¿Metástasis es igual a muerte? Escuchar esta palabra es complejo, para algunos significa una sentencia, que el cáncer ya había salido de su lugar de origen, que había llegado a otros órganos y que no había muchas otras cosas que hacer; no obstante, en los últimos años, la innovación médica cambió este paradigma.

La metástasis sigue siendo una etapa grave de la enfermedad. No significa cura ni garantiza que todos los pacientes puedan recibir los mismos tratamientos.

Pero en algunos tipos de cáncer, como pulmón, piel o cervicouterino, la inmunoterapia abre una nueva posibilidad: no atacar directamente al tumor como lo hace la quimioterapia, sino ayudar al sistema inmune a reconocerlo de nuevo. El cáncer no solo crece.

En algunos casos, también aprende a evadir las defensas del cuerpo. Las células tumorales pueden usar mecanismos que normalmente sirven para apagar al sistema inmune después de una infección o de una inflamación.

Es decir, toman una señal útil para el organismo y la convierten en una especie de camuflaje. Ahí entra la inmunoterapia.

A diferencia de la quimioterapia, que actúa como un tratamiento citotóxico contra las células tumorales, este abordaje busca quitar el freno que impide que las defensas actúen. En México, el cáncer sigue siendo uno de los mayores retos de salud pública.

De acuerdo con estimaciones de GLOBOCAN 2022, el país registró más de 207 mil casos nuevos de cáncer y más de 96 mil muertes por esta causa. En cáncer de pulmón, uno de los tumores más agresivos, se estimaron 8 mil 257 casos nuevos y 7 mil 808 muertes durante ese año.

Algunos cánceres se detectan cuando ya hay pocas opciones locales, como cirugía o radioterapia. En cáncer de pulmón, por ejemplo, una investigación con datos del Instituto Nacional de Cancerología reportó que 74% de los pacientes fueron diagnosticados en etapa avanzada.

Cuando eso ocurre, la estrategia médica cambia. Ya no se trata solo de quitar un tumor visible, sino de controlar una enfermedad que puede estar en distintos puntos del cuerpo.

En algunos casos, la inmunoterapia puede usarse sola; en otros, combinada con quimioterapia, radioterapia o cirugía, dependiendo del tipo de tumor, la etapa, los biomarcadores y las condiciones del paciente. Una de las claves para entender la inmunoterapia es que no funciona igual en todos los cánceres ni en todos los pacientes.

En cáncer de pulmón, por ejemplo, los médicos pueden revisar biomarcadores como PD-L1 y realizar pruebas genéticas para saber si conviene usar inmunoterapia, combinarla con quimioterapia o elegir un tratamiento dirigido contra una mutación específica. En cáncer de piel avanzado, en cambio, el panorama puede ser distinto, pues algunos tumores son altamente inmunogénicos, es decir, tienen más posibilidades de despertar una respuesta del sistema inmune.

En cáncer cervicouterino avanzado o recurrente, la inmunoterapia también puede considerarse en determinados escenarios. Cuando se habla de cáncer avanzado, los meses importan, pero no son lo único.

También cuenta cómo se viven. La inmunoterapia no está libre de efectos secundarios: al activar al sistema inmune, puede provocar reacciones autoinmunes, alteraciones en tiroides o inflamación pulmonar, aunque no todos los pacientes las presentan.

El mensaje, entonces, no es que la metástasis haya dejado de ser grave. Lo es.

Tampoco que la inmunoterapia sea una solución universal. No lo es.

Pero sí que el diagnóstico de enfermedad avanzada ya no siempre cierra todas las puertas. Para quienes reciben un diagnóstico así, esa diferencia puede cambiarlo todo: no porque borre el miedo, sino porque permite hacer nuevas preguntas.

Qué tipo de tumor tengo. Qué biomarcadores deben medirse.

Qué opciones existen. Qué riesgos hay.

Y si todavía hay una forma de que el propio cuerpo vuelva a reconocer aquello que el cáncer aprendió a esconder.