La virreina santafesina

LA PLATA.— I - La ciudad de Santa Fe fue una de las primeras fundadas por el colonizador castellano (15 de noviembre de 1573) y por lo tanto desde esos días fue poblada. Favorecida por estar a la vera del río más caudaloso y por ello ser vía de comunicación necesaria para unir el ingreso al sur del continente, en ese gran estuario del Río de la Plata, hasta la estratégica Asunción, fundada cuatro décadas antes.
Con su fundación cumplía el mandato de establecer un punto intermedio, de "puerta abierta a la tierra", para facilitar las comunicaciones y el comercio. Las primeras familias que se asentaron fueron las que acompañaron al vizcaíno Juan de Garay y a poco de ello, llegaron más peninsulares para hacerse cargo del manejo de tales vastedades.
Una de esas personas era el capitán Sebastián de Vera Muxica, originario de Canarias, que se casa con María Jerónima de Esquivel y Nájera en Santa Fe. De ese matrimonio nace Antonio de Vera Muxica (Santa Fe, 1620-Asunción, 1684), que a su vez se unirá en matrimonio en 1659 con Melchora Arias Montiel; ellos serán los padres de Martín Francisco Vera Muxica y Arias Montiel (1674-1742), quien luego de casarse en 1701 en la ciudad de Córdoba con Luisa de Torres Salguero de Cabrera serán padres de Francisco Antonio de Vera Muxica.
Será este último, justamente, el que se avecine en Santa Fe y el miércoles 16 de diciembre de 1739 contraiga enlace con Juana Bentura López Pintado. Del matrimonio entre Vera Muxica y López Pintado nacerán siete hijos, pero nos interesa ahora la tercera: Rafaela Francisca de Vera Mujica y Pintado, quien llega al mundo el miércoles 24 de octubre de 1753 y recibe el óleo bautismal en la Iglesia matriz.
Por el lado de su abuela materna, descendía del fundador de Córdoba, el sevillano Jerónimo Luis de Cabrera (1528-1574). II - En el ambiente bucólico de la pequeña ciudad de casas bajas, casi una aldea, discurre Rafaela sus días, compartiendo juegos con sus hermanos y tomando clases elementales de las primeras letras.
Su padre ostentaba el cargo de general en la modesta dotación de soldados asentados en el lugar para asegurar la fundación. Todos los hijos fueron educados en el cultivo de la religión católica con rezo diario y la práctica de obras de bien, ayudando a gente de escasos recursos.
Su primera juventud estaba pasando cuando conoce a Joaquín del Pino y Rozas -en verdad, Joaquín del Pino Sánchez de Rozas Romero y Negrete-, un apuesto coronel de ingenieros, varios años mayor que ella (era nacido en Baena, Córdoba, el 20 de enero de 1729) y que había enviudado con una extensa prole (1). La relación prosperó rápidamente y el 1 de marzo de 1783 contraen enlace por poder, motivo por el cual se realizan festejos con el clásico baile.
Su marido fungía como gobernador en Montevideo, era el tercero desde la creación de la gobernación y había sido designado en 1773. Se traslada a esa ciudad para unirse a su esposo y las crónicas de su tiempo dicen que su llegada fue bienvenida con la gente que salió a las calles a saludarla.
Definitivamente instalada, Rafaela asume el nuevo rol y apenas pasa un año para que llegue el primer vástago, Francisco Pío (1784). Luego nacerán Wenceslao (1785), Miguel (1785), Juana Josefa Joaquina (1786), Rafael Saturnino (1789) y María del Carmen Trifena Antonia (1790).
A su esposo le asignan una nueva función y en 1790 debe asumir la presidencia de la Real Audiencia de Charcas en la que permanece por un lustro. En dicha ciudad nacerán Mariano Joaquín (1792) y Francisca Ventura de los Dolores Rosenda (1795).
De esta forma se integra la familia con ocho hijos más. Un nuevo destino los obliga a otra mudanza, ahora hacia Santiago de Chile donde es designado como gobernador, asumiendo en enero de 1799, pero la estancia fue breve.
Desde la corona de advertía que en el Río de la Plata se incrementaba el tráfico comercial y que los reclamos de vecinos influyentes eran constantes. Apenas su creación por el rey Carlos III, el 1 de agosto de 1776, los distintos virreyes no lograban consolidarse y permanecían muy poco tiempo en el cargo.
El primero de ellos, Pedro Antonio de Ceballos, no alcanzó a estar dos años, no obstante las exitosas acciones contra los lusitanos que pretendían avanzar sobre los territorios castellanos. La designación por cédula real es del 14 de julio de 1800 pero recién el 20 de mayo de 1801, del Pino toma posesión del cetro real como el octavo Virrey del Río de la Plata y en su obra contará con la activa colaboración de su esposa que, en todo lo que le era permitido a una mujer, accionaba en medidas de gobierno estrechando vínculos con las mujeres de personajes del comercio y funcionarios.
Entre las medidas de gobierno, se destacan las obras púbicas, en particular, la ampliación del puerto, la construcción de la Recova, el impulso de astilleros en Corrientes y Asunción, la instalación de hornos de ladrillos. Prohibió y controló el desembarco a los buques extranjeros para terminar con el contrabando pero no implementó ninguna medi
Información de El Litoral (Santa Fe). Edición y redacción: Noticias Today.
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