Durante años, el cuidado del pelaje del gato se ha asociado casi exclusivamente a una cuestión estética. No obstante, cada vez más profesionales del sector insisten en que la piel y el manto felino son una parte esencial de su bienestar.

Un pelo apagado, la aparición de nudos, el exceso de caída o el rascado frecuente pueden ser señales de que algo no va bien. En este contexto, la rutina de higiene deja de ser un complemento y pasa a formar parte de la prevención.Los gatos tienen fama de animales limpios e independientes, en gran parte por su capacidad de autoacicalarse.

Pero esa conducta, aunque importante, no cubre todas sus necesidades. Sonia Cózar, peluquera, estilista canina y felina, y seminarista y formadora de PSH Cosmetics, advierte de que "el gato se acicala, sí, pero ese gesto no sustituye un cuidado consciente por parte del tutor".

"La piel es un órgano vivo que responde a factores como la alimentación, el entorno o el estrés, mientras que el pelo actúa como reflejo de ese equilibrio interno", recuerda la experta.El primer cambio de enfoque pasa por entender que el mantenimiento diario no es un gesto superficial. Según Cózar, una falta de rutina puede favorecer déficits y desencadenar problemas que afectan al bienestar general del animal.

El cepillado, por ejemplo, ayuda a retirar pelo muerto, activa la circulación y distribuye los aceites naturales de la piel. También reduce el riesgo de nudos, acumulación de suciedad e irritaciones.

Asimismo, cuando se realiza de forma tranquila y progresiva, puede convertirse en un momento de vínculo entre el gato y su tutor.Uno de los errores más habituales es pensar que todos los gatos necesitan lo mismo. No tiene las mismas exigencias un gato de pelo corto que uno de pelo largo, ni un animal joven que uno senior.

En los gatos de pelo corto, el cepillado puede realizarse una o dos veces por semana con herramientas suaves, como manoplas de goma o peines adecuados. En los de pelo medio o largo, la frecuencia debe aumentar hasta un mínimo de tres veces por semana y, en muchos casos, convertirse en una rutina diaria.

En épocas de muda, como primavera y otoño, este cuidado cobra todavía más importancia para evitar que el animal ingiera demasiado pelo al lamerse.No se trata de hacer mucho, sino de hacerlo bien y de forma regularEl baño, tradicionalmente visto como algo innecesario o incluso desaconsejado en gatos, también requiere matices. No es preciso bañarlos con la misma frecuencia que a los perros, pero tampoco debe descartarse siempre.

Puede ser útil cuando hay suciedad acumulada, problemas dermatológicos o cuando el gato, por edad o por salud, ya no se acicala correctamente. La clave está en hacerlo con productos específicos para gatos, preferiblemente hipoalergénicos, con una temperatura adecuada y una adaptación progresiva para evitar estrés.

La observación sigue siendo una de las herramientas más eficaces para detectar problemas a tiempo. Rascado excesivo, calvas, enrojecimiento, descamación, costras, heridas, mal olor o un pelo quebradizo son señales que conviene vigilar.

También pueden aparecer cambios de comportamiento, como apatía o irritabilidad, relacionados con molestias cutáneas. En estos casos, la recomendación es acudir a un profesional para valorar el origen del problema y evitar que avance.La salud del pelaje también empieza en el interior.

Una dieta equilibrada, rica en proteínas de calidad, vitaminas y ácidos grasos esenciales como omega 3 y 6, contribuye al buen estado de la piel. Una alimentación pobre o descompensada puede traducirse en falta de brillo, caída excesiva o alteraciones cutáneas.

La hidratación es otro punto sensible en los gatos, que no siempre beben suficiente agua. Por eso, las fuentes de agua fresca en circulación pueden favorecer este hábito y ayudar a mantener el equilibrio general del animal.Los parásitos son otro factor que puede alterar de forma notable la piel felina.

Pulgas, ácaros y garrapatas pueden causar desde irritaciones leves hasta dermatitis más complejas. El picor no solo afecta a la piel, sino que también puede generar estrés y modificar la conducta del gato.

En algunos casos, asimismo, la picadura de pulga provoca reacciones alérgicas que agravan el cuadro. Mantener un calendario antiparasitario adecuado y realizar revisiones periódicas resulta fundamental, especialmente en los meses de más calor.La piel es un órgano vivo que responde a factores como la alimentación, el entorno o el estrésEl verano obliga a reforzar estas rutinas.

Las altas temperaturas, la mayor presencia de parásitos y la exposición solar hacen que la piel y el pelaje necesiten más atención. Incrementar el cepillado, revisar zonas sensibles como orejas, axilas, abdomen y almohadillas, y evitar ambientes excesivamente calurosos son medidas básicas.

También puede ser útil reforzar la hidratación de la piel con productos ligeros y calmantes, especialmente en gatos con piel sensible.La protección solar es otro aspecto todavía poco interiorizado entre muchos tutores. Los gatos de pelo claro o con zonas despigmentadas, como orejas y nariz, son más vulnerables a quemaduras y problemas cutáneos derivados de la exposición directa al sol.

Si el animal pasa tiempo en ventanas, terrazas o zonas soleadas, conviene asegurar espacios de sombra y evitar las horas de mayor intensidad. En casos necesarios, pueden utilizarse protectores específicos para animales.El estrés también deja huella en la piel.

En gatos, puede manifestarse mediante caída excesiva de pelo, lamido compulsivo o lesiones provocadas por esa conducta repetida. Rutinas estables, enriquecimiento ambiental, zonas de descanso y un entorno tranquilo ayudan a prevenir problemas físicos asociados a la ansiedad o al malestar.Asimismo, cada etapa de vida exige una atención distinta.

Los cachorros necesitan acostumbrarse poco a poco al cepillado y a la manipulación para que no lo vivan como una experiencia negativa. Los adultos requieren un mantenimiento regular ajustado a su tipo de pelo.

Por otro lado, los gatos senior, por su parte, pueden necesitar más ayuda, ya que con la edad algunos dejan de acicalarse correctamente o presentan una piel más seca, lo que favorece la formación de nudos y zonas descuidadas.Para Sonia Cózar, la clave está en la constancia y en la observación. "No se trata de hacer mucho, sino de hacerlo bien y de forma regular", resume la experta.

Un cepillado adecuado, una buena alimentación, la revisión de la piel y la adaptación de los cuidados a cada gato forman la base de una rutina eficaz.