que había sido una antigua casa de apuestas.

También ‘Yo amé a un asesino’, la última película protagonizada por John Garfield antes de morir en 1952 por problemas cardíacos. Tanto su director, John Berry, como Garfield fueron incluidos en la lista negra de McMarthy y la película, que sigue la desesperación de un criminal que secuestra a una familia escapándose de la policía, parece impregnarse de la paranoia y angustia del Hollywood de esos años.

La copia que se estrenaba en el Ritrovato, por cierto, restaurada por Amazon MGM Studio en los laboratorios Resillion, era de un acabado increíble. Tanto o más que el 3D que estilaba la versión de ‘El fantasma de la calle Morgue’ (1954) firmada por Roy Del Ruth, que se proyectó en Bolonia incluida en el ciclo del Ritrovato dedicado a esta tecnología durante la década de 1950.

Del Roth, que ya llevaba veinte años de trayectoria a sus espaldas, demuestra en esta película un pulso notable para la puesta en escena en 3D, enfatizando decorados, attrezzo y colores. También un atrevimiento inaudito en materia de truculencia narrativa , en línea con el Grand Guignol y el posterior género del 'giallo' para sorpresa de propios y extraños.

Por último, con ‘A Spring for the Thirsty’ (Yuri Illienko, 1965), una alegoría sobre el paso del tiempo y la existencia humana, bordeamos la experiencia de lo sublime. Situada a medio camino de la plástica de Serguéi Paradzhánov y la metafísica de Andréi Tarkovski, esta obra filmada en un sublime blanco y negro – recién restaurada por Fixafilm en colaboración con los Estudios Dovženko– es un título clave de uno de los nombres de la escuela poética ucraniana.

Cuenta la historia de un anciano que, hacia el final de su vida, va rindiendo cuentas con los fantasmas de su pasado. En su momento, la película se presentó como una reflexión sobre los traumas de la Segunda Guerra Mundial, aunque sus imágenes, cautivadoras y meditativas, evocan asimismo los traumas bélicos del presente.

El régimen soviético la prohibió hasta 1987, cuando los últimos coletazos de la Perestroika visibilizaron lo ineficaz de esa y otras medidas. Así, haber sobrevivido a las turbulencias del pasado y a la actual guerra que sufre la zona da cuenta del verdadero poder del cine; ese que se da cita en el Ritrovato con la llegada del verano en Bolonia para suerte de nosotros.