'La cronología del agua' de Kristen Stewart: La memoria del cuerpo, el cuerpo como cine
“'La cronología del agua' deja un muy agradable sabor de boca con un debut que sorprende”: David Guzmán QuinteroGUILLAUME HORCAJUELOCalificación cine opinión 5,0Luego de su interpretación de la princesa Diana en Spencer, de Pablo Larraín, Kristen Stewart consolidó una faceta de su carrera que durante años permaneció eclipsada por la popularidad de Crepúsculo. Ahora, con La cronología del agua, su debut como directora, se presenta como una creadora con una mirada sensible y estéticamente inteligente, cuyo acercamiento formal hacia la representación emocional de la memoria no puede haberse ejecutado de forma más precisa.De entrada, vale la pena hacer notar que una constante en los filmes dirigidos por actores es la presencia de un componente dramático bastante sofisticado: diálogos ingeniosos, actuaciones impecables, estructuras narrativas sumamente sólidas, etcétera.
Todo eso hay en La cronología del agua. Pero, quizá debido justamente a su antecedente como actriz, el relato no deja de conmover mediante un acercamiento particularmente interesado en el cuerpo.
En ese sentido, no es de extrañar que el filme llegue a emanar cierto aroma al cine de Claire Denis. No obstante, ese componente dramático también se encuentra bien apropiado por la directora: los diálogos, ingeniosos, sí, pero también fragmentados en varios puntos, logrando una lógica muy cercana al absurdo.
La estructura narrativa es sólida, pero constantemente comprometida ante la propuesta poética de Stewart.Esta propuesta queda sintetizada muy al inicio del filme con el agua arrastrando sangre. A partir de allí, Stewart presenta varios retazos enlazados con el recurso de la escritura, que también se encuentra en la inscripción de las marcas corporales.
Esos fragmentos, filmados casi siempre en planos bastante cerrados, cumplen también una función narrativa muy eficaz al sostener la ambigüedad con un impecable dominio técnico. La memoria, pues, como memoria que es, hace asociaciones, condensaciones y “pasos en falso” en pro de la evocación emocional: las transiciones recuerdan mucho a las anticipaciones de Easy Rider, la música es una orquesta de suspiros y ruidos desafinados y la imagen se genera mediante una compleja relación entre lo visual y lo sonoro, como el plano en el que nos muestran un trofeo con los ruidos de unos azotes.
En suma, todo esto constituye una reflexión poética en torno al mérito, el dolor y el sacrificio. Así, frente al discurso habitual de que la disciplina más rígida al final vale la pena, Stewart parece preguntarse: “¿En serio vale la pena?” Y, como en los mejores relatos, le reserva al espectador la responsabilidad de responder.En esa tensión entre la experiencia vivida y la forma de recordarla se encuentra la mayor virtud del filme: convertir el dolor en una experiencia estética donde las imágenes permiten acercarse a aquello para lo que las palabras no alcanzan.
La cronología del agua deja, así, un muy agradable sabor de boca con un debut que sorprende no solo por su sensibilidad, sino por la seguridad formal con la que Stewart convierte la memoria en lenguaje cinematográfico. Queda, entonces, una expectativa enorme ante sus próximos pasos como directora.
Información de El Espectador (Colombia). Edición y redacción: Noticias Today.
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