¿Alguna vez te has preguntado dónde están los restos de Lázaro Cárdenas del Río? El ex presidente de México es una de las figuras más conocidas en el ámbito cultural, político e histórico de nuestro país.

Conocido con respeto por amplios sectores de la población como "El Tata", este militar y estadista michoacano revolucionó el devenir del siglo XX gracias a decisiones de un impacto monumental como la Expropiación Petrolera, el reparto agrario masivo y la apertura de las fronteras mexicanas para recibir con los brazos abiertos a miles de refugiados del exilio español. Su figura representa uno de los pilares fundamentales para entender el México moderno.

No obstante, la última morada de Lázaro Cárdenas se encuentra en un espacio sumamente icónico, un punto de encuentro masivo donde la arquitectura porfiriana y el nacionalismo revolucionario se funden en un solo lugar que desafía el paso del tiempo. Los restos mortales del general Lázaro Cárdenas descansan en las entrañas de una de las columnas monumentales que sostienen el Monumento a la Revolución, ubicado en la emblemática Plaza de la República, en la colonia Tabacalera.

El cuerpo del exmandatario descansa en este lugar, compartiendo el espacio de honor con un selecto grupo de figuras históricas de la Revolución Mexicana, un detalle que añade una capa de ironía y fascinación al sitio, dado que varios de los hombres que hoy cohabitan pacíficamente en sus criptas fueron enemigos jurados en los campos de batalla de principios del siglo pasado. Lázaro Cárdenas estuvo presente en la vida pública del país incluso después de culminar su periodo presidencial; su fallecimiento sucedió el 19 de octubre de 1970, en su residencia de la Ciudad de México a causa de complicaciones de salud derivadas del cáncer que padecía.

El presidente en turno, Gustavo Díaz Ordaz, decretó de inmediato un periodo de luto nacional y ordenó que se rindieran los más altos honores militares y civiles a la memoria de Cárdenas. El cuerpo del general fue velado inicialmente en las instalaciones de la Cámara de Diputados, donde una marea humana interminable desfiló frente al féretro para darle el último adiós.

Posteriormente, en cumplimiento de los decretos gubernamentales y con el consenso de la familia Cárdenas, se determinó que el destino final del mandatario no sería el panteón familiar en Michoacán, sino una de las columnas del Monumento a la Revolución, consolidando su estatus de héroe de la patria y uniendo su memoria de forma indisoluble al panteón cívico oficial del Estado. El plan original del Monumento a la Revolución era convertirse en el Palacio Legislativo Federal más lujoso del planeta, una obra arquitectónica que emularía la majestuosidad de las grandes sedes gubernamentales de Europa.

No obstante, el estallido de la Revolución Mexicana en 1910 y la posterior escasez de recursos económicos provocaron que la obra se detuviera de forma definitiva, dejando al esqueleto de hierro abandonado a su suerte durante más de dos décadas. Fue hasta la década de los 30 cuando el arquitecto mexicano Carlos Obregón Santacilia propuso rescatar la estructura abandonada, transformándola en un monumento dedicado a honrar la memoria de la Revolución.

Las autoridades federales decidieron que las cuatro gigantescas columnas que sostienen la cúpula central eran los nichos perfectos para albergar los restos de los líderes más importantes del movimiento armado de 1910, convirtiendo al edificio en un panteón de héroes patrios. Dentro de los diferentes pilares de la estructura reposan los restos de: Los restos de Lázaro Cárdenas se encuentran en el Monumento a la Revolución, un espacio que funciona tanto para conocer un poco más de la Historia de México; así como para actividades recreativas, como patinaje, que las familias paseen bajo las fuentes danzarinas y los turistas capturen fotografías panorámicas.