Desde el balcón de su casa, Jordi Galí (Barcelona, 63 años) ha visto la llegada de la comitiva judicial, escoltada por una decena de furgones de los Mossos d’Esquadra y con apoyo de la Guardia Urbana. Su familia, que residía desde hacía 22 años en un piso de la calle Marina de Barcelona, ha sido desalojada este viernes a las 10.30, pese a que decenas de activistas y vecinos se concentraron frente al edificio para intentar impedirlo.

Aunque los servicios sociales habían acreditado la situación de vulnerabilidad de la familia, la ejecución ha sido posible luego de el decaimiento de la moratoria antideahucios del escudo social que protegía a estos hogares después de que el Congreso rechazara prorrogarla con los votos de PP, Vox y Junts. “Es muy duro que te echen de casa. Cada objeto era un recuerdo”, ha lamentado Jordi pocos minutos después del desalojo.Seguir leyendo