El mensaje que aún nos llega desde el viejo tren al Pacífico

Así, sin pensarlo mucho, salimos a media tarde. La presa era como seguirle la cola a un cocodrilo y, por eso, cuando viramos a la derecha para tomar el camino a la capital, lo hicimos despacio.El destello de los rieles contra el sol que bostezaba me encegueció unos instantes.Y cuando los vi brillantes, reflejados en mi retrovisor, con un atardecer que gritaba hermosura, no sé por qué sentí un racconto.
La vieja locomotora del Ferrocarril Eléctrico al Pacífico se interpuso entre el ocaso y yo.En los vagones, los pasajeros de otro tiempo saludaban con la mano, desde las grandes ventanas, a los peatones. Una mujer con una palangana de empanadas en la cabeza y un chiquillo en una bicicleta despintada devolvían el saludo sin perder el equilibrio, ninguno de los dos.Un largo pitazo avisaba a todo el puerto que el tren venía cargado de gente y encomiendas, del abastecimiento de combustible o de la plataforma con tucas para reparar las vías.También llegaba cargado de risas y ganas de un buen chapuzón; de motetes con encargos de familia; de noticias buenas y malas; del saco del correo, cuyo contenido era una verdadera caja de Pandora, y del paquete de medicinas para el dispensario.Los perros le ladraban desesperados.
No entendían cómo esa mole de fierros, coronada por el pantógrafo que la hacía moverse con ese tirón que da la corriente, los despertaba cuatro veces al día con su infernal pitazo.Veo en el tercer vagón a mi mamá de niña, junto a mis tíos jovencillos. También van mi abuela, con su hábito del Carmen, y mi abuelo, a quien nunca conocí, con camisa blanca, las mangas arremangadas y un sombrero de fieltro que deja ver el sudor sobre la cinta café con lazo.Van donde tía Chelo, residente de Puntarenas, a pasar unos días.Días de sirope y gallitos de papa.
Días de huevos duros y caldo de frijol con manteca. Días de semillas de marañón, patas llenas de arena y pañuelitos que atesoran conchas quebradillas y palitos pulidos por la sal.Ellos recordarán ese paseo para siempre y nos lo contarán muchísimos años después con tal emoción que, ahora que el viejo puerto se mueve entre promesas no cumplidas y nostalgias de su belleza clásica, podemos verlos de nuevo, como en una fotografía sepia animada, relatándonos las anécdotas de cómo compartieron entre tres una pipa, una cajeta de leche y un granizado.Hace tanto de aquello, que nos contagiaron su entusiasmo cuando fuimos nosotros quienes, con el corazoncillo agitado, contamos a compañeros y vecinos que el domingo iríamos al mar; que la madrugada nos llevaría, medio dormidos, a la estación de mosaicos pulidísimos y que regresaríamos rojos como camarones, con la piel hecha jirones, pero el alma rebosante de alegría.Levantarse aún de noche no era un sacrificio, y venir dormidos en el bamboleo del tren era cosa sabida entre los turistas que salíamos de una ciudad más o menos tranquila, más o menos limpia, más o menos segura, y llegábamos, como piratas destituidos, a caer en la cama llenos de aventuras.El carro de atrás me pita, impaciente, y yo despierto al presente sin haber estado dormida.El sol sigue allí.
El mar sigue allí. Las gaviotas me cuentan que se van a casa, como nosotros.Logro ver la colita del cabús tomando la curva que va hacia la Angostura.Un hombre vestido de caqui, desde el balcón, levanta la mano en señal de hasta luego.Yo levanto la mía, pero es muy tarde: el tren ha desaparecido entre las vías.Ellos llegarán seguros a puerto.
Se cumplirán sus sueños y sus ilusiones.Los porteños abrirán las cartas con giros, avisos y noticias de todo tipo. Y se imaginarán el futuro lleno de bondades, con nosotros a bordo, aun cuando no sepan que naceremos algún día.¡Todo es esperanza!Cuando llego al último peaje, y todavía hoy, esa esperanza me susurra que no puedo traicionarlos.
Debo ser feliz a toda costa y heredarles eso a los que vengan.Feliz como un güila que grita desde la ventana: “¡El mar! ¡El mar!
¡Ya se ve el mar!”.paradigma@ice.co.crAna Coralia Fernández es periodista y narradora oral.
Información de La Nación (Costa Rica). Edición y redacción: Noticias Today.
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