Durante décadas, los ovarios fueron vistos como órganos casi apagados después de la menopausia. Un estudio publicado en Molecular Human Reproduction plantea otra lectura: en esa etapa, el ovario pierde su identidad reproductiva y adquiere rasgos parecidos a los de un órgano inmunitario.

El trabajo, liderado por Francesca E. Duncan, de la Facultad de Medicina Feinberg de Northwestern University, analizó ovarios de ratones jóvenes, viejas en edades reproductivas y posreproductivas.

Para hacerlo, el equipo combinó observación microscópica del tejido con análisis de ARN, una técnica que permite ver qué genes están activos. El proceso observado siguió una secuencia.

Primero, con la edad desaparecieron los folículos, que son las estructuras donde maduran los óvulos y que también producen hormonas. Luego, el tejido mostró remodelación, más depósito de colágeno y señales de fibrosis, es decir, acumulación de tejido más rígido.

Pero el cambio no terminó allí. En los ovarios posreproductivos aumentaron células del sistema inmunitario, como células T, macrófagos y células gigantes multinucleadas.

También subió la actividad de genes relacionados con inflamación, presentación de antígenos y producción de inmunoglobulinas. El estudio encontró, asimismo, que algunos genes más activos en los ovarios de mayor edad podrían producir factores secretados.

Esto significa que, si esos genes se traducen en proteínas, esas moléculas podrían salir del ovario y actuar en otros tejidos. Los autores indican que se necesitan más estudios para confirmar si esas proteínas aparecen en sangre y si tienen efectos fuera del ovario.

Un preprint (una versión preliminar del estudio que aún no ha sido revisada por pares) disponible en la plataforma bioRxiv aporta una pieza humana a esta hipótesis. Ese trabajo analizó ovarios no patológicos de 28 mujeres posmenopáusicas de 50 a 75 años y encontró cambios progresivos en 5.812 grupos de proteínas, con señales de remodelación de la matriz extracelular, inflamación y activación del sistema del complemento.En una nota publicada por la revista Science, Duncan expresó que este hallazgo le mostró que “algo más está ocurriendo” en un órgano que se suponía inactivo.

La revista también recogió declaraciones de Bérénice Benayoun, gerontóloga de la Universidad del Sur de California, quien no participó en el estudio, pero indicó que el trabajo cambia la visión del ovario posreproductivo como una “cáscara vacía” hacia un órgano con una posible nueva función.La principal cautela está en el alcance. Los datos revisados por pares provienen de ratones, que no experimentan una menopausia igual a la humana.

Asimismo, los autores reconocen que el análisis de ARN usado no permite distinguir por completo si las señales inmunitarias vienen de células inmunes infiltradas o de células ováricas que cambiaron su identidad. Los autores advierten que los resultados deben interpretarse con cautela, pues el análisis utilizado aún no permite determinar con certeza si las señales inmunitarias provienen de células del sistema inmunitario que ingresaron al ovario o de células ováricas que adquirieron características inmunitarias.