El Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) han dejado de ser simples organizaciones de narcotráfico para operar bajo la lógica de conglomerados multinacionales, una transformación que el senador estadunidense Sheldon Whitehouse compara directamente con la estructura de las empresas de la lista Fortune 500, según una audiencia el pasado miércoles en el Senado de Estados Unidos. Esta mutación se apoya en lo que el senador John Cornyn describe como un agnosticismo de mercancía, donde el objetivo principal es el lucro financiero sin importar el origen o tipo de producto, permitiéndoles adaptarse y diversificarse mucho más allá del tráfico de drogas tradicional.

En este nuevo esquema empresarial, los recursos naturales han pasado a ocupar un lugar estratégico en sus balances financieros. Vanda Felbab-Brown, de la Institución Brookings, ha documentado cómo estas organizaciones han extendido sus operaciones hacia la minería ilegal de oro, la tala y el tráfico de vida silvestre, incursionando incluso en territorios tan lejanos como África.

Esta expansión de los cárteles mexicanos genera riesgos que superan lo estrictamente criminal, afectando la biodiversidad y la seguridad alimentaria, asimismo de facilitar la propagación de enfermedades zoonóticas que pueden impactar directamente en la economía y salud de las naciones socias. El control de los mares representa otra de las aristas más agresivas de este modelo de diversificación.

Los cárteles están capturando sectores enteros de la industria pesquera en México mediante tácticas que Felbab-Brown califica como de estilo gánster, donde obligan a hoteles y comercios legítimos a comprar productos marinos recolectados ilegalmente o extorsionados a pescadores locales bajo la amenaza de violencia. Para sostener esta red, establecen alianzas con flotas pesqueras extranjeras que operan en Centroamérica, utilizando estas embarcaciones para una logística dual: el transporte de narcóticos y el comercio ilícito de especies marinas que luego se introducen en mercados legales.

Paralelamente, la crisis migratoria se ha consolidado como una línea de negocio masiva y constante. El senador Cornyn indicó que las organizaciones criminales han capitalizado los flujos de personas en las fronteras para integrar el tráfico humano, aprovechando la misma infraestructura que ya utilizaban para el contrabando de sustancias.

La magnitud de este desafío radica en que la caída de una ruta de droga o un decomiso importante ya no asfixia financieramente a estas organizaciones. La diversificación hacia economías legales e ilegales les permite mantener flujos de capital redundantes y sistemas de suministro que se replican automáticamente.

Esta estructura que, según la DEA, tiene presencia en más de 40 países, representa una amenaza que trasciende la seguridad pública. am