La imagen del padre tradicional, cuya función principal se limitaba a la proveeduría económica y la imposición de autoridad, está siendo reemplazada por una presencia mucho más activa, emocional y consciente. Los antiguos roles que a veces lo encasillaban en el rol de “padre proveedor” y a la madre, como la educadora y cuidadora, empezaron a cambiar hace décadas y dar paso a padres más involucrados en la educación de sus hijos.

Para Víctor, el mayor regalo de ser padre de Elenita, de 11 años, es presenciar el desarrollo de un ser humano. Víctor, biólogo de profesión, expresó que muchos padres han renunciado al regalo de presenciar la evolución de los hijos, porque “están siendo sometidos a una presión tecnológica, social y laboral”.

No obstante, recordó que los padres tienen en sus manos la posibilidad de decidir si se dejan envolver por todas esas presiones, o dedican el tiempo suficiente a presenciar la evolución de sus hijos. “En mi caso yo renuncié a cosas que tenían que ver con mi desarrollo profesional para acompañar a mi hija en este proceso”, afirmó. Entre las cosas más difíciles de ser papá, apuntó, está la duda permanente “de no saber si las decisiones que tomas o que has tomado son las correctas, y eso sólo el tiempo lo dirá”.

Otro reto es “hacer acuerdos con mi esposa sobre la crianza: somos muy distintos y aunque eso yo no lo veo como un inconveniente, el reto es la manera de enfrentar dichas diferencias”. Víctor se siente “muy pleno de apoyar a Ethel (su esposa), de que ella tenga un ámbito de desarrollo profesional...

Ella es una persona de mucho ímpetu”. Asimismo, disfruta jugar con su hija, salir a pasear “y cuando ella necesita comprar algo le digo que vayamos a comprarlo y que ella lo escoja...

Me gusta ponerla en situaciones donde ella tenga que decidir” e irla entrenando en el arte de tomar decisiones y resolver problemas. Desde que Norberto decidió que quería ser padre se planteó: “Yo quiero ser la guía de alguien, quiero guiarlo hacia las cosas buenas”.

Recordó que algunos de sus amigos no querían tener hijos, pues vivimos en un mundo muy conflictivo, pero pensaba: “Yo sé que el mundo está difícil, pero ¿Sabes qué? Yo quiero traer a un niño, a una niña, para contrarrestar ese mal, educarlo y poner un granito de arena para que esto empiece a cambiar, porque sé que mis hijos van a ser buenos, eso lo tengo muy claro”.

Desde que planeó ser papá, junto con su esposa Laura, el también licenciado en finanzas, se incorporó en todo el proceso, asistió con ella a las clases para el parto psicoprofiláctico y fueron decidiendo juntos cómo querían educar a sus hijos. “He estado en todas las etapas de Mateo, desde que era bebé, más adelante cuando le empezó a gustar el futbol, yo antes no me interesaba por el futbol, pero ahora ya me sé el nombre de los jugadores, vamos al Azteca a ver los partidos, me ha tocado vivir las cosas que a él le gustan”, compartió. Al mismo tiempo, él le transmitió su gusto por la música, en particular por los Beatles. “Ponía sus canciones, las tocaba en la guitarra y desde los seis años.

Mateo empezó a investigar sobre los integrantes de la banda” recordó. “Con Emma trato de acercarme a sus gustos musicales, a ella le gusta mucho cantar, y yo toco la guitarra…mi acercamiento con Emma es muy padre, jugamos mucho, tenemos un tipo de complicidad, de amigos, hablamos de todo”. Para Norberto, un gran cambio entre la generación anterior de padres y ésta, es que antes en casa los niños tenían que plegarse a los gustos de los padres y ahora, a los niños se les escucha y se les toman mucho más en cuenta.