Toca en la Sinfónica Nacional y es productor de reguetón: así es la doble vida de un músico costarricense

Imagínese entrando al majestuoso Teatro Nacional un viernes por la noche; las luces se atenúan, el público guarda un silencio sepulcral y la Orquesta Sinfónica arranca una pieza de Chaikovski. En la sección de vientos, vestido de gala impecable y con sus partituras al frente, se encuentra Christopher Alfaro, sosteniendo con rigurosa disciplina su trombón.Ahora, adelante el reloj cinco horas.
Son las 2 a. m. del sábado y Christopher, un poco más relajado y sin su traje de gala, también aparece allí. El escenario ya no es un teatro, sino el piso abarrotado, sudoroso y ruidoso del bar El Mercadito en la California.
Los bajos retumban en el pecho de cientos de jóvenes y, sobre la tarima, el artista urbano Kavvo desata la locura con el éxito Amarrau.Detrás de los controles o compartiendo confidencias en el backstage con artistas internacionales, Christopher se suma a la fiesta vistiendo ropa urbana y tenis. Todos lo conocen en el lugar y le llaman Chris Todo Bien.
Ese alias nació en su adolescencia cuando pasaba ratos libres frente al PlayStation bajo el usuario “Chris TBN God”, un nombre que ahora confiesa le da pena, ya que significa el “dios del trombón”, utilizando las siglas de su instrumento (TBN). “Una vez un compañero de partida se quedó trabado cuando iba a decirme el nombre y simplemente soltó: ‘Chris... todo bien’" y así fue como su usuario se convirtió, años más tarde, en sello oficial como productor. A sus 26 años, este orgulloso vecino de San Isidro de Grecia encarna una de las historias más fascinantes y atípicas de la escena costarricense: un día toca junto a su héroe del trombón, el estadounidense Joe Alessi, y otro día trabaja con Truco, el productor del rapero Eladio Carrión.
Su viaje por la música no inició en un estudio de grabación millonario, sino corriendo entre los cafetales del norte de Grecia, imitando a su padre cantautor y viviendo, literalmente, en dos partituras a la vez. Así lo narró en entrevista con La Nación.Un amor heredado—¿Cuál fue el momento exacto en que la música llegó a su vida?
Yo crecí viendo a mi papá cantar desde que tengo memoria. Él toca guitarra y canta bellísimo; se llama Minor Alfaro; de hecho, hay un disco de él en Spotify por si lo quieren ir a escuchar.
Él, igual que yo, desde muy chiquito cantaba; creo que desde que tenía como 6 o 7 años andaba ahí cantando con mariachis y todo. ”Mi madre, por otro lado, es de Maryland, Estados Unidos. Cuando ella estaba allá durante el colegio, tocaba el clarinete, así que siempre tuvo como esa relación con el lado musical de mi padre”. —¿Cómo fue su primer contacto directo con un instrumento?
En el 2011 se anunció en la escuela donde yo estaba, en el Centro Formativo Nuevo Milenio, que se iba a fundar una banda de marcha y una banda de conciertos. Y yo dije: ‘¿Sabe qué?
Voy a probar’. Hicieron una prueba de aptitud frente al aula.
Le dan a uno la boquilla de ambos instrumentos y yo me puse a escoger entre clarinete por mi mamá y trompeta porque, ¿a quién no le gusta hacer bulla? ”Cuando toqué la de la trompeta, el profesor de música de ese momento, Michael Rojas, me dice: ‘Yo creo que a usted le puede ir mejor con el trombón’. Me dio una boquilla de trombón y, efectivamente.
Esa Navidad me regalaron mi primer trombón, como de $150; la primera persona en enseñarme las notas fue Alexis Morales, un trompetista tico muy bueno”. —De ahí en adelante lo toma más en serio... De ahí pasé al SINEM y luego a Etapa Básica en la Universidad de Costa Rica en San Pedro de Montes de Oca.
Estuve estudiando con el maestro Martín Bonilla en Etapa Básica desde 2014 hasta 2017, que terminé el colegio, y de una vez hice la prueba para entrar a la carrera. Gracias a Dios entré.
Faltaba un par de añitos para que cayera la pandemia. ”Ahí se complicó el asunto, pero para resumir el cuento: la persona que hoy se sienta al lado mío en la orquesta es el señor Martín Bonilla. Fue mi profesor desde el 2014 y ahora somos colegas, entonces la relación es muy amena.
No me gradué, eso lo tengo pendiente. En pandemia, específicamente en el 2021, me llamaron de la orquesta para ser suplente y, como paralelamente pasó lo de Kavvo y Universal Music, me quedé sin tiempo”. —Para seguir en el tema del trombón, ¿qué cualidades debe tener una persona para tocarlo?
Como todo instrumento, lo primero es disciplina, dedicarle mucho tiempo. Yo empecé a los 11, entonces llevo 15 años ya tocando el trombón; era un chiquito muy fiebre con eso.
Al ser un instrumento de viento, te exige el cuidado de los pulmones, el tener buena postura y mantenerse mentalmente saludable. ”Dicen por ahí que los músicos somos como atletas de alto rendimiento, pero en el instrumento. El cuidado físico en el caso de nosotros, que utilizamos mucho los músculos de la cara, es vital.
Yo no podría ser luchador o meterme a una academia de pelea porque tengo que cuidarme los labios, la boca y los músculos faciales”. La crisis de la pandemia y el golpe de suerte con KavvoAlfaro, como muchos otros, vivió una transición forzada en su vida durante el confinamiento de la pandemia; un proceso de autogestión que lo llevó a YouTube, al crucial enlace con Kavvo y a la posterior gestación de Amarrau, el quiebre definitivo que redefinió su panorama.—Pasando a la producción de música, ¿cómo llega ese momento en el que dice ‘voy a hacer música’?
Se entrelazaron ambos mundos. Yo ya tocaba el trombón y a mis compas de San Isidro de Grecia les gustaba ir a la plaza a hacer batallas de rap.
Un día dije: ‘Mae, usted rapea, yo sé de música, ¿por qué no nos juntamos y vemos cómo grabamos algo original?’. Esa fue la premisa.
Juntamos plata para un micrófono USB de $40 en RadioShack y, con la compu que yo usaba para la U, empezamos a vacilar. ”Soltamos una canción en SoundCloud en 2018; viéndolo en retrospectiva, seguro los compas que decían que les gustaba solo lo hacían por buena nota. Pero nos dio el impulso.
Yo sabía teoría, pero no tenía idea de producción, mezcla ni grabación. Entramos de bruces, aprendiendo la parte técnica desde cero con YouTube y Reddit”. —¿Y cómo pasa de ser un juego a convertirse en un negocio?
Cuando cayó la pandemia,yo perdí todos mis trabajos en las orquestas, porque el espectáculo desapareció en todo el mundo. Tuve que volver a Grecia con mis papás.
Fue un reseteo que me golpeó mucho emocionalmente; sentí que me arrebataron lo que estaba logrando como músico de orquesta. ”Por la necesidad de aportar en la casa y no ser un vividor, busqué cómo ganar dinero desde el hogar y empecé a vender instrumentales en Internet. Por la pura desesperación, abrí un canal de YouTube para subir mis beats.
Los primeros dos meses no vendí nada, pero de la nada empezaron a llegar compras. No era para mantener la casa entera, pero ya no tenía que pedir dinero; tenía lo mío”. —¿Ahí aparece Kavvo?
Buscando gente para enviarle instrumentales, me topé en Instagram con Sandro Herrera (Kavvo), un chamaco de Tilarán que tenía un perfil chiquitito de 3.000 seguidores y subía videos cantando. Le escribí para ofrecerle un beat, me pasó su contacto y a la media hora me devolvió un audio con una letra ya escrita.
Como estábamos confinados, él grababa con su teléfono a una cuarta de distancia con los audífonos puestos y me mandaba las voces por correo. ”Después le pregunté a mis papás si podía venir a la casa. Mi papá me acompañó a recogerlo y ese mismo día hicimos un montón de música.
Luego se hizo costumbre; se venía por 3 o 4 días. Yo lo conocí cuando él tenía 17 años.
La canción número nueve que sacamos juntos fue Amarrau, hecha en mayo de 2021. Ni siquiera iba a salir, pero César Mora nos patrocinó el video.La lanzamos en setiembre de ese año y explotó.
Fue una locura de hasta cinco shows por día. (Cuando ya se podía salir) Yo iba con él de fiebre a todo y, al mismo tiempo, cumplía con los conciertos de la orquesta”. —¿Y cómo nace 953, su casa productora? Se fundó dentro del mismo vacilón entre mis compas en San Isidro de Grecia.
Originalmente, el número era 9537. Si usted separa el 95 y el 37, eran básicamente los inicios de las coordenadas X y Y de la plaza de San Isidro.
Sacamos como tres canciones con ese nombre, pero vimos que no rimaba ni calzaba bien al decirlo, así que lo recortamos a 953.Lo mejor de dos mundos: el ambiente urbano y la rigurosa orquestaAlfaro lleva años sumergido en la música urbana, un ambiente donde él mismo confiesa no todo es color de rosa, pues existen excesos alrededor de esa vida. No obstante, el trombonista no ha dejado que el ruido lo envuelva; al contrario, ha trasladado la rigurosidad con que trabaja en la orquesta a ese mundo.—Desde el inicio a hoy, ¿qué ha cambiado en usted?
Traje la disciplina y dedicación del mundo clásico a la producción; ahora le dedico más tiempo y lo asumo con la seriedad de un trabajo. Madurar me ha hecho crear música con un propósito preciso. ”El disfrute en el estudio sigue intacto, y el día que esto me deje de gustar, lo dejo sin pensarlo.
No obstante, el hecho de que hoy esto sea mi fuente de ingresos y que haya jóvenes que me tengan como un modelo me da una responsabilidad muy grande”.—A inicios de año llegó la firma con Sony Music Publishing. ¿Qué significa eso?Para ponerlo simple: una discográfica firma al artista (“Todo Bien”), pero Sony Publishing firma a Christopher Alfaro, al autor detrás de la obra.
Esto me protege con mi derecho de autor en cualquier proyecto que haga. Si escribo un éxito mundial para un artista grande, el publishing me asegura recibir el porcentaje acordado y no quedar del lado perdedor de la industria.—¿Cómo es un día ajetreado combinando estas dos facetas?
Porque pasas del saco de gala a la calle en pocas horas. Hace poco tuve un día de esos.
Ensayé por la mañana con la Sinfónica en el Teatro Nacional y de ahí salí corriendo a la prueba de sonido de Kavvo en El Mercadito de la California cargando todo mi equipo clásico. Pasé la tarde coordinando entre la prueba de Micro TDH y un breve descanso. ”El concierto de la Sinfónica arrancaba a las 8 p.m., así que crucé San José a hora pico, di el concierto clásico y terminamos a las 9:45 p.m.
En el mismo baño del Teatro Nacional me quité el traje formal y en cinco minutos ya andaba con ropa urbana. De ahí volví corriendo a El Mercadito, compartí con Micro TDH y otros artistas en el backstage, y a las 2:10 a.m. apoyé a Kavvo en su show.
Terminé llegando a mi casa a las 3:45 a. m. Es un gran sacrificio físico, pero lo disfruto al máximo”. —En un ambiente de mucho ruido, su nombre nunca se ha escuchado en polémicas, ¿ómo lo maneja?
El entorno urbano está expuesto a muchas cosas feas: excesos, vicios y deshoras. Mi filosofía es que, para trabajar con alguien, primero debemos caernos bien; si la relación es forzada la gente lo nota en la música.
Lo segundo es ser buena persona y honesto con el dinero; eso me lo enseñó la orquesta. Tratar bien a la gente te deja las puertas abiertas permanentemente. ”Asimismo, la música clásica te da un baño de realidad constante: por más bueno que seas, siempre habrá un carajillo con mucha menos edad que toca diez mil veces mejor.
Siempre hay alguien mejor, así que no tiene sentido inflarse la cabeza con tonteras. Creer en tu potencial y en el proceso es muy diferente a perder el piso”. —Si tuviera que describir la música en tu vida, ¿cómo la describiría?
Es lo que soy. Es mi escape cuando estoy triste, feliz o enojado; lo primero que hago al levantarme y lo último antes de dormir.
Es mi conexión con Dios, con mi familia, mis padres y mis amigos. Me ha permitido vivir las mejores experiencias junto a gente que jamás imaginé.—¿A dónde lo llevó que nunca imaginó?
Por mi mamá, yo escuchaba a Juanes desde muy chiquito; conocerlo en persona y compartir con él fue surrealista. Me pasó igual con Feid, Micro TDH o figuras fuera de la música como Travis Pastrana.
En el ámbito clásico, mi héroe del trombón es Joe Alessi; no solo compartí una semana con él, sino que toqué a su lado la Quinta Sinfonía de Chaikovski. ”Hace poco también trabajé con Truco, el productor de Eladio Carrión, a quien yo había entrevistado a la distancia en 2018 para el blog de un compa. Tenerlo al lado haciendo música y que me pidiera que le tocara el trombón fue increíble.
Más allá de viajar a Panamá o Guatemala, el verdadero valor de la música ha sido el tiempo real y ameno que he podido compartir con mis ídolos”.
Información de La Nación (Costa Rica). Edición y redacción: Noticias Today.
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