La influencer alemana Leonie Hanne ha estado de despedida de soltera. No la conozco ni la sigo, pero lo sé porque la galería de su celebración de un fin de semana en París ha aparecido en mi pantalla del móvil.

Con curiosidad, he repasado las fotografías donde ha habido un avión privado, hotel de cinco estrellas (con funda de armario bordada), cena en una terraza delante de la Torre Eiffel, un crucero privado por el Sena y fiesta en el club donde Katy Perry celebró uno de sus últimos cumpleaños.Hasta sus amigas se llevaron una bolsa llena de regalos, la goodie bag, que contenía cosméticos de una marca cuyos productos rondan las tres cifras, pijamas y bata de una marca australiana (que el más barato cuesta 85 euros), macarons, zapatillas de andar por casa y un antifaz para dormir personalizados. Y el plato fuerte: un par de sandalias de 1.200 euros de una exclusiva marca veneciana.No sé si el algoritmo me lo ha mostrado porque, dos semanas antes, era mi despedida de soltera y el teléfono me escuchó hablando del tema.

La diferencia es que la mía, en vez de marcas y tacones, tuvo ropa cómoda chandalera y bandas caseras; en vez de un viaje paradisíaco, la sierra de Madrid; en vez de cena en un cinco tenedores, cinco horas de charleta por la noche antes de irnos a dormir. Y, en vez de obsequiar con una bolsa de regalos de más de 2.000 euros, invité al café de después de comer.Son dos realidades completamente alternativas del mismo momento, la fiesta que celebra que tu amiga se va a casar con la persona que quiere (ya que la despedida de la soltería fue hace años cuando empezamos a salir, digan lo que digan).

Pero viendo ambas celebraciones, ¿cómo no preguntarse hasta qué punto es un momento especial con amigas o puro marketing?Tuve una sensación parecida con el vestido de novia, un diseño que encontré por internet y, sin probarlo ni nada, lo compré para que llegara al piso de mis padres. Recuerdo probármelo en casa con ellos y con mi hermano, con nuestro perrete andando de un lado a otro sin entender si era un vestido para sacarle a dar un paseo o a qué venía tanta agitación.

Fue tierno e íntimo. Fue perfecto.Pero con el tiempo, me atenazó la duda.

¿Y si me estaba perdiendo algo? No había tenido ese momento con mi madre, mi suegra, mi cuñada y mis amigas de ir a diferentes tiendas nupciales, no habíamos llorado al unísono al ver EL vestido.

Y fue cuando llegó la revelación, porque no creo que mi primera puesta de vestido de novia pudiera haber sido más especial de lo que fue.Si sentía miedo de haberme perdido algo era por todas las series, películas o reality shows de televisión -en su mayoría estadounidenses-, que me había inculcado la idea de que a eso debe aspirar la experiencia vital. Independientemente de mis gustos o preferencias.

Y, volviendo a las despedidas de soltera, parece que si no hay parafernalia, si no le ofreces a tu amiga el pack de viaje exótico, experiencias distinguidas o looks dignos de una galería de fotos en Instagram, vas mal.Pero que nuestros rituales más íntimos se parezcan tanto, que todas las pedidas de mano, todas las despedidas de soltera, todas las pruebas de vestido, tengan que ser iguales -y si no lo haces, parece que te estás perdiendo algo-, es muy beneficioso. No podemos olvidar que hay quienes hacen negocio de ese anhelo a aumentar el desembolso económico con la excusa de "Un día es un día" o "Va a ser solo una vez en tu vida".Pero, y aunque lo sea, ¿de verdad lo más valioso es el recuerdo de haber dejado la cantidad equivalente a un salario mínimo para alcanzar un estándar?

No necesitamos que nos lleven a un destino paradisíaco cuando la mayoría de nuestras amigas tienen un alquiler que se las come, no hace falta que sean tres días cuando al día y medio estás para el arrastre y solo quieres volver a dormir en tu cama; necesitas reunirlas, charlar, verlas juntas, la felicidad es compartir ese tiempo.Mi despedida fue de 'kilómetro cero' y, puedo asegurar que tenerlas alrededor de una mesa, en una terraza de mi ciudad era como estar presenciando un milagro que no tiene precio. Que es imposible sentirse más llena de amor sabiendo que se han organizado para hacerte un hueco con la excusa de que te casas.

Creo que eso es lo valioso de las despedidas, lo que tenemos que poner en el centro, en lugar del capitalismo nupcial.Porque si ha convertido los rituales íntimos de nuestra vida en experiencias aesthetic, sigue habiendo dos opciones: unirse a la tendencia o sumarse a la revolución de las despedidas de soltera. Un plan de estar sentadas en el sofá, tranquilamente de charleta, durante horas con las amigas, que será gratis, sí, pero es lo que más escasea hoy en día.