Ayer me preguntaba en esta columna dónde estaba Roberto Lazzeri Montaño, hace ya varias semanas elegido para ser el embajador de México en Estados Unidos.Pues ya llegó.Lazzeri tiene poca —soy generoso— experiencia en el puesto que ahora tiene. Sí, ha lidiado con estadunidenses, uno supone, en asuntos financieros y es muy cercano hace un tiempo a los más cercanos a la presidenta Sheinbaum, lo que no está mal.

La falta de experiencia diplomática puede no ser un problema. Hemos tenido otros embajadores con poca experiencia diplomática, pero eso sí, con habilidad política y ganas de entender cómo funciona el país del norte.El anuncio oficial fue, para variar, un poco de bla, bla, bla: Llega, dicen, para "Proteger a nuestra comunidad, impulsar la prosperidad compartida de América del Norte y construir acuerdos que sirvan a ambos países".

Normal.Ahora toca ponerse a trabajar en lo que —perdón, Esteban— no se ha hecho hace un rato.Era corresponsal en Washington durante la negociación del primer TLC; en tiempos donde el caso Camarena lo inundaba todo. Tengo muchos libros y memorias de lo que significa para gobiernos extranjeros, sobre todo México, lidiar con la nunca sencilla política en aquel país.La situación de la relación bilateral hoy en día no está bien.

Sobra decirlo. En medio de la revisión del tratado comercial que por alguna ocurrencia el presidente Trump dice que podría no autorizar; la petición de extradición de un gobernador en funciones y aliados, el retiro de visas a políticos en funciones, las amenazas del círculo cercano (y lejano) del presidente estadunidense contra México y la obsesión con los asuntos migratorios que, más allá de lo hecho por México, sigue siendo tema.No todo se podrá arreglar —Trump y el trumpismo son lo que son— pero mucho se puede hacer que no se ha hecho.Washington es una ciudad, “la” ciudad del cabildeo.

Entiendo que en esos tiempos de austeridad dizque republicana no se gastará en cabilderos locales, pero entonces el embajador y su equipo deben hacer ese trabajo. Visitas y visitas y visitas y más visitas con funcionarios de varios niveles, congresistas y consultores.

Cafés, comidas y cenas. Con los que importan aunque nos parezcan insoportables o en contra de la soberanía.

Esos importan más que los amigos a la hora de entregar resultados.Y segundo, como lo decía Tip O’Neill, legendario político y congresista estadunidense. “Toda política es local”. Se termina el espacio.

Seguiremos con esto.