Francisco Cerúndolo, tras los tormentos de Roland Garros y ganar el título de Queen's: "Estaba peleado con el tenis, con la vida"

CIUDAD AUTÓNOMA DE BUENOS AIRES.— El Queen’s Club, a cien metros de la estación de tube Baron’s Court, está en West Kensington, un barrio residencial muy cercano al centro de Londres. Ganar el título allí, sobre el césped de uno de los 28 courts que se extienden en el club, coloca al jugador recompensado en un nivel superior, jerárquico.
Y no sólo por la categoría del ATP [un 500, con dos millones y medio de euros en premios totales], sino por su riquísima historia. El club tiene 140 años y, en sus decoradas paredes, a metros de las canchas de squash y hasta de real tennis (una actividad practicada desde la Edad Media), hay un nuevo nombre de un campeón, el primero de un argentino: Francisco Cerúndolo.“Soy campeón de Queen’s y dos veces en pasto, siendo argentino: no se puede creer”, sonrió el mayor de los hermanos Cerúndolo, de 27 años, que este domingo venció a Tommy Paul (EE.UU.) en la final del torneo británico, por 6-7 (4-7), 6-4 y 6-3, en el quinto match point, después de tres horas de intercambios.
Hace tres años, en Eastbourne, en la costa sur inglesa, Cerúndolo ganó el trofeo, siendo el primero en singles sobre césped para un argentino luego de 28 años [Javier Frana en Nottingham 1995]. Volvió a coronarse sobre la superficie menos utilizada en el circuito y, prácticamente, ajena a todo tenista nacido en la Argentina, donde casi no hay courts de esa superficie.
Quizás, hasta más inexplicable que ganar un título sobre césped, es que Cerúndolo lo hizo sólo 22 días después de despedirse, con decepción y furia, de la tercera ronda de Roland Garros, ante un inexperto rival en polvo de ladrillo [Zachary Svajda, 85°] y habiendo echado públicamente de la cancha a Pablo Cuevas, su entrenador. Pero así es el deporte.
Así es el tenis, donde la mente domina. “En Roland Garros la pasé muy mal, no estaba bien. Estaba peleado con el tenis, con la vida.
No estaba disfrutando adentro de la cancha. Y creo que eso es parte del deporte profesional.
No me pasó sólo a mí; les pasa a muchos. Pasa que la gente de afuera no lo entiende; cree que uno es una máquina y siempre estás preparado para rendir perfectamente.
Muchas veces, afuera de la cancha, las cosas no están de la mejor manera y, con la tensión y los nervios de los partidos, se manifiestan, salen a flor de piel”, narró Cerúndolo, vía Zoom, ante un grupo de medios argentinos, entre ellos LA NACION. Subió seis lugares en el ranking, hasta el 21° (su posición más destacada fue 18°, en mayo de 2025) y, luego de dos semanas de liderazgo del brasileño João Fonseca, volvió a ser el mejor sudamericano del tour.
Siguió relatando, mirando hacia adelante sin olvidar lo que sucedió en París: “Más allá de cómo me fue, no estaba disfrutando de mi vida, de mi tenis. Entraba en la cancha a jugar por jugar y, así, era difícil.
Del otro lado de la cancha hay otro jugador, la mayoría de los que están acá juegan muy bien. En nuestra disciplina, cuando lo hacemos mal, quedamos expuestos.
En una oficina, tenés un día malo y no se entera nadie. Cuando nosotros tenemos un día malo quedamos recontra expuestos y somos nota en todos lados.
Después de ahí me tranquilicé, volé a Buenos Aires, me tomé una semana libre, porque necesitaba alejarme del tenis, no tocarla, no hacer nada, recuperar un poco las ganas. No tenía sentido entrenar por entrenar; no le iba a poner ganas.
Quise reencontrarme mentalmente, sumé un nuevo entrenador, empezamos con Nico [Massú], se vino para Buenos Aires, fue construir poco a poco y terminamos con el título acá, que no nos esperábamos. Llegamos acá sin expectativas.
Los entrenamientos fueron de menor a mayor, no estaban jugando nada bien, perdía todos los sets muy fácil, pero cada día era un poquito mejor. La competencia es diferente.
Y terminé jugando un tenis increíble en pasto, fluyendo, moviéndome como si fuera mi hábitat natural”.¿Hay una razón por la que Cerúndolo tiene tanta efectividad sobre césped? “Sinceramente, no tengo ni idea cuándo empecé a jugar bien. Nadie me enseñó a moverme en pasto, no es que… nunca en la vida”, le respondió a LA NACION.
Y continuó: “De chico ni siquiera era bueno, ni siquiera viajaba y podía jugar estos torneos de junior. Me fui a Estados Unidos, a la universidad [en 2017, en Carolina del Sur], estuve ocho o nueve meses jugando en cemento, en canchas rapidísimas, tuve que ir adaptando mi juego.
Cuando volví a Buenos Aires mi juego era un poco otro, más agresivo, no tan parecido al natural de los argentinos y capaz que.. toda mi vida fui muy sencillo, muy natural, nunca me hice lío por nada. Me tocaba jugar en la cancha 80: iba y jugaba.
Nunca tuve privilegios, nunca tuve comodidades al no ser bueno, me tuve que ir adaptando a lo que se me presentaba. Desde el día uno que empecé a entrar en las grandes ligas y me tocó jugar en las canchas que no eran de polvo de ladrillo, le busqué la vuelta.
Nunca me iba conforme por perder o por hacer un buen partido. Decía: ‘Si yo quiero estar acá, tengo que mejorar, adaptar mi juego y cambiar el chip, no jugar para arriba y hacer puntos largos’.
Tengo que estar preparado para definir el punto en dos o tres pelotas, no desesperarme si me cagan a saques en una hora y media, tengo que entender cómo se juega en cada superficie, sin perder mi esencia”. El inicio del vínculo con el chileno Massú no podría ser mejor. “Tengo una estadística un poco loca.
Cuando empecé con Waly Grinóvero, gané en el primer torneo. Me pasó lo mismo con Kevin Konfederak.
Arranqué con Nico Pastor, no me acuerdo cuándo fue el primer torneo juntos porque se acopló con Kevin. Pero ahora con Massú lo mismo.
Es muy loco. Se dio así.
Cuando terminé con Nico Pastor, quedé con Cuevas en Roland Garros, empezamos a buscar opciones, no se me ocurría nadie, porque hay muy pocos y Pablo puso sobre la mesa a Massú. Me expresó que lo conocía bien, que habían compartido el circuito.
Le dije: ‘Dale, hagamos una llamada, que me diga qué opina de tenis, qué dice de mí’. Yo lo conocía del circuito de ‘hola, chau’.
Obvio que conocía su carrera, pero no tenía relación. Hicimos una videollamada, hubo conexión, quedamos en que viniera a la Argentina la semana pasada lunes, martes y miércoles, que yo viajaba ese día a la tarde y probar en esta gira de pasto.
Desde el primer día hubo buen feeling. Arrancamos impresionante, nunca lo hubiéramos imaginado”, expresó Cerúndolo, a una semana del comienzo de Wimbledon (desde el 29 de este mes), donde jugó cuatro veces el main draw y sólo pudo ganar un partido, en 2023, ante el portugués Nuno Borges.Más allá de sus enojos dentro de los courts, Cerúndolo afirma que desde hace un tiempo hizo un “clic” y que, poco a poco, va asumiendo su carrera de mejor manera. “Necesitaba cambiar; no se puede disfrutar sólo si se gana.
Como trabajo mi físico y mi tenis, también tengo que trabajar la cabeza. Hace cinco años que no salgo del top 30 y, si bien me gustaría estar mejor, es un gran logro.
Ahora quiero dar un pasito más. Trabajo un montón, me entreno a morir para seguir mejorando; no nací con una derecha y un don.
Me esfuerzo al máximo todo el tiempo. Esto es un premio muy lindo y ojalá puedan venir grandes cosas”, se ilusionó Cerúndolo, que desde hace tiempo anhela llegar al top 10.
Con rendimientos como los que dibujó en el Queen’s Club, lo logrará.Lo mejor de la final de Queen’s
Información de La Nación. Edición y redacción: Noticias Today.
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