SEÑOR DIRECTOR:Este martes, un hombre en situación de calle fue encontrado sin vida en una banca de la plaza de Quilicura, en medio de jornadas marcadas por bajas temperaturas. El hecho conmueve y obliga a una reflexión que va más allá de las circunstancias particulares de esta tragedia.Cada invierno, el Estado activa el Código Azul porque reconoce una realidad evidente: el frío extremo pone en riesgo la vida de quienes viven a la intemperie.

No obstante, al mismo tiempo, seguimos observando prácticas que desplazan a personas en situación de calle de plazas, bandejones, espacios públicos y otros lugares donde intentan resguardarse. ¿Cómo compatibilizamos la urgencia de proteger la vida con acciones que aumentan la incertidumbre y la vulnerabilidad de quienes no tienen un hogar?El Código Azul no puede ser solo una respuesta al frío.

Debe ser la expresión de una convicción más profunda: que ninguna persona es desechable y que la protección de la vida debe orientar todas nuestras políticas públicas. Porque cuando una persona muere sola en una banca, el desafío no es solo responder a la emergencia.

Es construir una sociedad capaz de ofrecer protección, acompañamiento y alternativas antes de que sea tarde.Liliana CortésDirectora social del Hogar de Cristo