La precarización en la que ha vivido el país bajo el chavismo, que se ve en la salud y en la economía, se muestra en la incapacidad que tienen las autoridades de responder a una tragedia que las ha superado. La gente se apoya entre sí, y eso da destellos de esperanza, pero no es suficiente.

Las personas en La Guaira, Venezuela, buscan entre los escombros luego de los terremotos.Ariana Cubillos - APLos venezolanos están tratando de resolver, como pueden, con lo que tienen. Se sienten, en medio de la devastación por los sismos, huérfanos de Estado, aunque eso viene desde hace años.

Conviven la rabia y la indignación, y un pensamiento no deja de manifestarse entre algunos: “Coño, ¿hasta cuándo?”. Son los mismos vecinos los que han movido los escombros, los rescatistas no dan abasto y mucha gente, de un momento a otro, en cuestión de una hora o menos, dejó de tener casa.

Hay quienes han sentido culpa por no haber estado con los suyos cuando la tierra tembló, y otros que han visto sacar de entre las ruinas los cuerpos de quienes fallecieron cerca de ellos. Lloran por ellos, lloran por los otros y lloran ante una cruel realidad: Venezuela no tiene cómo responder al drama humano que está viviendo ahora.Están decepcionados, pero no sorprendidos. “Estamos pagando las consecuencias de las malas prácticas del chavismo”, confesó desde Caracas Valentina Gil, y lo expresó con referencia a la corrupción, la opacidad y el mal uso de los recursos: “Si Venezuela recibió plata en sus mejores momentos con la bonanza petrolera, el dinero desapareció y se lo gastaron en lo que no debían”.

Antes era usual, y desde hace años, escuchar a alguien decir que ojalá no pasara nada extraordinario porque la pregunta era cuál iba a ser la reacción. Eso ahora tiene la forma de un duelo colectivo, y la respuesta es una sola: la tragedia ya pasó e hizo eco de una que se vivió a finales del siglo pasado con el deslave de Vargas, que hoy se conoce como La Guaira y que repite imágenes de una catástrofe letal.

Le sugerimos: Una dictadura y ahora dos terremotos: Venezuela no aguanta una tragedia másLas fuertes lluvias de 1999 provocaron inundaciones y aludes, y se llevaron por delante casas, edificios, carreteras y miles de vidas. En ese entonces se le escuchó a Hugo Chávez, que llevaba poco tiempo en el poder y estaba en plena campaña por el referéndum de la Constitución, decir que “si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”.

Se le recriminó su decisión de no haber acogido la recomendación hecha por la Dirección de Defensa Civil de declarar el estado de emergencia nacional, lo que tal vez hubiera llevado a la evacuación del litoral. También que haya rechazado la ayuda internacional, guiado, al menos para algunos, por mezquindad y por “estúpidas razones ideológicas”, como escribió Gustavo Coronel en El Nacional, con referencia a la asistencia desde Estados Unidos.

Esa era otra Venezuela, y lo reiteró Antonio de Lisio, geógrafo y profesor de la Universidad Central, quien recordó que, a diferencia de hoy, cuando se producen alrededor de un millón de barriles diarios de petróleo, cuando en los inicios de Chávez la cifra apuntaba a 3,5 millones por día, había un sector privado y productivo en plena capacidad. Más de un cuarto de siglo después, los cerca de 10.000 establecimientos industriales que existían quedaron en el pasado.

Para el año 2019 se hablaba de la caída abrupta del sector manufacturero a manos de Chávez y de su sucesor, Nicolás Maduro, quienes lo llevaron a un escaso 5 % de operación. La situación económica es otra, si también se considera que los bancos tienen una capacidad mínima de préstamo.

Entonces, el país que hoy se enfrenta a los estragos de dos terremotos, que al cierre de esta edición habían dejado más de 1.400 muertos y 3.238 heridos, aunque otros estiman una cifra mucho mayor, no es el mismo que vivió el fatal deslizamiento de hace 27 años. Gabriela Rojas es consolada frente a su casa dañada, donde dos de sus hijos fallecieron, en La Guaira.Pedro Mattey - APA eso se suma la decadencia crónica del sistema de salud, pues esta tragedia llega luego de años de deterioro y de falta de recursos.

Las imágenes de hospitales desbordados, con salas improvisadas en los corredores y en las calles, chocan con una dura realidad. El año pasado, el país destinó un 3,5 % del presupuesto en salud, según datos de Transparencia, muy por debajo del 10 % del promedio mundial y también del 6 % que recomienda como mínimo la Organización Mundial de la Salud.

También le puede interesar: Antes de la tragedia y en medio de la destrucción, en fotos: así quedó La Guaira, VenezuelaAdemás, la Encuesta Nacional de Hospitales indicó que para 2024 había un déficit de cerca del 60 % de la capacidad quirúrgica, así como dio a conocer que en el 91 % de los centros se les pedía a los pacientes una lista de insumos para ser operados. El índice de desabastecimiento de implementos de emergencia era del 36 %.

El escenario era peor fuera de Caracas. “Una situación como esta no lo encuentra en las mejores condiciones. En líneas generales, las condiciones son de preocupación”, afirmó ante CNN Marino González, especialista en políticas públicas de salud y miembro de la Academia Nacional de Medicina venezolana. “Si los hospitales estuvieran dotados, como se le ha exigido al Gobierno desde hace mucho tiempo, pero sin insumos y medicamentos es imposible que el médico y el equipo de salud puedan resolver las emergencias, más aún en este caso tan atroz”, expresó en France 24 Douglas León Natera, presidente de la Federación Médica Venezolana: “Si hubiera dotación, hablaríamos de otra cosa”.

Y es que gran parte de los médicos han salido del país para unirse a ese grupo de casi ocho millones de personas que conforman la diáspora venezolana en el mundo. Hay cifras que apuntan a que el 40 % de los médicos formados en el país, que un día alcanzó a tener 60.000 de ellos educados en sus universidades tradicionales, han migrado por distintas razones, entre ellas los bajos sueldos.

Desde entonces, de acuerdo con lo dicho desde la Academia Nacional de Medicina, los profesionales están sobrecargados. Solo queda confiar en los que aún están, o al menos eso es lo que piensa Marcy Rangel: “No lo hacemos en la calidad del sistema de salud ni en la inoperancia del Gobierno”.

Ella cuenta que los rescatistas trabajan con las uñas, que, al vivir muy cerca del edificio Petunia, uno de los que se desplomó en Los Palos Grandes, al este de Caracas, vio desde el miércoles cómo era más grande el número de vecinos que de socorristas profesionales. El problema es que, si se quiere escarbar entre las ruinas para ver si se encuentra a alguien, no es suficiente a punta de un casco de bicicleta, de un pico y de una pala.

El tiempo, asimismo, juega en contra desde esos mortales segundos en los cuales la tierra se movió como gelatina. Pasan las horas y las probabilidades de encontrar sobrevivientes van reduciéndose.

Le sugerimos: Los hospitales de Venezuela colapsan ante la emergencia Veinticinco equipos internacionales de búsqueda, rescate y atención médica, integrados por más de mil especialistas, se despliegan en Venezuela. Así lo informaron las agencias de las Naciones Unidas, desde donde se liberaron USD 15 millones de emergencia para responder a la catástrofe.

Estados Unidos y Colombia, entre otros países más, han anunciado el envío de ayuda, sin olvidar que personas de a pie, en distintas ciudades del mundo, se están reuniendo en centros de acopio. No obstante, se necesita maquinaria, también operadores que sepan usarla, para remover los escombros que hay.

El panorama es desolador: bomberos sin equipos, sin agua, con camiones que debían empujar y pidiendo celulares para alumbrar. “No es igual un montón de gente queriendo ayudar que tener herramientas para cortar placas y paredes”, comentó al medio La Patilla el ingeniero Ángel Rangel, exdirector nacional de Protección Civil. Esta no ha sido la primera desgracia que golpea a Venezuela, pero sí una de las más graves, y la gente está trabajando al ritmo que las condiciones lo permiten.

Se escucha a personas decir que llevan casi 30 años acostumbradas a resolver los problemas por su propia cuenta, pero este desastre las ha superado. Aun así, están tratando de coordinarse para, por ejemplo, ayudar en centros de acopio, con plataformas para registrar a los desaparecidos, compartiendo los contactos de los rescatistas y haciendo mapas que indican los sitios en los cuales se están recibiendo donaciones.

Eso, a pesar del dolor y la angustia, está mostrando destellos de esperanza. 👀🌎📄 ¿Ya se enteró de las últimas noticias en el mundo? Invitamos a verlas en El Espectador.El Espectador, comprometido con ofrecer la mejor experiencia a sus lectores, ha forjado una alianza estratégica con The New York Times con el 30 % de descuento.

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