En las grandes urbes de la costa atlántica marroquí se observan cada vez menos niños. Entre Tánger, Rabat y Casablanca, donde las familias se limitan al núcleo esencial, se concentra el 58% del producto interior bruto del país magrebí.

El interior rural y montañoso acumula mientras tanto el 72% de la pobreza nacional en hogares que aún acogen a varias generaciones bajo un mismo techo. En el Marruecos a dos velocidades del que alerta en los últimos años el propio rey Mohamed VI en sus discursos a la nación, la tasa de fecundidad se ha desplomado a los 1,97 hijos por mujer (por debajo ya del umbral de renovación generacional), desde los siete hijos que había en la era de la independencia nacional, en 1956.

Marruecos conoce mientras tanto un incremento de la esperanza de vida, que se estima ya en una media de 77 años (frente a los 47 años de 1960), en una sociedad que aún sigue siendo joven. Seguir leyendo