"España ha entrado en la nueva era de incendios extremos que constata el colapso de un modelo basado principalmente en apagarlos y un paisaje y sociedad que no están adaptados a convivir con el fuego". Esta es una de las ideas principales que se desprenden del informe anual de WWF sobre incendios forestales, presentado este jueves en Madrid, y en el que los expertos han reclamado actuaciones preventivas como el impulso de mosaicos agroforestales que frenen la propagación de las llamas, cartografiar las zonas de alto riesgo de incendio (ZARI), gestionar anualmente al menos el 1% de la superficie forestal nacional y aumentar la inversión en prevención y adaptación.

La técnica especialista en incendios forestales de WWF España, Lourdes Hernández, ha advertido de que el riesgo para este año, cuando la superficie quemada a 17 de junio ya es el triple que la del año pasado a estas alturas, es el mismo que el del verano de 2025, cuando ardieron 355.000 hectáreas, un dato que supone un "punto de inflexión histórico" —según resalta el informe— solo superado en 1994. "En 2025 comienza a observarse un cambio de tendencia en la evolución de la superficie afectada por incendios en España: luego de décadas de reducción progresiva, la media de superficie afectada entre 2016 y 2025 aumentó un 8% respecto a la década anterior", reza el trabajo.De cara a este año, en el que, al igual que la temporada anterior, el verano viene precedido de una primavera lluviosa que ha dado lugar a gran cantidad de vegetación y, asimismo, la primera ola de calor ha llegado de forma temprana —este jueves se ha despedido—, Hernández ha expuesto que "va a estar muy condicionado a las condiciones climáticas que haya a lo largo del verano.

Las crisis de grandes incendios forestales están muy asociadas a las olas de calor. El riesgo estructural sigue igual que el año pasado y en los últimos años.

El territorio sigue sin estar adaptado".En esa línea, el director de conservación de WWF España, Enrique Segovia, ha agregado que la situación para este año "no pinta bien", aunque ha apuntado que la vegetación este año "está más resistente" que en 2025, cuando veníamos de "tres años de sequía". "Hay riesgo extremo de incendios en todo el país en los próximos tres meses.

Es lógico porque ya lo estamos viendo. Hay que extremar la precaución y evitar las actividades en el medio forestal como trabajos agrícolas, barbacoas y todo lo que conlleve chispas.

En el noroeste se quemaron 350.000 hectáreas [el año pasado], igual ahora mismo no es la zona que más fuego pueda tener por la cantidad que ha ardido, pero en otras Comunidades Autónomas no lo sabes", ha expuesto durante la rueda de prensa en la que se ha presentado el informe.El documento subraya que el 90% de las 355.000 hectáreas que se quemaron en el país el año pasado ardieron en apenas dos semanas en agosto. Asimismo, el número de grandes incendios forestales (GIF) —de más de 500 hectáreas— fue "absolutamente disparatado" —en palabras de Hernández—: se registraron 65, frente a una media de 29 en la última década.

"De hecho, de los 16 incendios mayores de 20.000 hectáreas de toda la serie histórica (1968-2025), cinco se produjeron durante el episodio extraordinario de agosto de 2025. En tan solo cuatro de estos GIF se quemó prácticamente la misma superficie que la media de superficie forestal del último decenio.

Más del 87% de la superficie total afectada fue en GIF", reza el informe.El trabajo recoge otros datos de récord como la referente a la extensión media de los GIF actuales: unas 5.600 hectáreas frente a las 1.500 de la serie histórica. "Los GIF apenas representaron el 0,31% del total de los siniestros entre 2016 y 2025, pero en ellos se registraron los mayores impactos ambientales y sociales.

Este porcentaje se ha incrementado en un 47% respecto a la década anterior, lo que refleja que existe un mayor riesgo estructural y latente en el territorio. El paisaje está acumulando las condiciones propicias para que un incendio escape rápidamente de la capacidad de control inicial.

En 2004, los GIF representaron el 0,10% del total de los siniestros frente al 0,77% en 2025", abunda el estudio."La celeridad, la gravedad, la intensidad y el comportamiento de los incendios del año pasado fue mucho mayor que lo que habíamos visto hasta ahora. Los propios bomberos aseguran que no habían visto tantos incendios con este comportamiento sucediendo al mismo tiempo.

Hubo picos de simultaneidad de hasta 18 grandes incendios activos al mismo tiempo, lo que satura absolutamente los dispositivos de extinción", ha indicado Hernández. "Estos incendios ya no son solo un problema forestal sino que se están convirtiendo en emergencias civiles"La campaña del año pasado dejó ocho víctimas mortales y 79 heridos, un aumento del 60% y del 129%, respectivamente, respecto a 2024, añade el trabajo.

Se realizaron más de 42.000 evacuaciones y varios municipios quedaron arrasados. "Estos incendios ya no son solo un problema forestal sino que se están convirtiendo en emergencias civiles", ha recordado Hernández.

La especilista ha subrayado que en la actualidad se observan "incendios que cada vez con más frecuencia tienen comportamientos explosivos y se propagan de forma errática, muy compleja de predecir". "Cada vez hay más probabilidades de que un incendio derive en un gran incendio de alta intensidad de los que los operativos dicen que son inapagables", ha agregado luego de explicar que a pesar de que el número de siniestros se ha reducido, la proporción de grandes incendios ha crecido en las últimas décadas.Propuestas: mosaicos agroforestales y mapeo del riesgoPor todo ello, los incendios de 2025 confirman, según WWF, "los límites de un modelo de lucha contra los incendios forestales que ha quedado obsoleto ante el nuevo contexto climático".

El informe afirma que en la actualidad se dedica el 78% de los recursos a la extinción (entre 600 y 700 millones de euros al año) y un 12% a la prevención, la gestión forestal y la adaptación del paisaje (180 millones de euros al año).Desde la organización ecologista apuestan por crear mosaicos agroforestales que permitan frenar la propagación de las llamas en caso de incendio. Según explican, combinando diferentes usos agrícolas del suelo (cultivos, pastos, ganadería extensiva, bosques...), asimismo de revitalizar las zonas rurales, se consigue un territorio más resiliente.

En cambio, el abandono del campo carga el terreno de vegetación que hace de combustible continuado para el fuego, favoreciendo su extensión.El informe también reclama identificar y cartografiar las zonas de alto riesgo de incendio (ZARI) y las zonas estratégicas de gestión (ZEG) donde concentrar las actuaciones preventivas; gestionar anualmente al menos un 1% de la superficie forestal a escala nacional, impulsar un plan nacional en el que se comprometan "todos los partidos políticos" y blindar la interfaz urbano-forestal mediante planes de autoprotección con criterios comunes en todas las regiones, así como trabajar en una fiscalidad basada en "quien contamina, paga; y quien conserva, recibe". A este respecto, Enrique Segovia ha reclamado un Plan de Acción Integral de Prevención y Adaptación a los Incendios Forestales basado en tres ejes: incrementar la resiliencia del territorio, minimizar la vulnerabilidad de las personas y reducir la siniestralidad.

"El Gobierno tiene que hacer su parte, pero también las CCAA, los ayuntamiento, las empresas y las personas, ya vivan en el media rural o en el urbano. Esto es algo que nos afecta a todos", ha recalcado.

Asimismo, Segovia ha animado a conocer mejor las causas y las motivaciones de los incendios, una reivindicación que lleva realizando "desde hace 20 años". "Los incendios forestales no van a dejar de exitir, pero tenemos que conseguir que no sean tan dañinos", ha concluido.