El Mundial de la inteligencia artificial: quién controla la tecnología detrás del espectáculo

Serán 48 selecciones, 104 partidos y 16 sedes entre Estados Unidos, México y Canadá. Con esa escala, la tecnología deja de ser un accesorio y pasa a ser infraestructura.
Ya no se trata de “poner IA porque está de moda”, sino de administrar una ciudad temporal distribuida en tres países, con millones de personas entrando a estadios, usando redes y mirando cada jugada. Depende de para qué se use, quién la controle, qué datos tome, qué límites tenga y qué lugar siga ocupando el criterio humano.
Vamos a ver IA en el análisis táctico, con herramientas como Football AI Pro, desarrollada por Lenovo para FIFA, para que las selecciones lean datos, videos y patrones con mayor velocidad. Eso no significa que una máquina vaya a dirigir a un equipo, pero sí que la diferencia ya no estará solo en tener datos, sino en saber hacer mejores preguntas.
También veremos fuera de juego semiautomatizado, con modelos 3D de los jugadores para detectar posiciones con más precisión. Puede reducir errores, pero no elimina la interpretación humana.
El fútbol no es solo geometría: hay jugadas donde todavía importa saber si un jugador interfiere o participa de la acción, la IA puede medir mejor, pero no por eso debe decidir todo. También aparecen cámaras desde la mirada del árbitro, robots de seguridad, sistemas anti-dron, gemelos digitales para simular flujos de personas, accesos inteligentes y moderación automática contra el odio en redes.
Algunas aplicaciones pueden cuidar mejor a la gente, otras abren preguntas incómodas. Un robot con cámaras puede entrar primero a una zona de riesgo y evitar que una persona se exponga.
Un gemelo digital puede anticipar una aglomeración peligrosa y ayudar a abrir una puerta antes de que ocurra una tragedia. Perfecto.
Pero ambas cosas obligan a preguntar qué datos se usan, quién los audita y hasta dónde llega el monitoreo. La biometría puede hacer que entrar sea más rápido.
Pero una cara no es una contraseña: no se cambia si se filtra. La comodidad nunca debería ser excusa para entregar datos sensibles sin transparencia.
La moderación automática puede proteger a jugadores de racismo, amenazas y acoso masivo. Eso es necesario, pero requiere criterios claros para no dejar la conversación pública atrapada en una caja negra.
El Mundial 2026 no es solo una vidriera de innovación. Es un laboratorio de lo que después puede llegar a aeropuertos, recitales, shoppings, empresas, universidades, transporte público y ciudades enteras.
Lo que hoy se prueba para organizar un megaevento, mañana puede formar parte de nuestra vida cotidiana. Por eso la pregunta ya no es “IA sí o IA no”.
Esa discusión quedó vieja. La pregunta real es: IA bajo qué reglas, con qué límites, con qué auditoría, con qué responsabilidad y con qué propósito.
La IA no nos vuelve automáticamente mejores. Muchas veces amplifica lo que ya somos.
Si una organización es transparente, puede volverla más eficiente. Si es opaca, puede volverla más peligrosa.
Si hay criterio humano, la IA potencia. Si no hay criterio, solo acelera el caos.
Yo quiero más IA donde ayude a cuidar personas, reducir errores, democratizar capacidades y tomar mejores decisiones. Pero también quiero más transparencia, más control y más responsabilidad.
El futuro no se trata de elegir entre humanos o máquinas. Se trata de diseñar mejores sistemas entre humanos y máquinas.
La pelota va a seguir siendo la pelota. El gol va a seguir emocionando igual.
Pero detrás de cada jugada y cada alerta habrá una capa tecnológica trabajando. ¿Vamos a mirarla como simples espectadores o vamos a animarnos a discutirla como sociedad?
Prefiero lo segundo.
Información de El Cronista. Edición y redacción: Noticias Today.
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