La cobertura del terremoto en Venezuela muestra los retos del periodismo

Informar desde una zona de desastre implica mucho más que narrar una tragedia. Supone abrirse paso entre carreteras bloqueadas, hospitales colapsados, edificios reducidos a escombros y una emergencia que cambia minuto a minuto.
Esa ha sido la realidad que enfrenta Mónica Romero, enviada especial de Grupo Imagen, quien desde el doble terremoto que sacudió Venezuela el pasado 24 de junio ha documentado, desde la primera línea, una de las peores catástrofes en la historia reciente del país. Cinco días después de los sismos de magnitudes 7.2 y 7.5, una nueva réplica de magnitud 4.6 volvió a estremecer La Guaira.
La periodista se encontraba ya en el Hospital Regional José María Vargas cuando la tierra volvió a moverse. Desde ahí describió un escenario que refleja la magnitud del desastre.
"No hay capacidad para recibir a más heridos; vemos camillas en la calle y personas siendo atendidas en el suelo porque los hospitales están desbordados", relató durante un enlace en vivo. Su cobertura inició incluso antes de llegar a la zona cero.
Luego de aterrizar junto con brigadas internacionales de rescate y personal de la Cruz Roja Mexicana, permaneció durante horas en el aeropuerto debido al colapso de las instalaciones y a los procedimientos para permitir el ingreso de los equipos extranjeros. " Duramos cinco horas en la pista porque no había manera de que la gente pudiera entrar o salir del aeropuerto", explicó.
El traslado hacia La Guaira tampoco fue sencillo. Los accesos permanecían restringidos y los retenes impedían el paso de periodistas y brigadistas por las rutas principales.
"Tuvimos que contratar un transporte privado y llegar por caminos viejos porque cerraron la carretera", contó. Esa experiencia la llevó a resumir uno de los principales obstáculos encontrados durante la cobertura: "Hay mucho control del gobierno para todo lo que huela a extranjeros".
Ya en las zonas devastadas, Mónica Romero documentó el trabajo de los equipos internacionales de rescate, entre ellos los Topos de México, especialistas de Costa Rica, brigadas provenientes de India y binomios caninos que buscaban sobrevivientes entre toneladas de concreto. No obstante, también encontró múltiples edificios donde la búsqueda recaía únicamente en los propios vecinos.
Fue ahí donde pronunció una de las frases que mejor sintetiza la dimensión de la tragedia: "La mano humana es insuficiente ante tanto concreto". Frente a estructuras colapsadas de hasta 16 pisos, familias enteras removían escombros con herramientas improvisadas mientras las posibilidades de encontrar personas con vida disminuían con el paso de las horas.
Durante uno de sus recorridos por el malecón de La Guaira observó decenas de cuerpos recuperados que aguardaban ser identificados por sus familiares. Minutos después entrevistó a sobrevivientes que narraban cómo el terremoto destruyó sus hogares y cambió su vida en cuestión de segundos.
La periodista también vivió la tensión provocada por la réplica registrada la mañana del lunes. "Aquí no hay alerta sísmica; fue el propio movimiento el que hizo que la gente saliera autoevacuada a las calles", explicó.
Desde entonces, miles de personas continúan durmiendo en parques, vialidades y espacios abiertos por miedo a que los inmuebles dañados terminen desplomándose. Asimismo de las dificultades propias de un desastre natural, Romero tuvo que realizar su trabajo en medio de restricciones para la prensa y para las brigadas internacionales.
"La logística ha sido complicada para los rescatistas, pero ya una vez asignados en sus puntos están tratando de hacer su trabajo", indicó al describir los retrasos para ingresar a las zonas afectadas. Pese a ese panorama, la corresponsal encontró un elemento que contrastaba con la devastación.
"Lo que se ha visto es la solidaridad", aseveró. En medio de una crisis económica que ya golpeaba al país antes del terremoto, observó cómo vecinos repartían café, alimentos, agua, ropa y cobijas entre quienes permanecen junto a los edificios colapsados esperando noticias de sus familiares.
"Cada quien, de lo poquito que tiene, regala café, galletas, algo de comida, ropa o cobijas para auxiliar a las personas que están en la calle", relató al cierre de su cobertura. El trabajo de Mónica Romero ha permitido mostrar que el periodismo también enfrenta sus propias pruebas en medio de una catástrofe.
No solo consiste en informar sobre el número de víctimas o la magnitud de los daños, sino en vencer obstáculos logísticos, recorrer ciudades destruidas y dar voz a quienes siguen buscando a sus seres queridos. Desde los hospitales desbordados hasta los edificios convertidos en montañas de concreto, su cobertura ha retratado el lado más humano de una tragedia que aún mantiene a Venezuela entre el dolor y la esperanza.
Información de Excélsior (México). Edición y redacción: Noticias Today.
Ver publicación original ↗
💬 Comentarios (0)
Iniciá sesión o creá tu cuenta para comentar.