David Nel publica 'Empezó en Banaba': "Tras escribir el libro, apareció la IA y tuve que cambiar ciertos aspectos"

Experimentación biológica, inteligencia artificial, colonialismo... La ciencia y las tribus, dos conceptos a priori opuestos, se dan la mano en Empezó en Banaba, un libro con el que David Nel explora la peligrosidad de una tecnología utilizada sin moral y reflexiona sobre lo rápido que evoluciona la sociedad, tanto que incluso tuvo que reescribir algunas partes porque se quedaron antiguas con la repentina llegada de ChatGPT.No llena librerías, y algunas de sus obras autopublicadas ni siquiera pisaron una, pero no lo pretende.
Y, aunque le encantaría, no se dedica a la literatura profesionalmente, sino que estudió Administración de Empresas y trabaja para una consultora internacional. Pero la pasión por los libros y el cine fue dejando un poso creativo en David Nel (Ávila, 1983) que se materializó en la escritura de sus propias novelas.El castellanoleonés, afincado en Alemania, prefiere dedicarle tiempo y mimo a obras como Empezó en Banaba, donde, tal y como destaca a 20minutos, aborda "el transhumanismo y la inteligencia artificial como dos corrientes paralelas pero complementarias", ya que siempre le había producido curiosidad explorar la idea de que "la tecnología tendrá un papel en nuestro próximo salto evolutivo".Para ello, buscó un lugar en el que situar su argumento y llegó a Banaba, una pequeña isla del Pacífico de apenas 5 kilómetros cuadrados.
Según el escritor, se sintió cautivado por la historia de las tribus que habitaban esta región, que fueron visitadas por los ingleses en el año 1900 y, como "descubrieron que la isla era rica en fosfato", se "aprovecharon de su falta de conocimiento sobre las transacciones comerciales, de que no sabían leer y de su buena fe".Los británicos salvaron a unas 2.000 personas durante el asedio japonés en la Segunda Guerra Mundial y las trasladaron a Rabi, una isla al norte de Fiyi a más de 2.000 kilómetros de distancia. David Nel señala que, desgraciadamente, en el proceso judicial por el expolio del fosfato, las personas de Banaba "no vieron ni un duro".Durante su proceso de documentación, incluso logró viajar a Rabi, porque el transporte público en barco desde Nueva Zelanda hasta Banaba no era muy accesible: "Tienes que contar con un mes solo para llegar allí y luego otro mes para volver"."Rabi era más o menos accesible.
Allí tienen un consejo de banabanos y siguen manteniendo la cultura banabana. Están muy unidos a la isla, a pesar de que les separan 2.000 kilómetros", recuerda.
"Fue una experiencia única estar allí con ellos y me ayudó mucho a enriquecer la trama"."Criticamos la tecnología por llevarnos demasiado lejos, pero nos puede solucionar muchos problemas"David Nel estaba tremendamente interesado en ahondar en esta injusta historia de desigualdad y colonialismo, la cual envuelve en su habitual ciencia ficción, herramienta perfecta para reflexionar sobre el pasado, el presente y el futuro de la sociedad.De hecho, muchas veces este futuro llega antes de lo esperado y la realidad supera a la ficción, y eso es lo que le pasó al abulense: "Fue un poco desafortunado el timing de la escritura, porque escribí el libro poco antes de noviembre de 2022 y justo después apareció ChatGPT y la inteligencia artificial generativa, en general".El autor asegura a 20minutos que, aunque no tuvo que hacer "una reescritura completa" de la historia, sí que "hubo ciertos aspectos que tenía que cambiar", sobre todo lo relacionado con la inteligencia artificial, que él imaginó "que llegaría entre 2035 y 2040", pero que finalmente "ha llegado mucho antes".En cuanto a la IA, afirma que sí la utiliza como escritor, pero para documentarse sobre distintos temas, ya que "lo hace todo mucho más rápido" que Google. Pero, ni por asomo, la usaría para "escribir y producir libros como churros" sin prestar atención a la calidad.David Nel demuestra que se ha adaptado a la evolución tecnológica, tanto que incluso su opinión sobre algunos avances ha cambiado.
En Netz (2022), otra de sus novelas, profundizaba en la curiosidad morbosa de "espiar a la gente a través de las cámaras de sus dispositivos", y, aunque sigue sin "creer que la vigilancia masiva sea algo positivo", cuando la escribió "estaba bastante más en contra" que ahora.Después de tres años viviendo en Corea del Sur, donde "las cámaras de vigilancia están en la vida diaria", él está "mucho más abierto a esa tecnología por la seguridad que conlleva". El escritor destaca que "en Europa se teme mucho este concepto, más por las ideas de a dónde nos puede llevar que por lo que significa en la actualidad", pero reconoce que a él le sirvió durante su estancia en el país asiático, entre otras cosas, porque su hija se cayó en el colegio y "el director inmediatamente" le "mandó el vídeo".
Después, se lo enseñó al doctor para que supiera "perfectamente lo que había pasado y el tipo de lesión que podía tener" su hija, que, afortunadamente, no fue nada."Te hace la vida más fácil y al final se te olvida, te acostumbras perfectamente. Pero, cuando escribí Netz no había pasado por esa experiencia y estaba muy en contra de todo eso.
Hoy creo que me he suavizado un poco en esos términos", admite. "Muchas veces criticamos la tecnología por llevarnos demasiado lejos o por no saber utilizarla, pero si sabemos hacer uso de ella, puede solucionar muchos problemas".Ciencia ficción y reflexión, conceptos difíciles de separarEmpezó en Banaba es la última novela de David Nel, la quinta que tiene en su haber.
Su debut fue con Alba infinita (2015), un libro coeditado con Punto Rojo, "fórmula que no recomienda" porque lo describe como "pagar para que te publiquen". Esta historia de ciencia ficción social sigue a personajes de distintos países que, en un futuro cercano, se mudan a Chipre, isla que, luego de abolir el sistema monetario, se ha convertido en una utópica economía basada en recursos.En 2020, y gracias a su éxito, llegó su secuela, Luz azul, una novela autoeditada centrada en viajes espaciales y en un planeta extraterrestre dividido por una guerra, aventura que, de nuevo, pone el foco en la denuncia social.Dos años después, con la editorial Distrito 93, lanzó Netz, un thriller tecnológico sobre un tenista retirado que se adentra en el mundo de las apuestas ilegales.Y, por último, y antes de Empezó en Banaba, publicó Café con Zeus (2023), una historia en la que un padre, devastado por la muerte de su hijo, termina tonteando con los viajes en el tiempo.Es transversal a todas ellas los toques políticos, sociales y la ciencia ficción como método de reflexión.
De hecho, ambas cosas parecen difíciles de separar: "Es muy difícil encontrar una obra en la que solo se hable de viajes al espacio o solo se hable de robots. Siempre te tienes que meter en otros temas".No obstante, la que llevará otro camino completamente distinto es Grillo verde, su próximo libro que aún no tiene fecha de lanzamiento.
"Es muy diferente a todo lo que he escrito. Ni siquiera la podemos englobar en ciencia ficción, es una novela negra porque quería cambiar un poco de género", sostiene el escritor.
"Podríamos decir que es lo opuesto, porque siempre me he adherido mucho a lo aceptado por la ciencia y a conceptos pragmáticos y objetivos, y Grillo verde tiene un componente esotérico muy grande".De este modo, lo próximo que hará el escritor es salir de su zona de confort, pero de momento se le puede ver nadando como pez en el agua en la ciencia ficción de Empezó en Banaba y de sus anteriores libros, que invitan a mirar a las estrellas para conocer mejor lo que hay a nuestro alrededor.No verás su nombre entre la lista de los más vendidos —al menos de momento—, sino que es de esos escritores modestos que encuentras de forma inesperada en internet o que descubres gracias a la bienintencionada recomendación de un amigo. Pero el sentimiento de satisfacción se multiplica al saber que has disfrutado de sus historias casi por casualidad."No necesito tener cientos o miles de lectores para sentirme realizado.
Con estar contento con el resultado, orgulloso de mis libros y que haya gente a la que le haya gustado, aunque no sea mucha, yo ya estoy satisfecho. Lo último que quiero es escribir un libro supercomercial con el que no estoy de acuerdo", defiende, muy tajante, David Nel.
Información de 20 Minutos. Edición y redacción: Noticias Today.
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