De escribas y clásicos (Rumbos de democracia XIII)

Los romanos fueron prácticamente los creadores del concepto de lo “clásico”, y trabajaron arduamente con distintos estudiosos no solo para preservar las obras griegas que habían sobrevivido, sino para explicarlas e intentar ser lo más fieles posibles a ellas. Era claro que preservar la cultura, para ellos, era un paso decisivo para mantener el imperio.
En la Antigua Roma, los papiros eran utilizados en una sola de sus caras, pues los escribas consideraban que únicamente el lado de las vetas garantizaba cierta duración de los rollos y, lo más valioso, de lo escrito.WikicommonsEn los tiempos de la antigua Grecia, cinco de cada cien habitantes sabían leer y escribir. Años más tarde, durante los del Imperio Romano, la cifra subió hasta diez.
No obstante y de alguna manera, aquellos números no decían lo mismo que dijeron después. Los griegos, los romanos y los pueblos árabes y los persas, etcétera, le daban una gran importancia a los textos aprendidos y recitados de memoria.
La poesía se escribía en rima para que quienes la decían pudieran aprendérsela con mayor facilidad. Cicerón afirmó que él fue el último de los romanos que se aprendió de memoria todos los códigos inscritos en la Ley de las XII tablas.
Quienes escribían eran libres en mayor o menor medida para plasmar lo que querían, pero claramente había una diferencia entre lo escrito e impreso en rollos que luego fueron sustituidos por códices, y lo que se recitaba o expresaba. Peter Watson escribió en su libro “Ideas, historia intelectual de la humanidad”, que “Las Doce Tablas prohibían la difamación y Augusto, pese a no prestar mucha atención a las sátiras dirigidas personalmente contra él, había convertido en delito criminal el firmarlas”.
Los romanos estaban convencidos de que eran una civilización activa, que hacía cosas, que luchaba por hacerlas y que administraba lo que hacía. Obedecían a la doctrina de la ‘utilitas’, utilidad, sobre la del ‘uoluptas’, placer.
Le lectura, decía Watson, “era una actividad útil únicamente en la medida en que conducía a la escritura”. De acuerdo con aquellos preceptos, Horacio, poeta satírico y lírico, escribió: “Los poetas quieren ser de utilidad o proporcionar placer… El poeta que mezcla lo útil (utile) y lo placentero (dulce) es aclamado por todos, pues deleita y aconseja al lector al mismo tiempo”.Le puede interesar: La ley de las XII Tablas, el origen del derecho y la base de la República romanaComo lo habían pensado los griegos antes, los romanos, como Horacio, consideraban que los poetas eran particulares, especiales.
Por eso los llamaban ‘oates’, una palabra que significaba “profeta”. El término ‘oates’ derivó en vates, y por ellos desde aquellas épocas a los poetas se les llamó “vates”.
Las obras de los ‘oates’ fueron prolijamente conservadas, igual que muchos otros textos que se escribieron durante los primeros siglos después de la muerte de Cristo, y que algunos que lograron sobrevivir de los griegos, e incluso, de antes. Para ellos, eran “clásicos”.
El concepto de los clásicos no solo surgió con el Imperio Romano, sino que se hizo norma para ellos. La idea de la preservación de los textos iba de la mano con la de su estudio y sus comentarios, que realizaban en las márgenes de los libros.Según Watson, “Nuestras palabras escuela y escolar (y los términos ingleses scholar y scholarship, relacionados con el estudio y la erudición) provienen en realidad de la costumbre medieval de escribir comentarios críticos y observaciones en las márgenes de los libros, comentarios que se conocían como scholia, escolios”.
En Colombia, un ensayista, Nicolás Gómez Dávila, tomó la palabra escolios para utilizarla como un estilo literario, y sus obras se conocieron como “escolios”. Antes de los escolios, ya existía la práctica de los comentarios y críticas, esencialmente en la biblioteca de Alejandría, “y empezó allí -como lo indicó Watson- por las características particulares de los libros antiguos, los rollos”, que se hacían con el papiro, la pulpa fibrosa de los juncos que crecían en las orillas del Nilo, de norte a sur.Le sugerimos: Las consecuencias del senado vitalicio en Roma (Rumbos de democracia XI)Para hacer los rollos, los impresores de la época, por llamarlos de algún modo, prensaban dos capas perpendiculares que se pegaban una detrás de la otra.
La primera hoja era conocida como “protocol”, y la otra, la segunda, como “estachacol”. En cada hoja cabía una columna de texto, que medía entre veinte y veinticinco centímetros de altura, y cada una de aquellas columnas estaba compuesta por casi treinta renglones.
Los papiros eran utilizados en una sola de sus caras, pues los escribas consideraban que únicamente el lado de las vetas garantizaba cierta duración de los rollos y, lo más valioso, de lo escrito. “En tiempos de escasez -como escribió Watson-, cuando, como hemos visto, el gobierno egipcio prohibió la exportación de papiro en un intento por controlar la producción de libros, se usaron pieles de animales, en particular en Pérgamo, de donde viene el término ‘pergamino’”.Los textos de los rollos eran leídos desde arriba, y los lectores desenrollaban el papiro y enrollaban la parte de abajo. Al término de la lectura, era casi que ley bajo pena o castigo que quien lo había leído lo devolviera como estaba al principio.
Según el libro “Scribes and Scholars: A Guide to the transmisión of Greek and Latin Literature”, de L.D. Reynolds y N.G.
Wilson, algunos de los rollos egipcios podían medir hasta diez metros, y la práctica de enrollarlo hacía que se desgastaran. Otro de los problemas era la cita de autores.
Según Watson, “cuando un autor decidía citar a otro, era muy probable que, en lugar de molestarse desenrollando el rollo pertinente, prefiriera confiar en su memoria. Copiar los textos era, por tanto, mucho más difícil de lo que a primera vista parece”.En los tiempos de los rollos y del papiro aún no existían normas de puntuación.
Los escritos iban de largo, sin divisiones de ningún tipo entre palabra y palabra, un estilo, o costumbre, o necesidad, que duraría hasta el final de la Edad Media. Cuando los textos tenían que ver con alguna obra de teatro, los personajes y sus entradas a escena no estaban marcados, o si lo estaban, apenas era con una línea o guion que el tiempo, indefectiblemente, hacía que se borraran.
Ante aquellas dificultades, y para poder comprender a cabalidad lo que los poetas, historiadores, pensadores y demás habían dejado por escrito, surgió el estudio de los textos. Los escribas eran personajes de profundos y extensos conocimientos, no sólo en cuanto a la historia y sus personajes, sino con respecto a la interpretación de los rollos.
Los escribas eran fundamentales dentro de la cultura de las sociedades, y esenciales para el futuro. Las diversas dificultades que había con los rollos llevaron también a que en la biblioteca de Alejandría, por ejemplo, la mayoría de las copias de los clásicos griegos fueran diferentes unas de las otras, y no sólo en asuntos menores, sino en aspectos decisivos.
Ante tales inconvenientes, los escribas de distintos grados decidieron reunirse cada vez más para determinar qué texto entre los muchos que existían de cada supuesta obra, y de cada autor, era el que iban a tomar como texto de base, o estándar. Después, lo traducirían al griego más presente, pues muchos habían sido escritos en el siglo V a. de C., o antes.
Luego crearon un sistema de acentuación para unificar los significados, e incluso, la pronunciación. Por último, y para tratar de ser cada vez más explícitos y literales, los escribas crearon unos rústicos signos de puntuación, como los guiones, llamados ‘obelos’, y el ‘asterisko’, un llamado de atención que marcaba los pasajes mal repetidos de un pasaje.
Al final, hacían libros de los libros, con los comentarios necesarios para que se pudiera comprender la obra original, o para que los futuros escribas y lectores supieran de dónde y cómo habían surgido sus distintos transformaciones, o como listados de los libros que había sobre un tema, o de un autor, o región o época. De algún modo, y cada día más, los textos escritos sobre otros textos fueron desde los años del Imperio Romano especies de bibliotecas sobre bibliotecas, y el rigor con el que se trabajaban fue decisivo para Roma, su prevalencia y su historia.Siga leyendo: La ‘Res populica’ de la que surgió la República (Rumbos de democracia X)
Información de El Espectador (Colombia). Edición y redacción: Noticias Today.
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