Las vacaciones son sinónimo de descanso, viajes y comidas sin demasiadas restricciones, y aunque agradecemos y necesitamos ese cambio de rutina, también puede pasar factura al sistema digestivo. Comer fuera de casa con más frecuencia, cenar más tarde, consumir más alcohol o dormir menos son hábitos habituales durante el verano que pueden alterar el equilibrio de la microbiota intestinal y favorecer molestias como la hinchazón abdominal, los gases, las digestiones pesadas o el reflujo.Aunque muchas personas atribuyen estos síntomas únicamente a los excesos puntuales, los especialistas recuerdan que detrás de estas molestias suele encontrarse una alteración temporal de la microbiota, el conjunto de microorganismos que habita en el intestino y que desempeña un papel fundamental no solo en la digestión, sino también en el sistema inmunitario y en el bienestar general."Durante el verano vemos con frecuencia pacientes que notan más hinchazón, digestiones lentas o sensación de pesadez.

En muchos casos no se trata de una enfermedad, sino de una microbiota que está intentando adaptarse a los cambios propios de esta época del año", explica la doctora Malena García Arredondo, especialista en aparato digestivo y directora de la unidad MGA Healthy Digest.¿Por qué el verano afecta a nuestra salud intestinal?El calor y las vacaciones modifican muchos de los hábitos que ayudan a mantener estable la microbiota. Aumenta el consumo de bebidas alcohólicas, refrescos, fritos, aperitivos y cenas copiosas, mientras que la hidratación suele ser insuficiente y los horarios de sueño y de las comidas se vuelven más irregulares.

Todo ello favorece un desequilibrio intestinal que puede traducirse en inflamación, digestiones más lentas o sensación de pesadez.Asimismo, sus efectos pueden ir más allá del aparato digestivo. La evidencia científica sobre el denominado eje intestino-cerebro ha demostrado que un intestino desequilibrado también puede influir en el estado de ánimo, la concentración o los niveles de energía, provocando fatiga, somnolencia luego de las comidas o incluso sensación de "niebla mental".Según la especialista, la buena noticia es que la microbiota posee una gran capacidad para recuperarse siempre que se mantengan unos hábitos básicos que favorezcan su equilibrio.Cinco hábitos para cuidar la microbiota en vacacionesLejos de recomendar restricciones estrictas, la doctora García Arredondo apuesta por mantener una serie de rutinas sencillas que permitan disfrutar del verano sin descuidar la salud digestiva.Entre ellas destaca seguir una alimentación inspirada en la dieta mediterránea, rica en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y pescado, ya que una mayor variedad de fibra vegetal favorece una microbiota más diversa y resistente.

También insiste en mantener una correcta hidratación mediante agua, infusiones o alimentos con un elevado contenido de agua, especialmente durante los días de más calor.La especialista recomienda, asimismo, incorporar alimentos fermentados como yogur o kéfir -siempre que exista una buena tolerancia individual-, respetar en la medida de lo posible los horarios de las comidas y del descanso y mantener una actividad física moderada, incluso durante las vacaciones. Caminar, realizar ejercicio suave o simplemente permanecer activo ayuda también al correcto funcionamiento del sistema digestivo.Con estos consejos de la experta podemos asegurar que disfrutar del verano no tiene por qué estar reñido con cuidar la salud intestinal.

Mantener cierta regularidad en la alimentación, hidratarse adecuadamente y evitar que los excesos se conviertan en la norma puede marcar la diferencia para que la microbiota también disfrute de unas vacaciones saludables.