El juego de pelota como enclave ritual y lúdico del mundo prehispánico

Mientras cada día crece la fiebre mundialista en México, el arqueólogo Raúl Barrera dice a Excélsior que el juego de pelota prehispánico ha existido en nuestro territorio desde hace 3,500 años, y revela que éste no sólo tenía rasgos míticos, sino que también servía para hacer apuestas y dirimir conflictos. De momento, los arqueólogos han registrado 1,233 juegos de pelota en México, aunque las fuentes indican que sólo en Mesoamérica llegaron a existir más de 3,000, advierte el arqueólogo.
Raúl Barrera considera que el juego de pelota inició a practicarse en lo que hoy llamamos México desde hace 3,500 años y que tenía varios fines. ¿Para qué servía el juego de pelota? “Tenía un carácter lúdico, pero iba mucho más allá.
También tenían un enfoque mítico-religioso, es decir, no era nada más jugar por jugar, y algo muy importante y que era común, es que en los juegos de pelota se llevaran a cabo apuestas. ¿Existieron distintas versiones del juego de pelota? “Podemos hablar que desde hace 3,500 años ya se practicaba el juego de pelota.
Seguramente desde antes, aunque tenía sus variantes a nivel local, es decir, no siempre fue igual y se jugaba de diferentes maneras en distintos lugares y épocas. ¿Cuál era el más común? “El juego de pelota más conocido fue el ullamaliztli, que también realizaban los mexicas y que se sigue practicando hoy en regiones de Sinaloa y Michoacán”.
En el caso de Tenochtitlan, Barrera explica que existieron dos juegos de pelota, el Teotlachco y el Tescatlachco, aunque hasta ahora sólo se ha ubicado el primero, bajo la Catedral Metropolitana. Los primeros indicios llegaron a inicios del siglo XX, cuando Leopoldo Batres descubrió, en la calle de Guatemala, una ofrenda con la escultura de una pelota de hule, de 54 cm de diámetro, y otras cinco esferas de piedra más pequeñas, junto con tamborcitos y flautas vinculados al juego de pelota.
Así como una escultura de un metro de altura, que es la representación de Xochipilli-Macuilxóchitl, dios patrono del juego de pelota. Para 1968, Jordi Gussinyer halló otra ofrenda, en una caja con 10 objetos, así como dos pequeñas maquetas de piedra verde que evocan el juego de pelota.
En los años 90, durante los trabajos de corrección geométrica de la Catedral, se realizaron 32 lumbreras y los arqueólogos hallaron el cabezal oriente. Posteriormente, al hacer un sondeo bajo la Capilla de Ánimas se hallaron los restos del cabezal poniente del juego de pelota y otras ofrendas con algunas bolas de hule.
Finalmente, en 2014, Barrera y su equipo trabajaron en el predio de Guatemala 16, donde hallaron el Templo de Ehécatl y el costado exterior norte del Teotlachco. Todo esto ha permitido que los arqueólogos hoy tengan una propuesta de las características del Teotlachco. “Fue un edificio de aproximadamente 50 m de longitud y 30 m de ancho”, aunque del otro juego de pelota aún no existe suficiente información arqueológica, reconoce.
El juego de pelota en Tenochtitlan tuvo un vínculo estrecho con Huitzilopochtli, dios solar y guerrero de los mexicas. Dicho juego tenía relación con la fertilidad, los ciclos agrícolas y el cosmos, y en el plano terrenal sirvió como entrada al inframundo.
Este juego tenía diferentes connotaciones y se practicaba con diversos fines. Una de las celebraciones tenía que ver con el mito del nacimiento de Huitzilopochtli y su triunfo sobre sus hermanos, los centzonhuitznahua o representantes de las estrellas, y Coyolxauhqui, la deidad lunar.
El mito dice que Huitzilopochtli los vence en el juego de pelota, los mata, los sacrifica, les extrae el corazón y se los come. Así que este relato tiene vínculo con el mito de la peregrinación de los mexicas cuando llegan al lago de Texcoco.
De ahí que se realice la Fiesta de Panquetzaliztli, donde sacrificaban a cuatro individuos en el Teotlachco para representar el triunfo de Huitilopochtli sobre sus hermanos.
Información de Excélsior (México). Edición y redacción: Noticias Today.
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