Abelardo De la Espriella fue elegido como el nuevo presidente según el preconteo.Santiago Ramírez MarínY entramos en la era De la Espriella. El discurso con el que asumió su triunfo como presidente fue tan predecible que cuesta trabajo creer que le haya costado trabajo leerlo.Del avezado abogado rápido para las querellas, demandas y juegos retóricos y amenazantes, pasamos sin la ayuda de los flashes y los papamóviles a la duda y la dificultad en el micrófono.

Más que un tigre o siquiera un tigrillo, un gatico casero. Después de todo, el felino luego de la inteligencia artificial es un humano como cualquier otro.El discurso como tal no tuvo grandes giros retóricos o información inesperada. “La democracia se ha salvado”, declamó sin tantas ganas el futuro Presidente, aparentemente todavía en campaña.

Frases vacías, una luego de otra, que ya marcan lo que se nos viene.“La difamación se respondió con argumentos” se le escuchó decir al mismo protagonista de toda clase de productos audiovisuales abiertamente insultantes. Una victoria “sin estructuras políticas” (la casa Char aplaude), que “solo contaba con el apoyo de dios” (que si existe, preocupado también se estará carcajeando).Pero hay más.Hasta el pobre Alejandro Magno, uno de los arquetipos históricos de los que los bros promotores de la inteligencia artificial suelen abusar, fue empleado como inspiración: “Al igual que Alejandro Magno frente al inmenso ejército persa, jamás nos dejamos intimidar por la aparente superioridad del adversario”.“La ley y solo el imperio de la ley” gritó De la Espriella como recién despertado de su propia fantasía.

Y sí. Ahora se impone tratar de hacer realidad el sueño, la ilusión, el delirio.

El absurdo: “Ya la patria milagro empieza”.Llama la atención, entre tanto balbuceo y lugar común, el capítulo de la seguridad. A los ilegales: “les llegó la hora de someterse al estado de derecho”.

Otra sentencia de cajón roto, de las tantas disponibles. “En mi gobierno no habrá concesiones”, dice el que no tardará en negociar, por debajo de cuerda y al mejor estilo de Bukele en El Salvador, cualquier posibilidad de orden pactado.Pero ahora sí fue, esta es, después de todo se trata del tigre, que ruge y muerde.“Disponen de un mes para entrar en razón”: palabras del creador del Ron Defensor (“experiencias únicas para los amantes de las bebidas espirituosas”) y futuro comandante en jefe de las fuerzas armadas. Las mismas bravuconas declaraciones que ya habíamos escuchado tantas veces.En un mes o dos, difícil saberlo, quizás seis o siete, pero las que no tardarán en aparecer son las escenas espectaculares de la captura de uno que otro alias, que a su vez serán promocionadas como el índice último de los avances en seguridad.Retumban las palabras del entonces impresentable ministro de Defensa, Diego Molano, luego de la captura de Dario Otoniel Úsuga, alias Otoniel: “Una victoria del Estado contra su peor enemigo: el narcotráfico”.

Por supuesto, “solo comparable con la caída de Pablo Escobar”, explicó en su momento Iván Duque, mientras el líder de las autodefensas gaitanistas, el mismo Clan del Golfo que nunca despareció, era fotografiado esposado en plan de Punto Final.Por fortuna ya el futuro Presidente regresó de Italia a salvar la patria.