Durante años, Catalina Ocampo Van Patten hizo lo que hacen muchas personas inquietas, curiosas y profundamente comprometidas con su crecimiento personal: seguir cada oportunidad que la vida le ponía enfrente. A simple vista, su historia parece la suma de muchos caminos distintos.Vivió en Israel cuando apenas tenía 19 años, trabajó como niñera en el extranjero, exploró culturas completamente diferentes a la costarricense, estudió periodismo, se convirtió en abogada y notaria, se especializó en derecho empresarial, se interesó por la nutrición y el bienestar, participó en competencias deportivas de alto rendimiento y terminó construyendo una carrera internacional como autora y conferencista.Vista desde afuera, la lista parece tan diversa que cuesta encontrar un hilo conductor.

Durante mucho tiempo, incluso ella misma se preguntó si realmente existía una conexión entre todas esas experiencias. Había etapas dedicadas por completo al estudio, otras enfocadas en el crecimiento profesional, momentos marcados por la maternidad y períodos en los que la búsqueda personal ocupó el centro de la escena.

Cada experiencia parecía valiosa por sí sola, pero no necesariamente parte de un mismo proyecto.Como suele ocurrir cuando se vive con intensidad, los aprendizajes se fueron acumulando uno detrás de otro. Había nuevos retos que asumir, oportunidades que aprovechar y metas que alcanzar.

La vida avanzaba con la velocidad característica de quienes siempre están dispuestos a probar algo diferente. No obstante, con el paso de los años inició a surgir una pregunta que resultó mucho más poderosa que cualquier meta profesional: ¿para qué había servido todo aquello que había vivido?La interrogante apareció de formas inesperadas.

Surgió en conversaciones con mujeres que se sentían agotadas persiguiendo ideales de éxito que ya no les hacían sentido. Apareció en profesionales que habían alcanzado posiciones admirables, pero que vivían desconectados de su bienestar.

También surgió en sus propios procesos de transformación, especialmente después de emigrar a México y verse obligada a reconstruir una identidad profesional que durante años había estado ligada a títulos, cargos y reconocimientos externos.Fue entonces cuando inició a notar algo que hoy se ha convertido en el centro de su mensaje. Muchas de las reglas con las que había aprendido a medir el éxito parecían haber quedado obsoletas.

Habían funcionado para otras generaciones y en otros contextos, pero ya no respondían a las necesidades de una época marcada por el agotamiento, la hiperconectividad y la búsqueda constante de equilibrio.Durante décadas se nos enseñó que triunfar significaba producir más, sacrificar más y trabajar más duro que los demás. Se celebraba la capacidad de resistir jornadas interminables, dormir poco y posponer el bienestar en nombre de un objetivo mayor.

No obstante, Catalina inició a observar una realidad distinta: personas que llegaban a la meta exhaustas, desconectadas de sí mismas y sin energía para disfrutar aquello por lo que habían trabajado durante años.Esa reflexión la llevó a hacer algo que pocas veces nos permitimos en medio de la rutina: detenerse. Revisó sus experiencias, sus decisiones, sus momentos de mayor plenitud y también aquellos en los que, pese a los logros alcanzados, algo seguía sintiéndose incompleto.

Poco a poco inició a reorganizar las piezas de su historia y a construir una nueva manera de entender el éxito. Una visión que integraba bienestar, identidad, propósito y sostenibilidad en lugar de sacrificio permanente y productividad sin límites.“Pasé años persiguiendo metas.

Un día entendí que el verdadero desafío no era alcanzarlas, sino construir una vida capaz de sostenerlas”.El resultado de ese proceso fue Las Nuevas Reglas del Éxito, el libro que se convertiría en bestseller y que hoy funciona como la síntesis de una vida entera de aprendizajes. Pero para comprender cómo nació esa propuesta, es necesario regresar varias décadas atrás, a una casa en Tibás donde una niña descubrió que los libros podían abrir puertas hacia cualquier lugar del mundo.Una infancia entre bibliotecas, historias y curiosidadCatalina creció en Colima de Tibás, en un hogar donde los libros formaban parte natural de la vida cotidiana.

Mientras muchas personas descubren la lectura como una actividad escolar, para ella los libros siempre estuvieron presentes como una fuente de entretenimiento, aprendizaje y descubrimiento.La influencia de su madre fue determinante. Vinculada durante años al desarrollo de bibliotecas escolares y nacionales en Costa Rica, convirtió la lectura en una experiencia cercana y accesible.Gracias a ello, Catalina creció rodeada de historias, autores y personajes que despertaban constantemente su imaginación.Aquella cercanía con los libros alimentó también una curiosidad especial por las personas.

Más allá de las historias de ficción, le fascinaba entender cómo pensaban los demás, qué motivaba sus decisiones y cuáles eran las experiencias que daban forma a sus vidas. Esa inquietud se convertiría más adelante en una característica constante de su trayectoria profesional.Con el paso del tiempo comprendió que aquella infancia rodeada de bibliotecas había dejado una huella mucho más profunda de lo que imaginaba.

Los libros no solo despertaron su amor por la lectura; también sembraron la convicción de que las historias tienen el poder de transformar vidas, abrir conversaciones y generar cambios reales.Su primera elección fue el periodismo. Estudiar esta carrera parecía una extensión natural de aquella curiosidad que la había acompañado desde la infancia.

No obstante, como ha ocurrido en distintos momentos de su vida, el camino volvió a tomar una dirección inesperada.El viaje que amplió sus horizontesCuando tenía apenas 19 años tomó una decisión que marcaría profundamente su manera de entender el mundo. Decidió salir de Costa Rica para participar como voluntaria en Israel, una experiencia que inicialmente parecía temporal, pero que terminaría transformándose en una etapa de varios años de descubrimiento personal.Para una joven que estaba comenzando a construir su identidad adulta, vivir en otro país representaba mucho más que una aventura.

Significaba enfrentarse a nuevas culturas, aprender a desenvolverse lejos de su entorno familiar y descubrir quién era cuando desaparecían las referencias habituales de la vida cotidiana.La experiencia en Israel abrió la puerta a otros países y nuevas oportunidades. Con el tiempo también viviría en Australia y viajaba constantemente a Estados Unidos, acumulando experiencias tan diversas como enriquecedoras.

Trabajó como niñera, administró restaurantes, colaboró con distintas organizaciones y asumió responsabilidades que la obligaron a desarrollar una enorme capacidad de adaptación.Cada cambio implicaba comenzar de nuevo. Nuevos entornos, nuevas personas y nuevas reglas de convivencia.

No obstante, lejos de verlo como una dificultad, Catalina empezó a descubrir el valor que tienen las experiencias capaces de sacarnos de nuestra zona de confort.Aquellos años se convirtieron en una verdadera escuela de vida. Aprendió a relacionarse con personas de diferentes culturas, a resolver problemas de manera creativa y a comprender que existen múltiples formas de construir una vida significativa.Mirando hacia atrás, reconoce que en aquel momento no veía una conexión clara entre todas las experiencias que estaba acumulando.

Parecían capítulos independientes de una misma historia.Lo que todavía no sabía era que aquellos años de exploración apenas estaban preparando el terreno para la siguiente gran etapa de su vida: el regreso a Costa Rica y la construcción de una carrera profesional que, una vez más, la llevaría por caminos inesperados.Entre historias, leyes y nuevos comienzosCuando regresó a Costa Rica después de varios años viviendo en el extranjero, Catalina volvió con una visión mucho más amplia del mundo y de sí misma. Había acumulado experiencias que difícilmente cabían en una sola profesión, pero también entendía que había llegado el momento de construir una carrera que le permitiera desarrollar su potencial de manera más estructurada.Estudiar derecho fue una idea que había pasado por su mente y en ese momento la hizo realidad.

Con el tiempo encontró en esta nueva carrera una oportunidad distinta para crecer profesionalmente. La posibilidad de ejercer de manera independiente, construir proyectos propios y participar en el mundo empresarial despertó su interés.

Lo que inició como una decisión académica terminó convirtiéndose en una carrera sólida y exitosa.Se graduó como abogada, posteriormente se especializó en derecho empresarial y comercial y más adelante obtuvo también el título de notaria. Durante años trabajó en el ámbito corporativo, participó en importantes proyectos y construyó una reputación basada en la disciplina, la preparación y el compromiso.Aquella etapa estuvo marcada por el crecimiento profesional.

Catalina se convirtió en una mujer acostumbrada a asumir responsabilidades, liderar procesos y desenvolverse en ambientes de alta exigencia. Desde afuera, todo parecía indicar que había encontrado el camino definitivo.Con el paso del tiempo incluso inició a prepararse para dar uno de los pasos más importantes de su carrera: independizarse y abrir su propio bufete.

Había acumulado la experiencia, los contactos y el conocimiento necesarios para hacerlo. No obstante, justo cuando parecía que el futuro estaba completamente definido, la vida volvió a presentarle una oportunidad capaz de cambiarlo todo.Cuando la vida obligó a empezar de nuevoLa propuesta laboral que recibió su esposo en México representó mucho más que una mudanza.

Era una decisión familiar que implicaba dejar atrás años de construcción profesional para comenzar desde cero en otro país.No fue una decisión sencilla. Catalina había dedicado una parte importante de su vida a consolidar una carrera como abogada y notaria.

Había invertido años de estudio, esfuerzo y trabajo para posicionarse profesionalmente. Renunciar temporalmente a ese camino significaba desprenderse de una parte importante de la identidad que había construido.Finalmente decidió apostar por la experiencia.Al llegar a México descubrió una realidad que enfrentan miles de profesionales expatriados alrededor del mundo.

Los títulos, los contactos y el reconocimiento profesional no siempre viajan con uno. De repente se encontró en un lugar donde nadie conocía su historia, nadie sabía cuáles habían sido sus logros y nadie tenía referencias sobre su trayectoria.Era una situación extraña.

Después de años construyendo credibilidad, volvía a encontrarse en un punto donde debía comenzar nuevamente. No obstante, con el paso del tiempo comprendió que aquel aparente retroceso escondía una oportunidad extraordinaria.Por primera vez en muchos años tenía un lienzo completamente en blanco.

Y aunque comenzar desde cero puede generar incertidumbre, también ofrece algo que pocas veces tenemos en la vida adulta: la posibilidad de reinventarnos conscientemente.Fue precisamente en ese proceso de reconstrucción donde empezó a cuestionar muchas de las creencias que durante años habían guiado sus decisiones. ¿Qué pasaba cuando desaparecían los títulos?

¿Quién era ella más allá de su profesión? ¿Cómo se construye una identidad cuando las referencias externas dejan de estar disponibles?La disciplina deportivaMientras atravesaba ese proceso de transformación personal, apareció otro escenario que terminaría teniendo un impacto profundo en su manera de entender el éxito: el deporte.Lo que inicialmente inició como una decisión relacionada con la salud y el bienestar fue convirtiéndose poco a poco en una herramienta de autoconocimiento.

A través del entrenamiento descubrió que el cuerpo tenía mucho que enseñarle sobre disciplina, resiliencia y crecimiento personal.Uno de los momentos más significativos llegó cuando decidió participar en competencias de HYROX, una disciplina que combina carrera, resistencia y fuerza funcional en pruebas de alta exigencia física.Como ocurre con muchos de los desafíos que terminan transformándonos, la invitación llegó acompañada de dudas. Catalina ya había superado los 40 años y, como muchas personas, había escuchado durante años mensajes que asociaban ciertas metas deportivas con etapas más jóvenes de la vida.Lo que encontró durante el proceso de preparación fue mucho más valioso que una competencia.Cada entrenamiento la enfrentó a creencias que había dado por ciertas durante años.

Aprendió que la edad no siempre define las posibilidades. Descubrió que la capacidad de adaptación puede ser más poderosa que el talento natural.

Y comprendió que muchas de las barreras que parecen físicas son, en realidad, construcciones mentales.Cuando finalmente cruzó la línea de meta entendió algo que terminaría convirtiéndose en una de las bases de su filosofía de vida: la verdadera transformación no ocurre cuando alcanzamos una meta, sino durante el proceso que nos lleva hasta ella.A partir de entonces continuó participando en diferentes desafíos deportivos, incluyendo competencias de aguas abiertas y otras pruebas de resistencia. Cada experiencia reforzaba una misma idea: el crecimiento sostenible se construye a través de pequeñas acciones repetidas de manera consistente.Fue precisamente el deporte el que la llevó a cuestionar una de las creencias más arraigadas sobre el éxito.

Durante años había escuchado que para triunfar era necesario sacrificarse sin límites. No obstante, la experiencia le mostró algo diferente.

El rendimiento no mejora cuando ignoramos nuestro cuerpo; mejora cuando aprendemos a cuidarlo.Aquella conclusión terminaría convirtiéndose en una de las reglas fundamentales de su propuesta: el cuerpo no es un elemento secundario dentro de un proyecto de vida. Es la infraestructura que lo sostiene.El desafío invisible de reconstruir la identidadMudarse a otro país suele narrarse como una historia de oportunidades.

Se habla de nuevas experiencias y de posibilidades de crecimiento. Pero pocas veces se habla de las pérdidas silenciosas que acompañan esos procesos.Para Catalina, el desafío más complejo no fue adaptarse a una nueva ciudad ni aprender nuevas costumbres.

Lo más difícil fue responder una pregunta que durante años había parecido sencilla:¿quién era ella cuando desaparecían las etiquetas profesionales que habían definido gran parte de su vida?Vivir lejos de Costa Rica, reconstruir una identidad profesional y adaptarse a una nueva cultura le permitió comprender desafíos que enfrentan miles de personas alrededor del mundo.La mamá de …La situación se volvió aún más evidente durante los primeros años de maternidad. Poco a poco inició a ser identificada principalmente a través de los roles que desempeñaba para otras personas.

Era la mamá de Evan y Chiara. Era la esposa de Kenneth.

Roles profundamente importantes y valiosos, pero que no representaban la totalidad de quién era.Aquella sensación de invisibilidad profesional inició a generar una inquietud cada vez más fuerte. No porque rechazara su papel como madre o esposa, sino porque entendía que también existía una versión de sí misma que necesitaba seguir creciendo.La reflexión llegó a un punto decisivo durante una actividad escolar aparentemente simple.

Como parte de un ejercicio, decidió preguntarle a su hijo a qué se dedicaba su mamá. La respuesta nunca llegó con claridad.Lo que para muchos habría sido una anécdota sin importancia, para Catalina se convirtió en un momento de profunda introspección.

Más allá de la respuesta infantil, entendió que ella misma había dejado de definir con claridad quién era y hacia dónde quería dirigir la siguiente etapa de su vida.Aquella conversación actuó como un punto de inflexión. La obligó a detenerse, observar todo su recorrido desde otra perspectiva y comenzar a conectar las piezas dispersas de una historia que hasta entonces parecía compuesta por capítulos independientes.Sin saberlo, estaba a punto de encontrar el hilo conductor que uniría décadas de experiencias y daría origen a una nueva etapa como autora, conferencista y creadora de una propuesta que hoy inspira a miles de personas alrededor del mundo.Del cuestionamiento personal a un movimiento internacionalLas grandes transformaciones rara vez ocurren de manera repentina.

En la mayoría de los casos comienzan con una pregunta, una incomodidad o una sensación persistente de que algo necesita cambiar. Para Catalina, ese proceso empezó mucho antes de escribir un libro.

Inició en conversaciones cotidianas, en reflexiones personales y en la observación constante de personas que, pese a haber alcanzado metas importantes, seguían sintiéndose insatisfechas.Mientras reconstruía su vida en México, inició a notar que muchas de las inquietudes que ella experimentaba también aparecían en quienes la rodeaban. Profesionales exitosos que vivían agotados.

Emprendedores que habían construido negocios admirables, pero habían sacrificado su salud en el camino. Mujeres que dedicaban toda su energía a cuidar de otros mientras posponían indefinidamente sus propias necesidades.A medida que escuchaba esas historias, empezó a identificar patrones.

Existía una desconexión evidente entre el concepto tradicional de éxito y el bienestar de las personas. Durante décadas se había promovido una idea basada en la productividad, el sacrificio y la acumulación de logros.

No obstante, cada vez eran más quienes comenzaban a preguntarse si realmente valía la pena alcanzar una meta cuando el precio era perder la salud, la tranquilidad o la conexión con uno mismo.Aquellas reflexiones se transformaron poco a poco en una necesidad de compartir lo aprendido. Catalina comprendió que las experiencias que había acumulado durante años podían servir para abrir una conversación diferente sobre el éxito.

Una conversación menos enfocada en la velocidad y más interesada en la sostenibilidad. Menos obsesionada con la apariencia y más comprometida con el bienestar integral.Lo que inició como una búsqueda personal terminó evolucionando hacia una propuesta que hoy conecta con personas de distintos países, edades y profesiones.

Una propuesta que no pretende ofrecer fórmulas universales, sino invitar a cada persona a cuestionar las reglas bajo las cuales ha construido su vida.Escribir para entender, compartir y transformarAunque la escritura siempre había formado parte de su historia, fue durante esta etapa de transformación cuando adquirió un nuevo significado. Ya no se trataba únicamente de comunicar ideas, sino de convertir experiencias en herramientas que pudieran ayudar a otras personas.Cada uno de sus libros refleja una etapa distinta de su recorrido y responde a preguntas que ella misma tuvo que enfrentar en diferentes momentos de su vida.

Más que publicaciones aisladas, forman una especie de mapa que permite seguir la evolución de sus intereses, inquietudes y aprendizajes.Uno de esos proyectos fue Peso Ideal, Mente Poderosa, una obra que explora la relación entre bienestar físico, hábitos y mentalidad. El libro surge de su interés por comprender cómo las creencias, las emociones y la manera en que nos relacionamos con nosotros mismos influyen directamente en nuestra capacidad para generar cambios sostenibles.Posteriormente llegó Despierta tu Poder: Mi viaje hacia el HYROX después de los 40+, una obra profundamente ligada a su experiencia deportiva.

A través de sus entrenamientos y competencias, Catalina comparte reflexiones sobre resiliencia, disciplina y la capacidad de reinventarse en una etapa de la vida en la que muchas personas creen que ya es tarde para asumir nuevos desafíos.Otra de las experiencias que marcó su vida fue la expatriación. Vivir lejos de Costa Rica, reconstruir una identidad profesional y adaptarse a una nueva cultura le permitió comprender desafíos que enfrentan miles de personas alrededor del mundo.

Esa vivencia quedó plasmada en Expat con Propósito, un libro que aborda el proceso de emigrar desde una perspectiva más humana y consciente.Quizá uno de los proyectos más entrañables dentro de su bibliografía es El Diario Secreto de mi Cuerpo, una publicación dirigida al público infantil. En ella traslada muchos de los conceptos relacionados con bienestar, autoconocimiento y salud a un lenguaje cercano para los niños.El rendimiento no mejora cuando ignoramos nuestro cuerpo; mejora cuando aprendemos a cuidarlo.Aunque cada obra aborda una temática distinta, todas comparten un elemento en común: nacen de experiencias reales y buscan generar transformación.

Para Catalina, escribir nunca ha sido únicamente una actividad creativa. Ha sido una forma de comprender mejor sus propias vivencias y de convertirlas en herramientas que otras personas puedan utilizar en sus propios caminos.Por su parte, el lanzamiento oficial de Las Nuevas Reglas del Éxito se llevó a cabo durante la Feria Internacional del Libro de Bogotá, uno de los eventos editoriales más importantes de América Latina.

Para Catalina, aquel momento representó mucho más que la publicación de un libro. Era la materialización de décadas de experiencias, aprendizajes y preguntas que finalmente encontraban una forma concreta de llegar a otras personas.No obstante, las sorpresas apenas comenzaban.Pocas semanas después del lanzamiento se organizó una campaña especial para presentar la versión digital del libro en Amazon.

Durante 24 horas, la publicación estuvo disponible a un precio promocional y todo lo recaudado fue destinado a apoyar a dos atletas clasificadas para el Campeonato Mundial de HYROX en Estocolmo.La respuesta de los lectores superó todas las expectativas.Al finalizar la jornada, Las Nuevas Reglas del Éxito alcanzó la categoría de bestseller en Amazon dentro de su segmento. El reconocimiento llegó rápidamente y confirmó algo que Catalina venía observando desde hacía tiempo: existe una necesidad creciente de replantear la manera en que entendemos el éxito.No obstante, más allá de las cifras, los rankings o los reconocimientos editoriales, lo que más la impactó fueron las historias que comenzaron a llegar.

Personas que se sentían identificadas con las preguntas planteadas en el libro. Profesionales que decidían revisar sus prioridades.

Mujeres que comenzaban a cuestionar el hábito de colocarse siempre en último lugar. Emprendedores que comprendían la importancia de construir resultados sostenibles.Las nuevas reglas del éxitoDurante gran parte de su vida, Catalina Ocampo Van Patten siguió muchas de las reglas que tradicionalmente se asocian con el éxito.

Estudió, trabajó, se preparó profesionalmente, asumió responsabilidades y persiguió metas con disciplina. No obstante, al observar su recorrido con perspectiva, comprendió que algunas de esas reglas necesitaban actualizarse.No porque estuvieran completamente equivocadas, sino porque habían sido diseñadas para una realidad distinta.

Durante décadas se promovió una visión del éxito centrada en la productividad, la competencia permanente y la capacidad de sacrificarlo todo por una meta. El problema es que muchas personas lograron alcanzar esos objetivos y, aun así, descubrieron que no eran felices.Para Catalina, el éxito no es una meta universal ni una fórmula que funcione igual para todos.El éxito no tiene fecha de vencimiento, no depende de la edad, no responde a una fórmula universal, y nunca es tarde para replantear las reglas.Tampoco es un destino al que se llega una sola vez.

Es un proceso dinámico que evoluciona junto con las personas y que debe responder a sus valores, necesidades y circunstancias particulares.La propuesta parte de una idea fundamental: el éxito debe ser sostenible. Si una meta exige sacrificar la salud, destruir relaciones importantes o vivir en un estado permanente de agotamiento, entonces probablemente sea momento de revisar las reglas bajo las cuales se está construyendo ese proyecto.A lo largo del libro desarrolla diez principios que buscan ayudar a las personas a construir una relación más saludable con el logro personal y profesional.

Aunque cada uno aborda un aspecto diferente, todos comparten una misma filosofía: el éxito debe sumar bienestar, no restarlo.Hoy, mientras desarrolla conferencias internacionales, participa en ferias del libro y expande el universo creativo que nació alrededor de su obra, sigue defendiendo una idea sencilla, pero profundamente transformadora: El éxito no tiene fecha de vencimiento, no depende de la edad, no responde a una fórmula universal, y nunca es tarde para replantear las reglas.Porque al final, como ella misma descubrió después de décadas de búsqueda, aprendizaje y transformación, la verdadera meta no consiste en llegar primero, sino en construir una vida que pueda disfrutarse plenamente cuando finalmente se llega.