El Tour Divide no es una prueba ciclista de ultradistancia, sino una aventura salvaje que remite a los pioneros. Es un gran viaje a pedales de 4.300 kilómetros (50.000 metros de desnivel positivo) con origen en Banff (Canadá) y final en la frontera de Estados Unidos y México.

La meta es un punto del track que sirve a la organización, en el que los participantes no encuentran nada salvo la valla que separa ambos países. No hay nadie para recibir a los finishers, no hay celebración, ni podio, ni patrocinadores ni nada que no sea el final de las penurias.

Entre medias, horas de absoluta soledad, autonomía, toma de decisiones, esfuerzos brutales, tormentas de nieve, paso de montaña a casi 4.000 metros, calor sofocante, la amenaza cada vez más presente de los osos Grizzlies en el norte y de las serpientes de cascabel y los escorpiones al sur. Seguir leyendo