Salud Mental: "El Estado dejó de ser un andamiaje protector"

SANTA ROSA.— Ana María Martín se recibió de maestra normal y luego estudió Psicología. Lo hizo en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, universidad que recientemente fue noticia al dar a la luz un preocupante informe donde se analizaron cuadros depresivos, ansiosos y riesgo suicida, en personas de entre 18 y 65 años.
Seis de cada diez personas de esa edad no duermen bien y los indicadores de salud mental empeoran en las personas que tiene menor edad y menor nivel socioeconómico.El trabajo fue realizado por el Observatorio de Psicología Social de la UBA y motivó la publicación de un artículo en el diario Página 12 en el que se expusieron varias de las problemáticas que hoy afectan a la población. “Yo le agregaría a esto una noticia que se conoció recientemente sobre el incremento de la tasa de suicidios, que es sorprendente”, expresó Martín en diálogo con Radio Noticias 99.5.“Pensemos esto como síntoma de muchas cosas, por un lado, a partir de políticas actuales, pero también a partir de un estado de sociedad del mundo. Hay fenómenos como el individualismo, que en algún momento lo vimos como: ‘Qué bien está luchar por el bienestar propio y la autonomía’.
Pero qué pasa si no podemos llegar y dejamos lazos, porque nos fuimos a vivir solos, estamos en situación vulnerable, perdimos el trabajo… Y ni hablar de los chicos que no reciben suficiente alimentos o no van a la escuela, o no tienen amigos porque van de una actividad a la otra”, se preguntó.“Con esto estoy saltando a diferentes escenarios que hacen a la vulnerabilidad social, y en parte en relación a los vínculos, pero también creo y ahí sí voy al escenario local, a cierto imaginario social que ofrece poco proyecto, asimismo de poco acompañamiento. Cuando yo me crié, era el país de la promesa, era la posguerra, el país era rico, se industrializaba, era el Estado de bienestar que se instrumenta en la posguerra.
Yo no sé si hay que volver a lo mismo pero sí había un escenario colectivo donde todo iba a ser mejor. Eso no ha pasado en el mundo y hay una decepción en relación a lo que iba a ser la técnica, a lo que iba a ser el capitalismo, porque la distribución no llegó pareja, sino lo contrario”, aseveró.-¿Y hoy cuál sería la promesa?-Yo creo que no la hay.
Hoy es sálvese quien pueda. Se habla de la meritocracia, entonces si no llegaste es porque no te esforzaste.
Y la verdad que los pobres no llegan a la universidad porque no tienen comida, no tienen transporte y no tienen la ilusión de que les va a servir para algo. Entonces hay un presente donde hay que salvarse ahora y falta proyecto, falta proyectarse hacia el futuro.-En Argentina hubo cambios abruptos en los últimos años que han reforzado estos sentimientos de soledad, de que hay personas desechables… Asimismo de la suspensión de los programas de salud mental.-Sí, claro.
El Estado deja de ser un andamiaje protector. Ni hablar de las personas mayores que no tienen remedios.
Si hablamos de salud mental, tenemos que empezar por lo más básico: un niño, para que aprenda, debe estar bien alimentado, un anciano debe tener su alimentación correcta y sus remedios, en realidad todas las personas. Eso incide totalmente.-Me quedé pensando en la falta de un proyecto y que el éxito está asociado a tener dinero.-Pareciera prevalecer el valor dinero en forma absoluta.
Porque hay otro valores que todos sabemos que son los que nos sostienen, amigos, lazos queribles, aunque también los lazos de familia, que han ido cambiando. Hoy las familias no son las mismas que antes, han cambiado mucho.
Los lazos familiares se resintieron. No son obviamente la gran familia tradicional, que no digo que fuera buena, porque tenían sus grandes conflictos.
No era un mundo ideal, pero sí había lazos. Luego vino la familia nuclear, que eran los padres y los hijos, nada más y que los abuelos no interfirieran.
Y ahora ni eso está tan presente y están las distintas formas de familias, que no digo que estén bien o mal, porque los fenómenos sociológicos no se califican, suceden.La psicóloga remarcó que entre las casas que se han perdido está la posibilidad de la palabra y del encuentro humano. “Yo insisto en eso porque justifica la existencia de la escuela aunque se diga que no enseña o que no hace falta, pero es la socialización, los lazos afectivos y saber estar con otros. Y en los mayores pasa lo mismo”, aseveró-¿La pandemia tuvo algún efecto sobre todo esto?-Por supuesto que no se puede generalizar en cuanto a los efectos de la pandemia, que finalmente fue una medida social de supuesta protección, no sabemos si la más acertada o no, pero sí generó encierro, soledad o vínculos virtuales.
Pero ahora voy a decir algo que quizá parezca contradictorio con lo que venía diciendo y no lo es: a mí me parece que no toda la soledad es mala, para algunos puede ser más dramática, obviamente hubo gente que tuvo familiares en riesgo, pero quedarse a solas con uno mismo no es necesariamente malo. El otro día estuve viendo un video de (Joan Manuel) Serrat, que tiene 82 años, en el que decía que él está bien y tiene la posibilidad de cultivar el alma.
Y me parece muy bonito si uno puede aprovechar la soledad para leer, para escribir, para pintar… o para hacer vínculos verdaderos.
Información de La Arena (La Pampa). Edición y redacción: Noticias Today.
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