Quien visita La Marta suele llegar buscando senderos, bosque y contacto con la naturaleza. No obstante, la experiencia termina siendo algo más que una caminata entre árboles.Ubicado en Pejibaye de Jiménez, este Refugio de Vida Silvestre administrado por la Universidad Castro Carazo se ha consolidado como uno de los principales referentes de ecoturismo y educación ambiental de la zona.

Cada año recibe más de 12.000 visitantes, asimismo de entre 800 y 1.000 estudiantes universitarios que desarrollan actividades académicas relacionadas con conservación y sostenibilidad.Para Mariechen Lang, vicerrectora de La Marta, el objetivo trasciende la visita recreativa.“Cada persona que visita La Marta se convierte en una embajadora de la conservación. Nuestro objetivo no es únicamente recibir visitantes, sino generar experiencias transformadoras que inspiren cambios positivos en la forma en que nos relacionamos con el ambiente”.La tendencia coincide con una búsqueda cada vez más frecuente entre viajeros y visitantes locales: espacios donde el bienestar esté vinculado con la naturaleza.

El sonido del agua, los senderos boscosos y la observación de la biodiversidad se convierten en una oportunidad para desconectarse del ritmo cotidiano y reconectar con el entorno natural.Pero el impacto del refugio no termina en sus límites.La Marta mantiene una estrecha relación con las comunidades cercanas, especialmente con Pejibaye. Muchas de las caminatas y actividades son guiadas por personas de la zona capacitadas por el propio proyecto, mientras que parte de los alimentos, suministros y servicios utilizados en la operación se adquieren localmente.El vínculo también alcanza al Colegio Ambientalista de Pejibaye, cuyos estudiantes participan en talleres, actividades de formación y prácticas profesionales relacionadas con la gestión ambiental.

Paralelamente, emprendedores de la comunidad encuentran oportunidades para ofrecer productos artesanales, alimentos y servicios a quienes visitan el refugio.Este modelo permite que el ecoturismo contribuya al financiamiento de las operaciones del refugio mientras fortalece la educación ambiental y genera beneficios para las comunidades cercanas.De cara al futuro, La Marta busca ampliar su papel como espacio para la investigación, la formación académica y el turismo sostenible. Un camino que, más allá de proteger un bosque, apuesta por convertir la conservación en una experiencia capaz de transformar la relación de las personas con la naturaleza.