Doña Rosa y don Chiquito, pioneros que hicieron historia en San Pedro

SAN PEDRO.— Entre la tierra roja, la verde selva, las majestuosas araucarias y el paso de cada uno de sus pioneros, San Pedro cumple 146 años de fundación. Los pequeños trillos entre el monte ya no existen, el casco céntrico creció y de aquellos tiempos quedan recuerdos, memorias y legados que se sostienen con orgullo.
Ese es el caso de doña Rosa y don Chiquito, los primeros en vestir de manera artesanal a los sampedrinos. Ella hizo historia al convertirse en la primera mujer en tejer a máquina.Cautivados por la madera y la fiebre de la yerba mate, llegaron un 29 de junio de 1880 los primeros pioneros oriundos de Brasil.
Entre ellos, Aparicio Grondona, Belarmino Machado, Manuel Ferreira y Gabino Saboero, quienes marcaron la fundación de un departamento que se creó oficialmente el 30 de septiembre de 1895.El anhelo, la esperanza y la fortaleza que los trajo hasta este pedazo de suelo misionero fue sucedido por familiares y nuevas familias que llegaron desde distintos puntos de la provincia con el afán de trabajar la tierra o desempeñarse en las grandes industrias madereras que se habían instalado.Cada nuevo aniversario es un momento de unión, de festejo y celebración, pero también de poner en valor a quienes con enorme esfuerzo trazaron el futuro del pueblo. Uno de esos ejemplos es el de doña Rosa Chusta y don José María “Chiquito” Dornelles, un matrimonio que lleva 58 años de casados y que encontró en San Pedro el lugar para formar una familia, construir un comercio y convertirse en parte de la historia cotidiana del pueblo.Doña Rosa llegó a San Pedro en 1955, cuando apenas tenía 5 años.
Su padre, mecánico de profesión, fue convocado para instalar la maquinaria de importantes aserraderos que comenzaban a desarrollarse en la zona. Provenían de Apóstoles y encontraron un pueblo muy distinto al actual.“Todo esto era yerba.
Había muy pocas casas y después el pueblo fue creciendo”, recordó mientras vuelve a recorrer con la memoria aquellos primeros años.Rosa conserva intacta la imagen de la avenida 25 de Mayo cuando recién comenzaba a tomar forma y el centro apenas daba sus primeros pasos.Don Chiquito, en cambio, nació en San Pedro en 1943. Hijo de un trabajador yerbatero, pasó su infancia entre distintos parajes, acompañando a su familia en las tareas rurales.
Cursó sus primeros años en la entonces Escuela Nacional Nº 18 y a temprana edad inició a trabajar en uno de los comercios más importantes de la época. “Me crié acá, fui a la escuela y después empecé a trabajar. Así era la vida de entonces”, resumió con la sencillez que caracteriza a quienes hicieron del trabajo una forma de vida.Su historia de amor inició mucho antes del matrimonio.
Fueron compañeros de escuela y con el paso de los años ese vínculo se transformó en una familia que hoy suma tres hijos y seis nietos. Incluso antes de casarse construyeron juntos la casa donde iniciarían una nueva etapa.IniciosLos comienzos no fueron para nada fáciles.
Mientras trabajaba durante el día en ‘La Casa de Todo’, Chiquito también atendía el buffet del Club San Pedro por las noches. Dormía apenas unas horas antes de regresar nuevamente a su empleo. “Salía del trabajo a las siete y media de la tarde, iba al club hasta las cuatro o cinco de la mañana, desayunaba y volvía otra vez a trabajar.
Así estuve cuatro años”, contó.Ese sacrificio les permitió abrir su primer emprendimiento: una pizzería que más tarde se transformó en la recordada confitería y bailable ‘Rochy’, uno de los primeros espacios de encuentro social de San Pedro. Cuando terminaban las funciones del antiguo cine, decenas de vecinos llegaban para compartir una bebida, una pizza o las empanadas preparadas por doña Rosa.Entre tantas historias que quedaron grabadas, hay una que todavía los hace sonreír.
Muchos años después, un antiguo cliente y amigo de la familia que emigró a Italia los llamó por teléfono en plena madrugada para pedirles una docena de empanadas. La sorpresa fue enorme cuando descubrieron que el llamado llegaba desde Europa y que el verdadero motivo era volver, aunque fuera por unos minutos, a los sabores que marcaron su juventud.En 1980 decidieron cambiar nuevamente de rumbo.
Abrieron una mercería, una lanería y luego incorporaron la venta de telas, mientras Rosa se dedicaba de lleno al tejido y la costura. Fue una de las primeras tejedoras a máquina de San Pedro y durante cuatro décadas confeccionó abrigos, uniformes escolares y ropa para bebés.Con orgullo recuerda que muchas de aquellas prendas todavía siguen en uso. “La gente viene y me dice: ‘Mi mamá me compró la ropa acá cuando yo nací y ahora vengo a comprar la ropa para mi bebé’”.Incluso mencionó el caso de un cliente que aún conserva un abrigo tejido por ella hace más de 55 años. “Todavía lo sigue usando”, aseveró con una sonrisa que refleja la satisfacción del trabajo bien hecho.Nunca tuvieron empleados.
Mientras Rosa cosía y tejía, Chiquito atendía el negocio. Entre ambos administraban cada peso y enfrentaban las dificultades económicas con la misma filosofía que mantienen hasta hoy. “Siempre trabajando y administrando.
Así se lleva un negocio”.Hoy continúan abriendo las puertas del local. Reconocen que las ventas ya no son las mismas y que los tiempos cambiaron, pero también admiten que el comercio sigue siendo parte de sus vidas. “Esto para nosotros es un entretenimiento.
¿Qué vamos a hacer los dos solos dentro de la casa? Acá por lo menos estamos con la gente”, comentó Rosa.Los recuerdos de aquel San Pedro de calles de tierra aparecen una y otra vez durante la charla.
Rosa revive con emoción la histórica nevada de 1956, la primera que vio en su vida. “Nunca me voy a olvidar. Vi una pareja de novios caminando por un trillo con el vestido blanco sobre la nieve.
Fue una cosa divina”.Chiquito también recuerda cuando el lugar donde hoy se levanta el centro era un gran yerbal. “Los camiones se enganchaban en las plantas de yerba para salir del pantano”.Con este nuevo aniversario de San Pedro, ambos coinciden en el deseo de que el pueblo continúe creciendo sin perder los valores que lo hicieron grande. Chiquito invita a los jóvenes a respetar a sus familias, cuidar el rumbo de sus vidas y apostar por la localidad.
Rosa resumió: “Que San Pedro siga creciendo y que siga progresando”.
Información de El Territorio (Misiones). Edición y redacción: Noticias Today.
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