Dalmacia es una región histórica de la costa oriental del mar Adriático, en la actual Croacia. Es también la tierra de origen de los perros dálmatas, famosos por su pelaje blanco salpicado de manchas negras.

Desde allí partieron inmigrantes que dejaron una huella duradera en las tierras altas de Panamá. Panamá y Croacia están separados por cerca de 10 mil kilómetros, un océano y dos continentes.

No obstante, comparten rasgos históricos poco evidentes a primera vista. Ambos son países de territorio relativamente pequeño, ocupan posiciones estratégicas para el comercio y la geopolítica, han heredado instituciones jurídicas vinculadas al derecho romano y conservan huellas profundas de la civilización romana en su historia y cultura.

La presencia de Roma dejó marcas distintas, pero reconocibles. En la costa croata sobreviven ciudades, murallas y monumentos construidos durante el Imperio romano.

Panamá, por su parte, heredó a través de España una lengua derivada del latín y una tradición jurídica asentada sobre principios del derecho romano que forman parte de la vida institucional. Croacia enfrenta una prolongada reducción poblacional provocada por la baja natalidad y la emigración hacia otros países de la Unión Europea.

Panamá, en cambio, supera los cuatro millones y medio de habitantes y mantiene un crecimiento demográfico que comienza a desacelerarse, aunque sin señales de estancamiento severo. La geografía marcó el destino de ambas naciones.

Croacia fue durante siglos frontera entre imperios. Romanos, bizantinos, venecianos, austrohúngaros y otomanos dejaron huellas en su territorio.

Panamá desempeñó un papel similar como puente entre océanos y continentes, primero mediante las rutas coloniales, luego con el ferrocarril transístmico y posteriormente con el Canal. Las luchas nacionales también giraron alrededor de la soberanía.

Croacia debió afirmar su identidad frente a distintos poderes imperiales y, luego de formar parte de Yugoslavia durante gran parte del siglo XX, alcanzó la independencia en 1991, después de una guerra que concluyó en 1995. Figuras como Ban Josip Jelačić y Nikola Šubić Zrinski se convirtieron en símbolos de la identidad y resistencia croatas.

Panamá recorrió un camino distinto, aunque igualmente vinculado al control del territorio. Justo Arosemena formuló en el siglo XIX buena parte del pensamiento autonomista panameño.

Victoriano Lorenzo encarnó las demandas sociales de los sectores excluidos durante la Guerra de los Mil Días. Ascanio Arosemena y los mártires del 9 de Enero de 1964 quedaron asociados a la recuperación de la soberanía sobre la Zona del Canal.

Ambos países también aportaron figuras y contribuciones de alcance universal. Croacia dio al mundo a Nikola Tesla, pionero de la corriente alterna, y al científico Ruđer Bošković, precursor de conceptos modernos en física y astronomía.

Panamá aportó uno de los accidentes geográficos más influyentes de la historia natural: el istmo que unió las Américas y alteró corrientes oceánicas globales. En el ámbito cultural destacan Ricardo Miró en la literatura y Rubén Blades en la música latinoamericana.

Fue en ese contexto histórico cuando, después de la Segunda Guerra Mundial, llegaron a Panamá inmigrantes procedentes de Dalmacia. Aunque con frecuencia fueron identificados como yugoslavos, muchos conservaban una identidad ligada a sus ciudades y comunidades dálmatas de origen.

Estos migrantes se establecieron en las tierras altas de Chiriquí. En Cerro Punta encontraron una frontera agrícola todavía en formación.

Así lo relata Antonio Fistonich, panameño e hijo del croata Ante Fistonich. Sin carreteras adecuadas, las primeras cosechas de papas, repollos, zanahorias, coliflor, brócoli y fresas debían transportarse a caballo o a lomo de mula hasta Volcán.

Apellidos como Fistonich, Batinovich, Veros, Cubisech, Petrovic y Strech quedaron vinculados a esa etapa de expansión hortícola que contribuyó a transformar la región en uno de los principales centros productores de alimentos del país. Entre el Adriático y el volcán Barú median diez mil kilómetros de distancia.

La historia, no obstante, tiende puentes donde la geografía levanta fronteras. El autor es periodista y filólogo.