La izquierda vuelve a ser oposición. Ahora bien, deberá hacer frente a dos problemáticas que se interrelacionan fuertemente.En primer aspecto, necesita superar a Gustavo Petro.

A pesar de que el Pacto Histórico se creó como una coalición de partidos y movimientos de izquierda en 2021, para finalmente consolidarse como un partido en 2025, la colectividad nunca logró establecer un verdadero proyecto político alejado del personalismo presidencial.La dependencia de la figura de Petro, y su abuso sobre la misma, ligando su voluntad, pensamiento y accionar al devenir de la izquierda, afectaron considerablemente años de lucha. El gobierno de Petro debía sentar las bases de un proyecto de país para desarrollarse de forma gradual y transicional, en el que se tuviera en cuenta a la totalidad de la población.

La única forma de lograr esto, más teniendo en cuenta nuestra propia historia, era mediante la concertación; no obstante, Petro no solo intentó imponer su propia visión de país, sino también la forma en cómo, y con quién, debía de lograrse.El presidente creía que él, y solo él, podría llevar a Colombia por la senda del cambio; gran parte del Pacto se sumó a esta lógica. No hay nada más peligroso que los personalismos en política, ya que estos resquebrajan los ideales, fracturan los posibles apoyos, y radicalizan a la población, tanto a quienes le apoyan como a sus opositores.

Los políticos, presidentes incluidos, son funcionarios que deben responder a la totalidad de la sociedad; cuando esto se pierde, se convierten en figuras caudillistas o mesiánicas, las cuales, incapaces de aceptar críticas, debilitan profundamente no solo la institucionalidad sino las mismas bases teóricas y programáticas de sus proyectos políticos.Como segundo aspecto, el Pacto Histórico deberá hacer frente a la misma fragmentación que, probablemente, experimentará en los próximos meses. Gracias a la misma falta de estructuración de un proyecto político coherente, la colectividad recibió a miembros ligados a los clanes políticos tradicionales, figuras duramente cuestionadas por casos de corrupción en política regional, entre otros.

Estos, sin ningún tipo de adherencia a un fin común, más allá de sus propios intereses, empezaran a erosionar al Pacto; no será de extrañar las futuras disputas y desacuerdos a la hora de votar en contra de las iniciativas del gobierno de De la Espriella.Como un extra, si la izquierda quiere sobrevivir como alternativa política, así como colectividad, debe ser consciente de que, en no pocas ocasiones, deberá llegar a acuerdos con el centro político para hacer una oposición fuerte al gobierno entrante. La izquierda colombiana deberá aprender a convivir con un espectro político que fue duramente atacado después de los primeros meses de gobierno, pero que será fundamental para su pervivencia, fortalecimiento y reestructuración luego de la salida del poder.

El cómo actúe en estos cuatro años será fundamental para su supervivencia.Andrés SánchezEnvíe sus cartas a lector@elespectador.com