XIV. Y al séptimo día… descansó

SANTA FE.— "Leo sus columnas y veo que, de manera solapada, usted cuestiona las religiones. No lo culpo, por estos días está muy de moda.
Sí, un poco, me llama la atención porque conocí a sus padres y bien recuerdo que ellos eran católicos practicantes, como yo y toda mi familia (...)". "Creo que sería muy bueno dejar bien en claro que se ha convertido en una persona atea; tiene todo el derecho del mundo, no lo voy a cuestionar, pero, dejar aclarado desde donde uno piensa o, en su caso, desde donde uno escribe cuando lo hace para mucha gente sería una actitud sumamente responsable.¿No cree? (...)" "Yo sé que no se atreverá a publicar estas palabras, tampoco es mi intención que lo haga, tómelo como un comentario o acaso como una sugerencia, siempre respetuosa".
Tal como lo escribo, llegó a mi correo y, como casi todo lo que recibo, me hizo recapacitar. Quizás tenga razón (seguro algo de razón tiene), no en el hecho que no creo en Dios sino que debería haber dejado bien en claro desde donde escribo.
Tal vez, a esta altura de mis entregas, sea tarde, pero escribo desde acá: Creo que Dios, también conocido como Yahvé, Jehová, Allah, el Universo, el Todo, el Tao, Ahura Mazda y mil seudónimos más, nos dio cierta inteligencia para llegar a conclusiones racionales, y por eso considero el pensamiento como un legado divino. Creo firmemente que hubo un inicio, la ciencia de los seres de este planeta lo llamamos Big Bang.
En el principio de los tiempos DIOS se hizo luz, universos, soles y planetas. Y entonces quiso más; fue un torbellino inconmensurable de argamasa química y mineral.
Entonces inició a vislumbrar lo mágico, y pensó lo inimaginable, o mejor dicho, lo que solo el TAO puede imaginar. Y siguió pensando, por segundos, milenios o eones, da igual ya que por entonces el tiempo no existía.
Y fue su pensamiento el que creó formas de todo tipo, puesto que ALLAH es todo pero antes que nada es mente. Fue así que pensó convertirse en lo que hoy llamamos vida.
Y entonces fue existencias mínimas y células y mucho -o poco- tiempo después fue semilla de algo que aún no existía. Entonces el TODO inició a experimentar algo extraño, algo que los seres humanos de hoy y de acá conocemos como alegría.
Es que se maravilló con el viento, con la nieve, con la lluvia y el sol, que también eran parte de él. Desde su pensar infinitamente creativo, imaginó lo espléndido que sería disfrutar de todo junto y fue así que decidió ir por más.
Se hizo organismos, luego insectos, peces y aves. Y se asumió animal.
¡Se vio animal! Entonces se volvió a fascinar...
Y pudo gozar. Y gozó de mil sensaciones de una manera inusitada, una por una, todas juntas y por oleadas.
Sintió, quizás por primera vez, e imaginó florecer en descendencia. Se hizo bosques exultantes de vida, campos con manadas a trote y galope, cielos con bandadas en forma de flecha y mares de mil especies en cardúmenes multicolores.
El olor de la lluvia, y del río; la belleza de la flor; el gusto de la transpiración al correr, el calor y el frío; el sabor dulce, ácido y salado de la comida, y los truenos, y el cantar de los pájaros que también era parte de él. Maravillosa parte de él, como todo, como todo.
Siguió por más porque, como bien se sabe, el UNIVERSO es insaciable. Caminantes de mil especies poblaron nuestro planeta y no solo el nuestro sino miles de planetas, todos vivos.
Y YAHVÉ rio feliz desde las estrellas. Y glorificó su obra… Luego de eones o segundos (ya que el tiempo todavía no existía) JEHOVÁ se convirtió, asimismo, en algo parecido a lo que hoy llamamos ser humano y pensó que eso sería lo máximo, desde ahí volvería a ser.
Desde ahí atesoró las existencias que había colectado en todo ese tiempo creador, reconoció la felicidad, y la angustia, y el miedo, pero también los aromas, los sabores, los colores, las caricias y la música. Reconoció algo inclusivo y primordial, que en algún momento se conoció como amor.
Esparció en miles de millones su pensamiento amoroso. Pero, como AHURA MAZDA, seguía insaciable, se dio cuenta que debía ir por más, entonces pensó que vivir una sola vida no era suficiente para atesorar todo la experiencia colectada.
Creyó necesario trazar un camino circular. Ya que comprendió que nada era tan maravilloso como el camino que lo había traído hasta acá y pensó que sería muy bueno que sus criaturas predilectas recorran miles de caminos, miles de vidas y experimenten lo mismo que él como CREADOR experimentó.
Recién entonces parió el tiempo. Con el tiempo la experiencia y la muerte.
La muerte no como un fin sino como un recomenzar. Atesorando cada una de las enseñanzas del andar.
Hoy la Ciencia, construida en la mixtura del tiempo, aun se arraiga al pensar materialista, y la religión concebida para otras épocas, duda y hace dudar lo que existe del otro lado de la vida. Quizás porque el tiempo es nuevo, lo último que DIOS creó y aún es poco conocido.
Pero es solo cuestión de tiempo. Solo cuestión de ÉL.
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Información de El Litoral (Santa Fe). Edición y redacción: Noticias Today.
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