Aunque el país logró ubicarse por debajo del parámetro internacional de 4 por ciento establecido por la Unesco, millones de personas continúan excluidas del acceso pleno a la educación. Mientras el Mundial 2026 coloca a México ante los ojos del mundo, una realidad menos visible persiste en el país: alrededor de 4 millones de personas mayores de 15 años aún no saben leer ni escribir.

A finales del año pasado, la Secretaría de Educación Pública (SEP) afirmó que 2026 no sólo sería recordado por la Copa del Mundo, sino también por convertirse en el año en que México superaría el analfabetismo. La meta consistía en reducir el indicador nacional por debajo del 4 por ciento, parámetro utilizado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) para considerar a una nación libre de analfabetismo.

De acuerdo con cifras oficiales, el país alcanzó ese objetivo al registrar una tasa de 3.8 por ciento, con lo que logró colocarse por debajo del umbral internacional. No obstante, detrás del indicador permanece un desafío de grandes dimensiones.

Datos del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA) señalan que alrededor de 4.1 millones de mexicanos continúan sin saber leer ni escribir, mientras que más de 27 millones enfrentan algún tipo de rezago educativo. La cifra incluye personas que no concluyeron la primaria o la secundaria, así como población que enfrenta dificultades para acceder y permanecer en los sistemas educativos.

Aunque el promedio nacional mejoró durante los últimos años, el rezago continúa concentrándose en entidades con altos niveles de pobreza y marginación, especialmente en comunidades rurales e indígenas donde el acceso a servicios educativos sigue siendo limitado. En ese mapa desigual, los estados con mayor índice de analfabetismo son Chiapas, con 11.5%, seguido por Guerrero, con 10.6%, y Oaxaca, con 10% de su población en condición de rezago educativo, de acuerdo con datos del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA).

Las campañas de alfabetización impulsadas por el gobierno federal permitieron que miles de personas concluyeran procesos de aprendizaje básico y certificación educativa. No obstante, el volumen de población que permanece fuera de estos programas evidencia que el problema está lejos de desaparecer.

La reducción de la tasa nacional representa un avance significativo en términos estadísticos, pero no implica que el analfabetismo haya sido erradicado del país. La paradoja resulta evidente en pleno Mundial.

Mientras estadios, pantallas y celebraciones convierten a México en uno de los principales escenarios deportivos del planeta, millones de personas continúan enfrentando barreras para realizar actividades tan cotidianas como leer una receta médica, comprender un documento oficial o llenar un formulario. La meta gubernamental se cumplió en los indicadores internacionales.

La deuda educativa, no obstante, sigue presente. Porque aunque México logró colocarse por debajo del estándar de la Unesco, todavía existen millones de personas para quienes la lectura y la escritura continúan siendo un derecho pendiente.