SAE: avanzar sin partir de cero

Previo al ingreso del proyecto de ley que modifica el Sistema de Admisión Escolar (SAE), no faltaron las advertencias sobre un supuesto retroceso. Se aseveró que cualquier cambio significaría volver atrás, eliminar la tómbola o crear un sistema paralelo que terminaría perjudicando a las familias.
Conocido el texto, queda claro que esos temores no se condicen con la propuesta del Ejecutivo. El proyecto mantiene una plataforma centralizada de postulación y los principios de transparencia y no discriminación que inspiraron la reforma.
Lo que busca es corregir uno de sus principales problemas: la excesiva dependencia del azar en los establecimientos sobre demandados, incorporando criterios que permitan reconocer el mérito académico, las trayectorias formativas y la adhesión a los proyectos educativos. Entonces, la discusión en este caso debe centrarse en qué problemas concretos se busca resolver.Para entender por qué estas modificaciones son necesarias, conviene mirar tanto los avances como las limitaciones que ha mostrado el sistema durante la última década.
El SAE introdujo avances importantes: transparentó los procesos de admisión, eliminó arbitrariedades y facilitó la postulación de las familias. No obstante, también generó efectos que hoy son difíciles de ignorar.
Cuando la cantidad de postulantes supera las vacantes disponibles la asignación termina dependiendo principalmente del azar. Según datos del Mineduc, los establecimientos con alta demanda, 8 de cada 10 estudiantes son asignados sin cumplir ningún criterio de prioridad.
Asimismo, los estudiantes de mejor rendimiento tienen menos probabilidades de acceder a su primera preferencia precisamente porque suelen postular a los establecimientos más demandados: sólo un 47% de ellos logró acceder a su primera opción en I° medio, 9 puntos porcentuales menos que el resto de los postulantes.Así, la reforma no elimina el SAE ni vuelve al sistema anterior. Mantiene una plataforma centralizada de postulación y los principios de transparencia y no discriminación, pero introduce mayor flexibilidad para reconocer factores que hoy el sistema ignora.¿Quiénes se benefician?
Familias que buscan proyectos educativos acordes a sus expectativas; estudiantes cuyo esfuerzo, talento e intereses serán considerados; establecimientos que recuperan su identidad educativa y cuentan con más herramientas para construir comunidades cohesionadas y enfrentar los desafíos del aula.Por supuesto, esta reforma no resolverá por sí sola los problemas de aprendizaje o convivencia escolar. Pero sí se hace cargo de una parte importante del diagnóstico: reconocer que la educación es mucho más que un mecanismo de asignación de vacantes y que las escuelas necesitan mayor autonomía para cumplir su tarea formativa.Por Florencia Croxatto Santolaya, Economista, Libertad y Desarrollo
Información de La Tercera (Chile). Edición y redacción: Noticias Today.
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