Historia del piloto aguas del río Potomac y es recordado por equipo

Hace 87 años murió en las aguas del río Potomac un piloto lagunero llamado Francisco Sarabia Tinoco. Desde entonces, en un pequeño rincón de Zacatecas, un equipo de futbol decidió que aquel hombre jamás debía morir del todo.Por eso, cada partido, cuando el Sarabia juega en San Lorenzo, el Conquistador del Cielo vuelve a despegar.El estadio donde habitan las leyendasSan Lorenzo es una comunidad pegada a la cabecera municipal de Río Grande.
El campo del Sarabia no aparece en las grandes guías deportivas; no hay palcos ni iluminación profesional, solo pasto sintético donde antes había tierra.En los vestidores, una vieja fotografía del piloto Francisco Sarabia observa a los jugadores. El escudo del equipo lleva una gran "S" acompañada de unas alas.
Un gran homenajeWalter Durón García, cronista del club, explicó a MILENIO que el Sarabia no nació de la nada."Nos toca ahora retomar las pláticas de todos los señores, escuchar las historias y tratar de conservarlas, porque este club es mucho más viejo que nosotros", cuenta. Relató que la historia deportiva del denominado "Barrio del Cuero", donde nacieron los Diablos Rojos del Sarabia, inició prácticamente hace más de un siglo."Desde 1920 ya había deporte aquí.
El Barrio del Cuero siempre se identificó por ser un barrio deportivo. Ya se jugaba básquetbol, ya había canchas, ya existía esa pasión por el deporte".Entre los pioneros aparecen nombres como Pablo Cerrillo, Luis Medina, Alfonso Quirino, Miguel Gómez, Miguel Hernández, Merced Zavala, Rafael Zapata y el profesor Abel Cruz."Primero surgió el equipo Independencia; después apareció el Atlántico; más tarde ambos se fusionaron en el Club Unión", pero faltaba la tragedia que terminaría dándole identidad al club.
El hombre que desafió al cieloFrancisco Sarabia Tinoco nació el 3 de julio de 1900 en Ciudad Lerdo, Durango. Su vida transcurrió en una época en la que volar todavía parecía una locura; no obstante, el lagunero convirtió la aviación en una misión personal.Conectó regiones del país que permanecían prácticamente aisladas.
Mientras México apenas aprendía a mirar hacia el cielo, Sarabia ya pensaba en un país unido por las rutas aéreas.El 24 de mayo de 1939 protagonizó la mayor hazaña de su carrera. A bordo del Conquistador del Cielo despegó desde la Ciudad de México con destino a Nueva York.
En apenas 10 horas con 43 minutos aterrizó en Estados Unidos y se convirtió en una celebridad internacional al romper el récord de velocidad.Pero apenas dos semanas después sucedió la tragedia. El 7 de junio de 1939, durante el viaje de regreso, el avión cayó al río Potomac.
Se dice que una estopa olvidada en el carburador provocó el accidente y el héroe mexicano murió a los 38 años.La noticia recorrió todo el país y llegó también hasta Río Grande, un municipio zacatecano ubicado a tres horas de su natal Lerdo. El nacimiento del SarabiaWalter Durón García relata que el impacto fue inmediato: "Francisco Sarabia acababa de fallecer, acababa de tener ese terrible accidente, y aquí los jóvenes del barrio decidieron ponerle su nombre al equipo".Fue el profesor Abel Cruz Medina quien encabezó la iniciativa."Por la causa, por la imagen y por todo lo que hizo el piloto aviador es que se toma el nombre de Francisco Sarabia.
Desde 1939 el equipo se llama así". La decisión terminó por transformar para siempre a una región.
Los colores rojo y blanco quedaron establecidos. Las alas llegaron al escudo.
La fotografía del aviador encontró un lugar en el vestidor y el homenaje nunca terminó."Aquí no podemos tener otros colores. Solamente el rojo y el blanco; es algo que viene de los socios fundadores.
Son los colores del club y representan la sangre y la pureza".Los Diablos del SarabiaEl Diablo también juega aquí porque, con el paso de los años, apareció otro símbolo: el Diablo, un apodo que terminó por acompañar al equipo y a sus aficionados."Es una historia muy bonita. Los fundadores tomaron esos colores y de ahí nace también la figura del Diablo".De boca en boca dicen que, por las noches, cuando el viento baja desde los llanos de Río Grande y el silencio cubre la comunidad de San Lorenzo, algunos todavía aseguran que el Diablo entra al campo a jugar futbol.Lo cuentan los viejos, lo repiten los niños, lo escuchan los visitantes.
Dicen que en el pequeño estadio donde juega el Club Deportivo Francisco Sarabia suceden cosas extrañas cuando se apagan las luces y las tribunas quedan vacías.Pero hay otra presencia que también habita el campo. No lleva cuernos, ni viste de rojo, ni juega de delantero.
Vuela. Porque el futbol se mezcla con las leyendas del pueblo.El mural de los que siguen alentandoDetrás de una de las gradas aparecen los rostros de aficionados, exjugadores, directivos y amigos.
Todos ellos fallecidos, pero siguen presentes.Hugo Enrique Sánchez Gallo, aficionado desde la cuna, explicó cómo nació la idea."La iniciativa surge de mi compañero Manuel Cuevas y mía, a raíz del fallecimiento de nuestro amigo Manuel Castañeda". El mural inició a crecer.
Después apareció la imagen del profesor Armando Sánchez Gámez; más tarde, la del licenciado Víctor Espinosa. Y siguieron llegando nombres.Enrique hizo una pausa, observó las paredes y confesó: "Nosotros quisiéramos que no fuera de ese modo, que no tuviéramos que estar plasmando a gente que se nos adelanta en el camino, pero es una forma de rendirles homenaje".El muro terminó convirtiéndose en una segunda tribuna, silenciosa y eterna.
Cinco generaciones del SarabiaJesús Chaires Félix nació hace casi 59 años en el Barrio del Cuero de Río Grande. Prácticamente nació siendo del Sarabia."Mi papá llegó muy joven al barrio y le tomó mucho cariño al equipo.
Fue jugador y fue directivo".Desde niño acudía al campo; después jugó; posteriormente fue dirigente y, más tarde, llevó a sus hijos. Hoy, también sus nietos forman parte del club."Mis hijos jugaron desde las categorías infantiles y después llegaron a las reservas, y algunos al primer equipo".Ochenta y siete años después de la muerte de Francisco Sarabia, el piloto sigue volando sobre un campo de futbol, con historias que unen a toda una región y con un clásico frente al Club Deportivo Azteca.
Quizá por eso el Deportivo Francisco Sarabia sigue existiendo, porque no nació de un campeonato ni de un patrocinador; nació del duelo de un pueblo que decidió convertir una tragedia en identidad.Y mientras las leyendas locales aseguran que el Diablo juega futbol por las noches en San Lorenzo, cada partido, cuando el árbitro pita el inicio y el Sarabia salta a la cancha vestido de rojo y blanco, Francisco Sarabia vuelve a hacer lo que mejor sabía hacer: volar. HCM
Información de Milenio (México). Edición y redacción: Noticias Today.
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