Cuando David Cameron anunció su renuncia luego de el referéndum del Brexit, en junio de 2016, pocos imaginaban que una década después Reino Unido estaría a punto de estrenar a su sétimo primer ministro. Theresa May, Boris Johnson, Liz Truss, Rishi Sunak y Keir Starmer pasaron por Downing Street antes de completar siquiera diez años, una rotación inédita en la política británica.¿Qué explica esta inestabilidad?

Para los analistas, no existe una única causa, sino una combinación de factores políticos, económicos e institucionales que inició con el Brexit y aún no termina.Un análisis del Financial Times sostiene que la salida de la Unión Europea actuó como un “acelerador” de las tensiones dentro de los dos grandes partidos. El referéndum dividió profundamente a conservadores y laboristas y convirtió casi cualquier decisión de gobierno en una disputa existencial sobre el futuro del país.

Como las secuelas del Brexit mezclaban lo predecible con lo impredecible, así debía actuar cualquier líder que lo siguiera. Debía lidiar con las consecuencias obvias, como una ralentización económica, con las insospechadas, naturales al salir de un entramado burocrático como es la Unión Europea.

El problema, claro, es que esas dificultadas saltan a la cara del ciudadano en el día a día: no puede viajar tan fácilmente, su trabajo se complica... ¿Cómo responde un político a tirios y troyanos?A ello se suma una característica del sistema parlamentario británico: el primer ministro no es elegido directamente por los ciudadanos, sino que es el líder del partido con mayoría en la Cámara de los Comunes, uno de los dos órganos legislativos.

Si ese partido pierde la confianza en su líder, puede reemplazarlo sin convocar elecciones generales. Esa regla, pensada para dar flexibilidad al sistema, ha facilitado una sucesión de cambios internos que en otros regímenes serían mucho más difíciles.Entorpecimiento democráticoEl problema va más allá de las reglas.

El Financial Times identifica la debilidad del crecimiento económico como otro factor decisivo. Luego de años de bajo crecimiento, inflación, crisis del costo de vida y presión sobre los servicios públicos, los gobiernos han tenido muy poco margen para ofrecer mejoras visibles a los votantes.

La paciencia se puede agotar muy fácilmente: todas las promesas del Brexit sobre mejorar el National Health Service (NHS), su seguro social, luego de salirse de la UE, se esfumaron. El costo era alto; la dependencia de trabajo de extranjeros también.Los expertos también apuntan a una creciente rebeldía de los parlamentarios, en un contexto político de mayor individualismo, protagonismo en redes sociales y la internacionalización del estilo agresivo, con desparpajo, que tantos políticos han tomado en el mundo.

Las mayorías ya no garantizan disciplina interna y los líderes están expuestos a conspiraciones, votaciones de pérdida de confianza y presiones constantes desde sus propios partidos. Boris Johnson cayó luego de una oleada de renuncias ministeriales; Liz Truss, después del colapso provocado por su plan fiscal; Keir Starmer terminó enfrentando una rebelión dentro del Partido Laborista pese a haber llegado al poder con una mayoría inédita.

El historiador Anthony Seldon, uno de los principales especialistas en la figura del primer ministro británico, ha descrito el momento actual como excepcional: “Nunca ha habido un período como el presente”. Seldon también acusa a la larga sombra del Brexit como una de las responsables de la caída de Starmer: el país sigue en busca de su nueva identidad.A todo ello se añaden fenómenos más recientes: la influencia de las redes sociales, la polarización política y un electorado cada vez menos fiel a los partidos tradicionales.

El ascenso de fuerzas como Reform UK ha fragmentado aún más el panorama y ha elevado el costo político de cualquier error. Israel, la migración, la inteligencia artificial: todo se convierte en pólvora política.Claro está, la democracia británica sigue siendo sólida en lo constitucional y lo institucional, lo cual garantiza las transiciones rápidas.

En lo político, en otro orden... El sétimo primer ministro esta década deberá enderezar el barco antes de que su país continúe estancado, justo cuando su economía debilitada le permite menos maniobras.