El 29 de marzo de 1980 quedó grabado para siempre en la memoria de Azkoitia (Guipúzcoa). Aquel sábado, tres niños regresaban de jugar un partido de fútbol cuando la violencia de ETA irrumpió en sus vidas sin aviso.

José María Piris Carballo, de 13 años, viajaba en el coche del padre de su amigo Fernando García. Al bajar del vehículo, mientras esperaban a que el adulto aparcase, José María se fijó en una bolsa de deporte que yacía en el suelo.

Dos imanes sobresalían del tejido. El chico la golpeó con curiosidad infantil.

En ese instante, la bomba estalló.El artefacto había sido colocado horas antes por un comando de ETA bajo el coche de un guardia civil. El dispositivo se desprendió sin explotar y quedó abandonado en la calle.

Cuando José María lo tocó, la carga detonó con una violencia devastadora. Murió en el acto.

Su amigo Fernando resultó herido de gravedad. Desde un balcón cercano, el etarra Jon Aguirre Agiriano —autor material del atentado— observó la escena.

También estuvo implicado y condenado por este crimen Jesús María Zabarte Arregui, el 'carnicero de Mondragón'. ETA admitió que los niños no eran el objetivo en una cartaLa familia Piris Carballo recibió después una carta de ETA lamentando la muerte del niño.

No era el objetivo. A los pocos meses, los padres decidieron abandonar el País Vasco y regresar a su localidad natal, San Vicente de Alcántara, en Badajoz.Por aquel atentado fueron condenados Jon Aguirre Agiriano, Francisco Fernando Martín Robles, Jesús María Zabarte Arregui y José Gabriel Urizar Murgoitio.

Todos recibieron penas de 23 años de prisión mayor y otros 7 por las lesiones causadas a Fernando García. Asimismo, tuvieron que indemnizar a los herederos del menor y a los representantes legales del niño herido.Muere el 'carnicero de Mondragón'La historia vuelve hoy a la actualidad por la muerte de uno de aquellos condenados: Jesús María Zabarte Arregui, conocido como el carnicero de Mondragón.

El periódico abertzale Naiz confirmó este lunes su fallecimiento a los 80 años. Su nombre está asociado a algunos de los episodios más brutales de la banda terrorista ETA, responsable de graves violaciones de derechos humanos y de decenas de asesinatos.Yo no he asesinado a nadie, yo he ejecutadoNacido en Mondragón en 1945, Zabarte se integró en ETA en los años 60 y acumuló un historial criminal con al menos 17 asesinatos.

Fue condenado a más de 600 años de cárcel, aunque salió en libertad en 2013 luego de la anulación de la doctrina Parot por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Nunca mostró arrepentimiento.

"Yo no he asesinado a nadie, yo he ejecutado", aseveró en una entrevista luego de abandonar prisión, unas declaraciones que le valieron una denuncia por enaltecimiento del terrorismo.Entre los atentados más sangrientos en los que participó figura el de Ispaster, en 1980, donde su comando ametralló y lanzó granadas contra un convoy de guardias civiles, causando seis muertos. Fue detenido en 1984 luego de un tiroteo en Hernani y procesado por su implicación directa en una veintena de ataques.La muerte de Zabarte reabre muchas heridas que nunca cerraron del todo.

Entre ellas, la de aquel día en que un niño de 13 años, que solo esperaba a que aparcaran el coche después de jugar al fútbol, se cruzó con la violencia terrorista y pagó con su vida un atentado fallido.