No fue la casualidad la que llevó a Europa hacia la Ilustración, ni al Estado moderno, ni tampoco a la Revolución Industrial. Este salto civilizador sucedió después de cultivar durante siglos una base educativa que enseñaba a argumentar, pensar y comprender el mundo.

Este andamiaje nació con el Trivium y el Quadrivium. Luego de la caída de Roma, Europa atravesó siglos de fragmentación e incertidumbre.

Pero entre los siglos V y VIII, monasterios, escuelas catedralicias y, luego, universidades adoptaron un currículo orientado al desarrollo de capacidades. El Trivium enseñaba gramática, lógica y retórica: cómo pensar y comunicarse con claridad.

El Quadrivium enseñaba aritmética, geometría, música y astronomía: cómo medir, modelar y comprender la realidad. Carlomagno, que según los historiadores nunca llegó a dominar plenamente la lectura y la escritura, comprendió la importancia de estas disciplinas para la cohesión y el desarrollo de su imperio.

Estas artes liberales se convirtieron en la base intelectual de Europa y contribuyeron a la construcción de la ciencia, las instituciones, la economía moderna y la ciudadanía. La modernidad, primero que todo, fue un proyecto educativo.En Costa Rica entendimos esto.

Apostamos por la educación pública, abolimos el ejército y creamos una democracia estable con oportunidades reales de movilidad social. Esta decisión nos permitió prosperar más que países con más recursos.No obstante, hemos perdido esa ventaja.

Los resultados de las pruebas PISA muestran un deterioro preocupante. En lectura, Costa Rica pasó de 441 puntos en 2012 a 415 en 2022.

En matemática, descendió de 402 puntos en 2018 a 385 en 2022. Según la OCDE, una diferencia de 20 puntos equivale aproximadamente a un año de aprendizaje.

Incluso en nuestros mejores resultados, permanecíamos 55 puntos por debajo del promedio de la OCDE en lectura y cerca de 90 puntos en matemática.Asimismo, el deterioro cognitivo salta a simple vista. Las redes sociales nos permiten observar algunas de sus manifestaciones cotidianas.

Esto trasciende lo estético: es un síntoma grave. Durante más de 20 años trabajando en educación superior, he visto cómo las capacidades de lectura, argumentación y pensamiento crítico llegan cada vez más debilitadas.

Una sociedad que pierde la capacidad de leer, pensar y argumentar bien, pierde también la capacidad para deliberar y tiende a polarizarse. La capacidad de profundizar en los problemas es vital para encontrar acuerdos en realidades que nunca son blanco y negro, resolver problemas y tomar decisiones sensatas.

El mundo que enfrentamos es más disruptivo que cualquier otro en la historia: inteligencia artificial, automatización, complejidad económica, volatilidad global. En este entorno, la educación no se puede limitar a compartir contenidos.

Debe formar personas capaces de analizar, discutir, discernir y adaptarse a una complejidad creciente.La educación precede al desarrollo. Europa construyó su modernidad sobre un sistema que enseñaba a pensar.

Costa Rica construyó su éxito sobre una intuición similar. Debemos recuperar esa claridad estratégica.La educación no es un gasto en un presupuesto.

Es la piedra angular que sostiene todo lo demás. Si queremos prosperar en un mundo incierto, debemos volver a las bases: formar ciudadanos capaces de pensar con rigor, comunicarse con claridad y adaptarse con agilidad.

La historia lo demuestra. Los países que aprenden a pensar prosperan; los que dejan de hacerlo terminan perdiendo el rumbo. aulloac@yahoo.comAlberto Ulloa Castro es ingeniero químico.